Hagerman, por una especialidad en vivienda social

El arquitecto Óscar Hagerman (Coruña, España, 1936) es ejemplo de que la autoconstrucción no está reñida con el conocimiento científico y el diseño arquitectónico de calidad.

Desde hace más de 45 años, cuando le solicitaron apoyo para construir la escuela en San Miguel Tzinacapan, Puebla, se ha dedicado a la arquitectura rural. Fue invitado por un colectivo con un proyecto de educación participativa innovadora. La pobreza y las necesidades del lugar lo motivaron y siguió por esa ruta:

“No he construido muchas obras en mi vida, unas 15 o 20 casas para campesinos, 10 escuelas rurales y muchos proyectos de mejoramiento de vivienda rural en diferentes estados de la República y con diversos pueblos indígenas, y diseño ergonómico de mobiliario (la más pequeña de las arquitecturas) para artesanos.”

Vía correo electrónico, el arquitecto egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México cuenta a Proceso sobre su profesión y experiencia en la asesoría para la construcción de viviendas:

“Para mí la arquitectura es el arte de construir espacios que armonicen con las personas que van a vivir en ellos. Para conseguirlo, cuando uno trabaja como arquitecto en pequeñas comunidades rurales e indígenas, es necesario conocer a la gente. He aprendido cinco maneras de acercarme a otra cultura: Ver qué hacen hoy en día, conversar con ellos, que participen en el proyecto, que éste sea flexible, y hablar de mi cultura con quienes tienen tiempo viviendo en el lugar.”

En el año 2015, dentro de la Gira de Documentales Ambulante, se proyectó el documental El patio de mi casa, que sus hijos, el cineasta Carlos y el fotógrafo Lorenzo Hagerman, le hicieron al arquitecto y su esposa, la psicóloga y educadora Doris Ruiz Galindo, enlace para esta entrevista. Se trata de una denuncia al hacinamiento urbano, la especulación inmobiliaria, el contubernio de las autoridades y la absurda ambición y competencia de arquitectos por hacer la torre más elevada, sin importar la contaminación, si habrá agua suficiente para sus ocupantes, estacionamientos.

Se le ve trabajar con su discípulo, el arquitecto Enedino Díaz, en el rediseño de casas que la gente le lleva bosquejadas en un trozo de papel, y ellos hacen los cálculos y la traza puntual. Y explica por qué se niega a utilizar lozas de concreto y prefiere los materiales tradicionales.

Discípulo de Félix Candela y José Luis Benlliure y arraigado en México desde 1952, Hagerman ofrece su opinión sobre la propuesta de autoconstrucción del presidente Andrés Manuel López Obrador y las consideraciones de ingenieros estructuristas y sísmicos sobre los riesgos sismológicos de nuestro país, por el hecho de que este tipo de casas sucumbieron en los sismos de 2017:

“En nuestras escuelas de arquitectura debería de haber una especialidad para hacer proyectos de vivienda con las personas más necesitadas; creo que uno de los derechos de todos los seres humanos es tener una vivienda digna.”

Añade acerca de sus construcciones: 

“Ninguna obra sufrió daños en los temblores (1985-2017) y es porque he cuidado la estructura, nunca trabajo solo, siempre pido asesoría a algún calculista de confianza. Primero trabajé con el ingeniero José Creixell, y cuando él murió, con el ingeniero José Nolasco. Ellos me hicieron los cálculos y José me acompaña a las obras cuando es necesario, sin importar dónde estén. Desde luego debe haber conciliación entre el proyecto arquitectónico y el cálculo estructural para la vivienda rural, todo mi trabajo es ejemplo de ello.

“He empleado techos ligeros, láminas o teja sobre una cama de vigas y tablas; a veces pongo un entortado como aislante térmico. Lo hago con granzón, paja, cal y un poco de cemento. Cuando construyo con adobe es porque vivo ahí y puedo supervisarlo. Las escuelas que he codiseñado en comunidades rurales son confortables y económicas, construidas por maestros albañiles de la comunidad.”

Coincide con los ingenieros en la normatividad para la estabilidad estructural de las casas. La hay también para la arquitectura que él hace:

“Después de los grandes sismos que hubo en Nicaragua, la ONU publicó un manual con recomendaciones para construir casas de adobe en zonas sísmicas y siempre lo sigo. Es muy importante considerar los fenómenos naturales, los ciclones en la Península de Yucatán, y los temblores en zonas sísmicas; la arquitectura debe responder a todas estas necesidades. Los estudiantes, en países como el nuestro, deben salir de las universidades preparados para resolver lo complejo de una vivienda rural.”

Él ha dado clases durante unos 55 años en diversas universidades públicas y privadas, entre ellas la UNAM, la Universidad Marista de Mérida, la del Medio Ambiente (UMA) y el Centro de Estudios para el Desarrollo Rural. Y en su taller se da prioridad a esos temas, organiza visitas de campo y prácticas con los materiales de la propia localidad: Block de cemento fabricado en la comunidad o cerca de ella, adobe, paja-arcilla, madera, bambú, etcétera. Y destaca que “en las visitas aprenden a enfrentarse no sólo a las necesidades físicas, sino a las necesidades emocionales que tienen que ver con los modos de vida y la cultura”.

Actualmente trabaja en la última etapa de construcción del campus Acatitlán, Estado de México, de la UMA. Explica al respecto que cuando hace proyectos grandes, como éste, se asocia con sus exalumnos de hace 20 o 30 años, en este caso Juan Calos Cano, y otros seis o siete profesionistas, para lograr un proyecto interdisciplinario “que no dañe el medio ambiente, un calculista para diseñar la estructura que soporte los techos y los muros que se hicieron con bloques de tierra compactada”.

Y pone énfasis en que en nuestro país no es lo mismo hacer una casa rural que una urbana. Tienen necesidades distintas. En las zonas rurales la cocina y el espacio para comer están juntos, por ejemplo, “porque la mamá y las hijas hacen las tortillas durante la comida”. Además, los niños pequeños duermen con su madre mientras los amamanta, y el baño no debe contaminar los ríos y debe ahorrar agua. Cada cultura, dice, tiene su propia idea de vivienda:

“Los huicholes quieren tener el templo familiar como parte de su vivienda y a los totonacos les gusta invitar a toda la comunidad a los bautizos y fiestas… Son muchas las cosas que considerar.”

Recomienda para la construcción de viviendas rurales hacer un tipo de casa para determinada zona, acorde con sus características climáticas, culturales y topográficas; estudiar sus costumbres y modos de vida; los arquitectos e ingenieros calculistas deben trabajar en equipo con la comunidad; de ser posible, ir a vivir ahí durante la construcción o visitarla en los momentos necesarios; utilizar materiales del lugar y consultar a los miembros de la comunidad, pues conocen los más adecuados; codiseñar con ellos un proyecto que pueda ir creciendo con los años y sea flexible para adaptarse a las diferentes necesidades del sitio.

El patio, explica, es una solución muy flexible, pues se pueden acomodar los cuartos a las necesidades y siempre estarán comunicados por el corredor (de ahí el nombre de su documental). Y, fundamentalmente, remata:

“No dañar el medio ambiente, dejar a las nuevas generaciones un mundo en el que puedan vivir.”  l