La descalificación de los profesionales y expertos

En semanas recientes, el titular del Ejecutivo federal, en intervenciones públicas, expresó su desacuerdo con que sean los arquitectos y los ingenieros los que se responsabilicen de algunas obras de beneficio colectivo, así como de la construcción y mejora de vivienda, incluso manifestó desconfianza por el correcto manejo financiero, y aprovechó para volver a manifestar con ironía que él no cree en la importancia de los expertos. Con el debido respeto a la investidura presidencial, manifiesto que no estoy de acuerdo con la opinión emitida, pero consciente de que por una cuestión de claridad en la comunicación es necesario explicar la razón del desacuerdo, paso a manifestar mis razones.

A partir de una visión global, cualquier persona tiene el potencial de hacer prácticamente cualquier cosa, para ello se necesita sentido común, habilidad manual y tener claro el problema que se pretende resolver; en la historia de la civilización, este fue uno de los modelos de creación de cultura, y hoy día actuar sólo de esa manera sería improvisación e irresponsabilidad. Históricamente, todos los grupos humanos han ido complejizando su modo de organización social, tanto por el aumento de la población como por la transformación de la naturaleza; hoy las sociedades que siguen teniendo diferencias tecnológicas con las urbanas tienen también sus “expertos”: el curandero, el alfarero y otros, ¿Por qué entonces no se admite que los especialistas son parte –lo queramos o no– de las sociedades que ocupan el mundo en 2020? ¿Por qué el México moderno construido en los últimos 200 años no puede tener “expertos”? El presidente se contradice cuando habla de que han sido los “expertos” los que han tomado las decisiones para enfrentar la pandemia, y también cuando se propone construir 100 universidades en todo el país. ¿Qué perfil supondrá que tendrán sus futuros egresados?

No se puede aceptar la discriminación profesional e incluso el ataque (al usar la sorna); en efecto, cualquier comunidad puede hacer un camino de mano de obra, y cualquier familia levantar una estructura para vivir dentro de ella, pero no es lo deseable, porque México ha construido una tecnología y una conducta social que le ha permitido crear la infraestructura en donde hoy viven 120 millones de seres humanos; los ingenieros han construido las presas, los puentes, los sistemas de conducción de la energía eléctrica, y los arquitectos han proyectado los hospitales, las escuelas y las unidades habitacionales, algunas de ellas siguen siendo ejemplares. Incluso son los ingenieros-militares (¿habrá mayor especialización que ésta?) los que dirigen la construcción del aeropuerto de Santa Lucía, y los arquitectos –no sabemos quiénes, pero esperamos que sí hayan intervenido– quienes lo proyectaron.

El presidente lamenta la malversación de fondos: yo también, pero ese asunto es resultado de una costumbre arraigada a lo largo de muchos años, que parece que no se ha logrado exterminar aun en el presente gobierno a pesar de la buena voluntad del presidente. Gobiernos recientes de partidos de izquierda –entiéndase, no fueron neoliberales– cometieron atrocidades con el suelo urbano de la Ciudad de México, pero esas fueron acciones de connivencia entre autoridades administrativas y algunos desarrolladores inmobiliarios. ¿Por qué condenar entonces a los gremios en lugar de someter a juicio a los infractores? El presidente lo sabe mejor que nadie: El manejo de la hacienda pública es tema neural de las políticas públicas, entregar directamente los recursos financieros a las interesados, para evitar intermediaciones, a lo que conduce es al nacimiento de nuevos líderes que toman poder a partir de la administración de esos recursos… así ha sido siempre en todas las ideologías, por eso el Estado mexicano ha creado una lógica de estructura de gobierno que debe responsabilizarse de la vigilancia del buen uso de los fondos federales.

Supongo la angustia del presidente cuando hoy en día y en su mismo grupo de gobierno sigue habiendo corrupción. Estoy seguro de que los especialistas en las áreas técnicas que descalifica el presidente no tienen que ver con este desastre; me pregunto: ¿Qué opinión tendrá el presidente de las disciplinas humanísticas, de los antropólogos, los arqueólogos, los historiadores, los filólogos, los críticos de literatura?

Dejar la tarea de la construcción de algún tipo de obra a las personas sin la orientación de un “experto” llevará seguramente al desperdicio del dinero, porque después habrá que arreglar lo mal hecho, no por falta de voluntad, sino de conocimientos técnicos. Así se han hecho las ciudades perdidas, con hacinamientos, con insalubridad, fuera de reglamento. Nadie supone que el presidente lo sepa todo (hoy en día los “todólogos” son poco apreciados), pero sí esperaríamos opiniones sensatas emanadas de sus asesores, que sí deben ser especialistas, y los mejores, en beneficio del país.

Mi opinión personal es que habría que acercar a los Colegios de profesionales (por ley asesores del Estado mexicano) para orquestar acciones con aval técnico y correcta vigilancia del gobierno; debiera evitarse la estigmatización de cualquier disciplina porque eso genera división social y la pérdida de oportunidades de trabajo. ¿Es que los egresados de las carreras universitarias no tienen derecho a un tren de vida digno a partir de su fuerza de su trabajo? El presidente sabe que sus comentarios son aceptados por mucha gente, ojalá se evite seguir condenando a algunas profesiones y se les guarde el respeto que merecen, porque de sus filas han surgido los constructores de la cultura, de la infraestructura y de la dignidad de este país.

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* Arquitecto y doctor en Historia del Arte por la UNAM, donde es investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas y autor del libro Historia de la arquitectura mexicana.