De alto riesgo, La autoconstrucción de vivienda sin asesores

Prescindir de especialistas en la edificación de  habitaciones populares, como lo sugirió el presidente López Obrador para que el dinero rinda a los más necesitados, resultaría a todas luces contraproducente: Durante el terremoto de septiembre de 2017, casas y escuelas donde no participaron expertos fueron las más dañadas en todo el país, atestiguan alarmados ingenieros sísmicos y estructuralistas, cuyas asociaciones se dicen marginadas innecesariamente.

Ubicado en un territorio con fallas geológicas y regiones potencialmente sísmicas, México ocupa el quinto lugar de los países con mayores riesgos frente a los efectos devastadores de estos fenómenos.

De ahí que arquitectos, investigadores, académicos, ingenieros y otros expertos, miembros de las sociedades mexicanas de Ingeniería Estructural, AC (SMIE) y de Ingeniería Sísmica (SMIS), encendieran las luces de alerta cuando el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció la entrega de créditos para la construcción de viviendas directamente a los beneficiarios para que, sin inmobiliarias u otros intermediarios, contraten al ingeniero o “maestro de obra” y así les rinda más el monto.

A juicio de López Obrador, en la construcción de zonas habitacionales hay mala experiencia y mucha corrupción, se construía mal, en cerros, barrancas y otros lugares inac­cesibles, “huevitos de 30 metros cuadrados”, y por eso están abandonados 650 mil departamentos.

En su matutina del viernes 22 de mayo, aseguró que ahora se busca favorecer a los más pobres, y con ello beneficiar a todos, incluso a empresas. Pero los expertos consideran que esa postura alienta la autoconstrucción y desestima el conocimiento y asesoría técnica de ingenieros sísmicos, estructuristas, civiles y arquitectos.

En la conferencia, el titular del Infonavit, Carlos Martínez Velázquez, informó que entre abril y mayo se han entregado 45 mil 914 créditos, y se han “dispersado 23,517 millones de pesos en la economía”. La meta es entregar 500 mil créditos en 2020. El presidente dijo que inicialmente se otorgará un monto de 125 mil pesos, que reconoce como poco, pero “si ya tienen su terrenito” y lo manejan “con honradez”, se irá aumentando.

Se debe señalar que la concepción de vivienda social se remonta a mediados del siglo XX, cuando en México, principalmente en la capital, se impulsó la creación de multifamiliares como el Miguel Alemán (con diseño de Mario Pani), la Unidad Independencia (Alejandro Prieto y José María Gutiérrez) y la Unidad Habitacional Tlatelolco (el mismo Pani). Inicialmente participaron empresas como Ingenieros Civiles Asociados (ICA), y hacia finales del siglo fue el negocio para desarrolladores como Urbi, Geo, Ara, Sare y Demex, que crecieron en los sexenios panistas; algunas de ellas quebraron y fueron rescatadas en el gobierno de Enrique Peña Nieto (Proceso, 1952).

En entrevistas por separado, vía correo electrónico, los ingenieros civiles Amador Terán Gilmore y Édgar Tapia Hernández coinciden en que el trabajo de los especialistas en el campo de la construcción, la ingeniería estructural y sísmica se ha encaminado en las últimas décadas a la investigación, conocimiento y prácticas que contribuyan a formar una sociedad mejor preparada frente a los desastres naturales.

En sendas cartas publicadas en sus sitios web, las sociedades a las cuales pertenecen señalan que, durante los sismos de septiembre de 2017, las construcciones colapsadas o con daños más graves correspondieron a las de autoconstrucción de viviendas y escuelas en los estados de Chiapas, México, Morelos, Guerrero, Oaxaca y Puebla, por lo cual se consideran “obligados a hacer un llamado enfático a evitar la autoconstrucción”.

Los perjudicados

Maestro y doctor en Estructuras por las universidades de Texas y California, y profesor investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana, Terán Gilmore forma parte del comité de expertos que hace los reglamentos orientados a que las estructuras soporten cada vez sismos de mayor intensidad, y considera terrible que la propia autoridad federal aliente la autoconstrucción que podría pasar por alto esos lineamientos.

Recuerda que la ingeniería estructural y la arquitectura mexicanas se han venido desarrollando décadas atrás. En materia sísmica, dado que México está en zonas de muy alto riesgo, la historia y experiencias han sido muy dolorosas; hacia finales del siglo XX y principios del XXI, la experiencia ha demostrado la necesidad de estos especialistas en los proyectos de construcción.

En su opinión, la idea de López Obrador de impulsar la creación de vivienda sin intermediarios y expertos, puede ser “de buena fe, para apoyar a la gente más necesitada”, e igualmente se dice consciente de que la industria constructiva no es ajena a casos de corrupción… pero a mediano y largo plazo se creará un mayor problema porque en sismos futuros los más afectados podrían ser los beneficiados de esos préstamos, al ponerse en riesgo su patrimonio, incluso sus vidas.

Se le pregunta si hay modo de conciliar la construcción de vivienda sin que los beneficiarios económicos sean las grandes empresas constructoras y, a la vez, contar con la asesoría técnica necesaria. Responde el profesor universitario que siempre han visto con preocupación la autoconstrucción, pero está consciente de que es una práctica cultural muy común dadas las circunstancias socioeconómicas del país, y no va a desaparecer fácilmente.

Terán cuenta entonces que la SMIE elaboró una cartilla, en un formato de pequeño libro con caricaturas, en la que se explica de manera lúdica a quienes han decidido hacer sus propias viviendas los cuidados mínimos que deben seguir. Y no descarta que las asociaciones de ingenieros pudieran involucrarse más en las asesorías, pues hay muchas cuestiones en la construcción que no son intuitivas, requieren conocimiento técnico, de lo contrario se vuelven un peligro.

Por otra parte, a principios de mayo la agencia apro dio a conocer que López Obrador informó sobre el depósito de 5 millones de pesos, a través de Banco Azteca, para 25 mil 510 planteles escolares del Programa “La escuela es nuestra”, con el propósito de iniciar procesos de autoconstrucción y dar empleo a 266 mil albañiles y otros trabajadores de la construcción.

El doctor en ingeniería manifiesta entonces mayor preocupación porque la “dolorosa historia sísmica de ensayo-error” de nuestro país ha mostrado que las escuelas pueden ser propensas a dañarse en temblores muy severos:

“Después de un evento sísmico intenso, la sociedad hace esfuerzos para regresar a la normalidad lo más pronto posible. Las escuelas, desde el kínder hasta las de educación universitaria, ayudan al regreso a las actividades cotidianas, por ello debería haber una supervisión, ahí sí no se vale la autoconstrucción. Puedo entender que una casa de uno o dos pisos, aunque no sea lo deseable, se haga así, pero una escuela sí requiere de un ingeniero, de profesionales de la construcción para que no representen un riesgo para sus ocupantes.”

Y puesto que el argumento de AMLO es el beneficio a “los pobres”, Terán Gilmore recuerda que la ingeniería estructural mexicana se ha desarrollado “a grandes pasos”, generando tecnología y conocimientos:

“Si esos avances se aplicaran de forma extensa, aportarían grandes beneficios socioeconómicos al país y la población más beneficiada sería la más humilde, la de menos recursos económicos, porque los sismos son como muy clasistas, siempre perjudican a quienes menos tienen. Entonces, si verdaderamente se les quiere ayudar, hay que apoyar a la ingeniería estructural y a la arquitectura para que puedan dar un servicio al país.”

Saber de exportación

Presidente de la SMIE, el ingeniero estructurista Tapia Hernández aclara que la intención del organismo es difundir el conocimiento científico y tecnológico de la disciplina, que se refleja también en los reglamentos de construcción. Y no constituyen cuestionamientos políticos.

Autor de diversas publicaciones sobre ingeniería sísmica, advierte que cuando ese conocimiento no se toma en cuenta, las estructuras son más vulnerables a los sismos, no porque la ingeniería las haga infalibles, pero sí se mejora sustancialmente su comportamiento ante el fenómeno natural. En cambio, la autoconstrucción es más vulnerable y coincide en que ello se demostró con el sismo del 7 de septiembre de 2017.

El epicentro, recuerda, fue en Puebla y Morelos, pero en algún momento podría ser en otro sitio, como las costas de Michoacán o Jalisco, “y si seguimos haciendo autoconstrucción, las consecuencias seguirán siendo evidentes”.

En opinión suya, conviene que quienes construyan su casa busquen siempre la asesoría de un ingeniero o arquitecto, y se cumpla con la normatividad respaldada por modelos matemáticos. Si se habla de un edificio mayor, por ejemplo, las altas torres de los centros financieros en las grandes ciudades, será necesaria la intervención de un ingeniero estructurista.

Tapia destaca igualmente que tanto la ingeniería sísmica como la estructural, dos ramas de la civil, han tenido en nuestro país una evolución acelerada en los últimos años e incluso son reconocidas a nivel internacional, pues tratan de dar respuesta a problemas que se derivan del subsuelo de la Ciudad de México, asentada en lo que fue un lago desecado desde la época prehispánica, y la existencia en otras regiones de fallas geológicas y placas tectónicas.

El especialista señala que ese es un panorama “sumamente adverso” ante el cual la ingeniería mexicana ha salido avante. Enseguida menciona el proyecto de rescate de la Catedral Metropolitana, que estuvo encabezado por el arquitecto Sergio Zaldívar y en el cual participaron ingenieros de diversas disciplinas e instituciones, y fue retomado en otras partes del mundo. Cita el caso de la Torre de Pisa, Italia, en el cual se probó el mismo método (incluso fueron allá el propio Zaldívar y expertos, como los ingenieros Enrique Tamez y Enrique Santoyo) y se lograron controlar los desplazamientos de la inclinación.

Para Tapia es perfectamente posible conciliar el avance de estos conocimientos con la construcción de casas que respeten las tradiciones culturales de las comunidades, sus formas constructivas e incluso sus materiales:

“El hecho de incluir algunos consejos o lineamientos en los reglamentos no implica modificar la manera de construir de la gente o los espacios o disposición que decidan tener en puertas y ventanas… Se pueden respetar estructuras de mampostería, ladrillos, tabiques, incluso viviendas con adobe, techumbres de madera o de paja, pero definitivamente hay manera de mejorar su respuesta sísmica, y una de ellas es intentar tecnologías más modernas, como el tabique rojo de barro recocido con refuerzos de concreto.”