Diez millones de mexicanos, en riesgo de carencia alimentaria

Roma.- Según cálculos del Programa Mundial de Alimentos (PMA), 10 millones de mexicanos podrían enfrentar una aguda carencia alimentaria al disminuir los ingresos por la crisis que va a causar la covid-19 y sin ayudas estatales adicionales, advierte la representante en México de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Lina Pohl Alfaro.

La cifra se deriva de la proyección que expertos del PMA de la ONU plasmaron en un informe reciente y que propone la duplicación anual de las cifras del hambre. El año pasado México llegó a 4.8 millones de hambrientos, de acuerdo con la misma fuente.

Pese a que probablemente varios millones de personas ya estén integradas a los programas de protección social, hay que asegurarse que verdaderamente estén en las ayudas, señala en entrevista y considera que es necesario aplicar una renta básica en favor de los grupos vulnerables para paliar el agravamiento del hambre en México. 

–¿Quiénes son las personas que en México están en mayor riesgo de entrar en la lista de los que pasan hambre a causa de la covid-19?

–Los desempleados en primer lugar, y los del sector informal en segundo, porque no han podido continuar con sus actividades. 

“También hay que incluir a las mujeres que van a tener una triple carga después de la covid-19, pues están mayoritariamente en el sector informal, sufren condiciones laborales precarias y están expuestas al peligro de la violencia de género, que se va a incrementar”.

–¿Cuáles son los estados mexicanos que más le preocupan?

–Sobre todo los de la zona sur y sureste del país; en particular dos entidades son relevantes: Oaxaca y Chiapas, donde hay altos niveles de pobreza, población en alta carencia de alimentación, bajos ingresos, población predominantemente indígena. Esos estados preocupan mucho. Y no sólo por la población indígena, también por la población afrodescendiente que, generalmente, es la que está en las escalas más bajas de ingresos. Pero también en los estados ricos hay población vulnerable. 

–¿Hay personas en México que ya están muriendo de hambre a causa de la crisis generada por la pandemia?

–No tenemos reporte de eso. En términos de oferta, México tiene suficiente stock de alimentos y aún están aseguradas las cadenas. Es uno de los pocos países donde no hay una cuarentena obligatoria, algunas de las actividades del sector informal todavía existen y todavía se aseguran las actividades esenciales, como la agricultura. 

“Tampoco hemos visto una variación de precios de los productos básicos de la alimentación, ni un desabasto significativo.” 

–México también tiene un problema de obesidad. En el largo plazo, ¿prevé que esta crisis empeore la calidad de los alimentos que consumen los mexicanos?

–En México hay 300 mil personas que mueren al año por cuestiones ligadas a temas de alimentación, sobrepeso, diabetes, problemas cardiovasculares. Por eso nosotros insistimos en que hay que incrementar con urgencia la disponibilidad alimentaria y aplaudimos las políticas mexicanas, que han sido muy cuestionadas por la ciudadanía pero que en realidad aseguran que la cadena alimentaria se mantenga viva. 

–¿Se refiere al hecho de que el confinamiento en México no es tan rígido como en España o Italia?

–Efectivamente. Y eso ha permitido que las cadenas alimentarias funcionen. México no ha cerrado aeropuertos ni puertos. Esto permite que se ingresen insumos para la agricultura, que ingresen alimentos. 

–¿Habrá que tomar medidas extraordinarias? 

–Sí. Además de continuar con las de protección social, habrá que incrementarlas. Habrá que asegurar el empleo de los trabajadores, habrá que asegurar una renta mínima básica para la población más vulnerable. 

–Dicho esto, entiendo que usted cree que no existe el riesgo de hambrunas, como en África, o que se necesite de la ayuda de agencias humanitarias, como el Programa Mundial de Alimentos…

–Hasta ahora hay producción. Hay que ver qué impacto tiene (la crisis) en la demanda y en los ingresos.

Peor que el virus 

La penúltima semana de abril, 16 organizaciones y agencias de la ONU presentaron su Informe Mundial sobre las Crisis Alimentarias.

El estudio anual, que reporta a la comunidad internacional sobre las acciones y la financiación necesaria para paliar el hambre en el mundo, suele presentar cifras globales del año anterior y alertar sobre las crisis alimentarias más graves en curso. 

Este año, sin embargo, lo más dramático no ha sido la confirmación de la incapacidad de la comunidad internacional para resolver el problema del hambre a casi tres décadas de los Objetivo del Milenio, fijados en 1996, sino las consecuencias apocalípticas proyectadas por los analistas a causa de la crisis sanitaria. 

De acuerdo con los cálculos elaborados y difundidos con la pandemia todavía en su fase aguda en Europa y Estados Unidos, el riesgo es que se duplique el número de personas que pasan hambre en el mundo con respecto de 2019: 265 millones de habitantes.

Se trata de una proyección de los expertos del PMA sobre el número de personas que, sin medidas rápidas de la comunidad internacional, estarán en 2020 en serio riesgo de entrar a la tercera de cinco etapas de la Clasificación Integrada de las Fases de la Seguridad Alimentaria. 

En la fase tres, que ya es considerada grave, las personas padecen de inseguridad alimentaria extrema, niveles elevados de desnutrición e intentan deshacerse de sus bienes de subsistencia para comer. 

Otras fuentes apuntan, incluso, a que algunos habitantes están en riesgo de caer en la fase cuatro, que los humanitarios llaman de “emergencia”.

La proyección supone un crecimiento considerable respecto de los datos del año pasado, en el que hubo 135 millones de personas de 55 países (16% de la población mundial) en dicha situación. Es decir, 22 millones más que en 2018 padecieron hambre aguda. 

De los 135 millones, 18.5 son personas que pasan hambre en América Latina y el Caribe, 73 millones en África y 43 millones en Medio Oriente. En este escenario como punto de partida, según el PMA, la amenaza ahora se cierne tanto sobre los países de ingresos medios, como es el caso de la mayoría de los latinoamericanos, como sobre los de retribuciones bajas, como es el caso de muchos Estados de África y Oriente Medio.

La portavoz del PMA para Latinoamérica y el Caribe, Norha Restrepo, advierte sobre la gravedad de la situación que reflejan las proyecciones: “El temor es llegar a 300 mil muertos al día en Medio Oriente y África”. 

David Beasley, director ejecutivo del PMA, también expresó su preocupación en la sesión virtual del Consejo de Seguridad de la ONU, el pasado 21 de abril. “Hay un peligro real de que más personas mueran potencialmente por el impacto económico de la covid-19 que por el virus mismo”.

El desmoronamiento económico mundial causado por las restricciones impuestas por las autoridades para frenar el coronavirus está detrás de estos datos. Los indicadores de las organizaciones internacionales prevén una situación catastrófica. 

El FMI anunció una caída de al menos 3% del PIB mundial. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos hizo un análisis aún más pesimista: cifró en dos puntos porcentuales perdidos cada mes de confinamiento masivo. 

La Organización Mundial del Comercio, a su vez, considera que las compraventas de productos mundiales caerán entre 13 y 32% en 2020. A lo anterior se suma la drástica caída de los precios del petróleo que está afectando a los países productores, incluido México.

No obstante, en esta nefasta instantánea los trabajadores del sector informal se llevan la peor parte. Estas son personas a las que “las restricciones impuestas por la pandemia y los periodos de confinamiento les impiden trabajar, por lo que no tienen qué comer. Son grupos adicionales”, detalla Restrepo.

La vocera expone que sólo en América Latina y el Caribe entre 50% y 70% de los trabajadores vive de este sector. El problema es que, además, “en Latinoamérica ya se preveía que la situación económica no iba a ser buena, que incluso sería negativa, lo cual ya había puesto presión económica sobre estas personas”.