La mayor recesión en 88 años

Los augurios no son buenos: las proyecciones apuntan a que este año México sufrirá una caída superior a -7% del PIB y se sufrirá la peor recesión en casi un siglo, con millones de mexicanos cayendo en pobreza y pobreza extrema. El centro de pronósticos económicos de la UNAM señala que los indicadores sociales retrocederán más de dos décadas y que este gobierno podría pasar a la historia como el de peor desem­peño económico en más de un siglo.

BOGOTÁ.- La contracción del PIB que sufrirá México este año a consecuencia de la pandemia será de tal magnitud que ni siquiera podría definirse como una recesión, sino como una “depresión” tan profunda como no se ha visto en los últimos 88 años. 

Así lo plantea el coordinador del Centro de Modelística y Pronósticos Económicos (Cempe) de la Facultad de Economía de la UNAM, el doctor Eduardo Loría, quien sostiene que el desplome del PIB que registrará el país sólo es comparable con la Gran Depresión del periodo 1929-1932 en Estados Unidos, que golpeó con fuerza a México.

Según el Cempe, la pandemia de covid-19 colocó a México ante dos escenarios macroeconómicos que, en promedio, harían caer el PIB en -7.16%, un porcentaje que no se ha observado desde 1932, cuando la contracción fue de -14.83%.

Las recesiones anuales más severas, desde entonces, habían ocurrido en 1995, cuando el famoso “error de diciembre” llevó a una fuga masiva de capitales que hizo retroceder la economía en -6.22%, y en 2009, cuando la crisis financiera internacional provocó un declive de -5.95%.

En sintonía con las estimaciones del Cempe, el Banco de México (Banxico), la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y analistas financieros anticipan que la caída de este año será bastante mayor que las de 1995 y 2009. 

La encuesta del Banxico con especialistas del sector privado divulgada el lunes 4 estimó que la economía del país se contraerá -7.27% este año y un día después el sondeo de Citibanamex pronosticó un desplome de -7.5%.

Loría afirma en entrevista que, en ese escenario de “depresión”, varios millones de mexicanos sufrirán un severo deterioro en sus condiciones de vida. Según las proyecciones del especialista en econometría, la pobreza de ingresos aumentaría 11.2 puntos porcentuales en esta crisis.

Pasaría de 48.8% (dato oficial de 2018) a 60% en el bienio 2020-2021, lo que significa que 14.1 millones de mexicanos se sumarían al conglomerado social cuya renta mensual es insuficiente para satisfacer necesidades básicas.

Y la pobreza alimentaria, que según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) afectaba a 20.4% de los mexicanos que no pueden cubrir la ingesta calórica mínima diaria (25.5 millones de personas), podría llegar entre este y el próximo año a 40% (50 millones de personas).

México, dice Loría, retrocederá “más de dos décadas” en sus indicadores de pobreza, que en medio de la crisis económica derivada de la pandemia se ubicarán en niveles similares a los del periodo 1996-1998.

En 1996 la pobreza alimentaria afectaba a 37.4% de la población y en 1998 la tasa de pobreza patrimonial era de 63.7%, según cifras del Coneval. 

Loría descarta que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador pueda atenuar el severo efecto económico y social que tendrá la pandemia porque, dice, “carece de un plan de reactivación económica claro, consistente y con el impulso fiscal que se requiere en estos momentos”.

Hasta ahora, agrega el economista, el presidente “ha insistido sistemáticamente en mantener la misma línea que llevó a la economía a una contracción de -0.1% en 2019, cuando el resto del mundo se mantenía en expansión”.

En la campaña electoral de 2018 y aún como candidato, López Obrador criticó el bajo aumento del PIB en los sexenios de Vicente Fox (1.9% anual en promedio), Felipe Calderón (1.7%) y Enrique Peña Nieto (2.4%) y dijo: “Sin crecimiento (económico) no hay empleos; si no hay empleos, no hay bienestar”.

Ya como presidente, López Obrador piensa distinto. El miércoles 6 afirmó en su conferencia matutina que en vez de crecimiento hay que “hablar de desarrollo; en vez de Producto Interno Bruto, hablar de bienestar”.

Loría sostiene que es “imposible” producir desarrollo y bienestar sin crecimiento económico, y mucho menos se puede hacer esto en medio de una “depresión” que producirá millones de pobres.

El coordinador del Cempe –centro de estudios de orientación neokeynesiana que pugna por un Estado regulador que reduzca las fallas del mercado– considera que la falta de un paquete de estímulo fiscal masivo ubicará a México como el país latinoamericano más afectado por los efectos económicos y sociales de la pandemia.

Según proyecciones de la Cepal, México, Argentina y Ecuador sufrirán este año una caída del PIB de -6.5%, la más pronunciada en la región después de Venezuela (-18%), aunque este último país viene arrastrando desde hace siete años una severa crisis económica que va más allá de la pandemia. 

Sexenio cuesta arriba

Según los pronósticos del Cempe, la recesión que enfrenta México desde 2019 se prolongará hasta 2022. En promedio el PIB se contraería -7.16 este año, -4.29% en 2021 y -4.35% en 2022. En 2023 la economía comenzaría un periodo de reactivación y crecería 1.88% y 3.41% en 2024.

Según estos pronósticos formulados por investigadores ajenos a la escuela neoliberal, el sexenio de López Obrador terminaría con un decrecimiento anual promedio de -1.73%, lo que lo convertiría en el gobierno mexicano de peor desem­peño económico desde la época de la Revolución.

Superaría a la baja los mediocres resultados económicos de Miguel de la Madrid (en su sexenio el país creció a una tasa anual promedio de 0.34%) y de Calderón (1.75%).

Otras proyecciones de organismos multilaterales y analistas financieros indican que la economía mexicana se comenzaría a recuperar del efecto covid-19 en 2021, cuando registraría tasas de crecimiento de entre 2.5% y 3.0%.

En cualquier caso, Loría considera “imposible” que con la contracción de -0.1% que registró México en 2019 y la “depresión” de este año López Obrador esté en condiciones de cumplir su promesa de campaña de hacer crecer al país durante su sexenio a un ritmo promedio anual de 4.0%.

“Si logra un promedio arriba de cero será un gran triunfo”, señala el profesor e investigador de la Facultad de Economía de la UNAM y maestro en economía del Centro de Investigación y Docencia Económicas.

Y afirma que para terminar con un crecimiento positivo, López Obrador tendría que dar “un giro” en su política económica a fin de reactivar la inversión pública –que en 2019 fue la más baja en dos décadas, apenas 2% del PIB– y la privada –que el año pasado cayó al nivel de 2014.

La recuperación de México dependerá, también, de la magnitud de la reactivación de la economía de Estados Unidos, que es su principal socio comercial y su mayor mercado exportador.

Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), la reactivación de la economía de Estados Unidos será vigorosa y en 2021 crecerá 4.9% tras una caída de -5.9% en este año.

Para Loría es “inviable” que un país logre combatir la pobreza y redistribuir el ingreso sin crecimiento económico, y para que esto ocurra se necesita inversión. 

Política neoliberal

Loría está convencido de que la contracción de la economía mexicana podría llegar a los escenarios más pesimistas si López Obrador persiste en su negativa de lanzar un paquete de estímulos fiscales masivos, como los que se aplican en otros países de la región.

Perú fue la nación latinoamericana que más invirtió en un plan contracíclico, con una suma equivalente a 9.34% de su PIB, seguido de Chile (5.9%), Brasil (5.5%) y Ecuador (4.5%).

Y hasta el presidente de Argentina, el izquierdista Alberto Fernández, que lidia con una severa crisis financiera desde hace dos años, inyectó a su economía el equivalente a 2.5% del PIB para contrarrestar los efectos de la pandemia.

Según reportes del Banco Mundial y del FMI, México es el que menos ha invertido en la región en programas contracíclicos. Apenas 0.7% del PIB.

Para Loría, lo que está ejecutando en la práctica el gobierno mexicano es una “política económica ultraneoliberal, conservadora y procíclica, que acabará por golpear a los sectores más vulnerables de la población”.

Sostiene que una “depresión” de la magnitud de la que se abre paso en México causará no solo una caída generalizada de los ingresos de los mexicanos, sino una mayor concentración de la riqueza. 

Afirma que es imposible compensar con subsidios sociales el desplome que se producirá en los ingresos de los mexicanos más vulnerables: “No hay manera de hacerlo porque estamos viendo una caída profunda de la producción, de las remesas, de los ingresos turísticos (que retrocederán entre -25% y -30% este año) y de las exportaciones de manufacturas y petroleras”.

Dice que en 2019 ya se habían alcanzado máximos históricos en las tasas de trabajadores en condiciones laborales críticas, es decir la población ocupada que trabaja menos de 35 horas a la semana y gana menos de un salario mínimo y la que labora más de 48 horas semanales y recibe dos salarios mínimos.

Al cierre de 2019 la tasa de condiciones críticas de ocupación llegó a 19.4% de la población económicamente activa y, según las proyecciones del Cempe, este año el porcentaje puede llegar a 30% por el desplome del PIB.

Este será uno de los impactos sociales más severos de esta recesión, pues tres de cada 10 trabajadores mexicanos tendrán un empleo que no les proporciona los ingresos necesarios para cubrir las necesidades básicas de sus familias. “Hablamos de un aumento brutal de la precarización laboral, de más de 50%, y esto necesariamente se va a traducir en más pobreza y más inequidad. Ahí es donde va a estar el verdadero problema social”, afirma.

En la crisis económica de 1995 la pobreza extrema o alimentaria aumentó 76% y en la recesión de 2009, 34%. Según las proyecciones del Cempe, en esta “depresión” económica derivada del coronavirus, la pobreza alimentaria crecería 102%: pasará de 16.8% (porcentaje de 2018, año de la última medición) a 34% en el periodo 2020-2021. 

“Hoy, todos los indicadores económicos van en caída libre y las proyecciones se mueven día a día hacia peores escenarios. El gran riesgo es que esta coyuntura nos conduzca a decrecer sistemáticamente hasta 2024”, asegura Loría.

El pasado 30 de abril el Instituto Nacional de Estadística y Geografía informó que el PIB cayó -2.4% durante el primer trimestre de este año, en relación con el mismo periodo de 2019. Es la mayor contracción trimestral en 11 años.

El Bank of America proyecta que la disminución del PIB mexicano en el segundo trimestre de este año podría llegar a -34% por la parálisis derivada de las medidas de aislamiento vigentes desde abril y porque Estados Unidos registrará una caída similar en ese periodo.