A principios de mes la Conferencia del Episcopado Mexicano anunció el programa de Redes Vecinales de Solidaridad y ya comenzó a instrumentarlo en varias entidades. El propósito es que todas las parroquias del país organicen el acopio de medicinas y alimentos y los distribuyan entre la población más vulnerable, dice el impulsor de este proyecto, Jorge Atilano González Candia. Y agrega: en esta situación de emergencia, el gobierno de la Cuarta Transformación no podrá por sí solo, necesita del concurso de todos.
CHALCO, EDOMEX.– Previendo ya una hambruna en las zonas más marginadas del país, debido al colapso económico provocado por el coronavirus, la Iglesia católica comienza a implementar el programa Redes Vecinales de Solidaridad (Reves), el cual consiste en que cada parroquia organice a su comunidad para proveer de alimento, medicinas y atención sicológica a la población más vulnerable.
Las Reves, anunciadas por la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) el viernes 3, parten de la idea de que son las propias comunidades las que se encargarán de la “recolección de víveres” para ayudar a sus miembros “más necesitados”, ya que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador no podrá por sí solo afrontar la crisis.
El religioso jesuita Jorge Atilano González Candia, principal impulsor del proyecto, comenta: “Las Reves se sustentan en la cultura de la solidaridad del pueblo mexicano; el compartir lo nuestro con el más necesitado, el apoyarnos mutuamente en tiempos difíciles. Apostamos a que, a través de las parroquias, se pondrá en marcha la capacidad de las propias comunidades para afrontar la actual crisis económica”.
–¿La población más vulnerable podrá llegar al extremo de padecer hambre?
–Sí, y ya lo estamos observando; con la paralización económica, las personas que viven al día comienzan a padecer escasez de alimentos. De ahí la urgencia de la ayuda mutua, principalmente con los recursos de la propia comunidad, pues aquí la prácticas asistencialistas y clientelares no ayudan, más bien generan individualismo y desorganización.
–¿Hay algunas zonas del país donde se dan mayores carencias?
–Sí, claro, son sobre todo las periferias de las grandes ciudades, en estas zonas suburbanas está pegando más fuerte el desempleo y la falta de acceso a la alimentación. Y aunque hay zonas indígenas y campesinas muy pobres, éstas por lo menos cuentan con mayores recursos alimentarios por estar en un medio rural, donde además hay menor contagio de coronavirus.
Redes de solidaridad
González Candia señala que desde las parroquias se impulsará la llamada “economía solidaria”, que la Iglesia ya implementa en algunos barrios populares.
Explica: “La economía solidaria promueve el consumo local, tanto de productos como de servicios. Le da prioridad a los oficios y a los pequeños comercios de la gente del lugar”.
El gobierno de la Cuarta Transformación, aclara, “no podrá por sí solo afrontar los estragos de la actual parálisis económica. Se necesita el esfuerzo de todos: empresarios, organizaciones civiles, gobiernos, población en general y obviamente que también de nosotros en la Iglesia, que ahora empezamos a implementar estas redes de solidaridad”, dice.
–¿Cómo surgió el proyecto de las Reves?
–Surgió durante una reunión que tuvimos los miembros de la Compañía de Jesús, el pasado 23 de marzo, en nuestra casa provincial. Ahí analizamos cómo apoyar a la población, y llegamos a la conclusión de que, más que con colectas, era promoviendo la solidaridad. Ya tenemos experiencia en crear redes vecinales enfocadas al tema de la seguridad. Ahora las enfocaremos al acopio de alimentos.
Luego la Compañía de Jesús designó a González Candia como encargado del programa por su experiencia en la reconstrucción del tejido social en varios municipios del país afectados por la violencia, a través del programa Jesuitas por la Paz.
Días después de esa reunión, cuenta, la CEM también decidió aplicar el programa a través de Cáritas Mexicana, por lo que pidió la asesoría y la colaboración de la Compañía de Jesús.
De esta manera, para echar a andar las Reves en todo el país, la CEM podrá utilizar su infraestructura: 7 mil 500 parroquias distribuidas en 98 diócesis, cerca de 14 mil sacerdotes diocesanos y 3 mil sacerdotes religiosos, aparte de las oficinas que Cáritas tiene en 850 de esas parroquias.
El viernes 3 de abril la CEM publicó el documento en el que menciona las acciones que realizarán las Reves, cuyo objetivo, dijo, es dar los “cuidados comunitarios que requerimos para que ninguna persona quede desprotegida”.
Agregó:
“El aislamiento físico puede afectar los estados emocionales de las personas, agudizando las tensiones en los hogares y, al detenerse una parte importante de la economía, los ingresos familiares pueden verse afectados. Por ello, es urgente ordenar nuestro consumo y crear mecanismos de solidaridad de unos con otros.”
Exhortó a cada parroquia a promover “la recolección de víveres y medicinas para ayudar a los más necesitados”.
Y detalló las actividades de las Reves:
Monitorear la situación de los vecinos más vulnerables; colaborar en la satisfacción comunitaria de las necesidades básicas de alimentación, medicinas y seguridad; ayudar a una distribución solidaria de los posibles apoyos gubernamentales o eclesiales; construir una red de apoyo emocional para prevenir crisis de depresión, pánico o estrés; ubicar familias con antecedentes de violencia doméstica y tender redes de comunicación afectiva.
En este programa solidario –prosigue el documento– es importante la participación de los jóvenes como activos “protagonistas de la caridad y del servicio”, y también el mantener “una comunicación constante con las autoridades civiles para actuar de forma coordinada”.
La etapa de acopio
En el empobrecido municipio mexiquense de Chalco, pegado a la mancha urbana de la Ciudad de México, la Iglesia ya implementa las Reves en la parroquia de San Ignacio de Loyola.
Raúl Vázquez, párroco del templo, comenta:
“Nuestra parroquia da servicio a unos 63 mil habitantes distribuidos en 12 colonias de Chalco y Valle de Chalco. Para atenderlos, contamos con 14 capillas, cinco sacerdotes y seis religiosos jesuitas.”
Acompañado por un grupo de colaboradores laicos, el religioso camina por una calle atestada de vendedores ambulantes, de transeúntes yendo de compras y ruidosos mototaxis abriéndose paso entre la gente. Y explica:
“Aquí puede darse una situación de hambruna, pues la gran mayoría de la población vive al día. Todavía pueden comprar víveres y comer. Pero la situación empezará a agravarse muy pronto.”
Indica que 40% de los pobladores económicamente activos viajan a diario a la Ciudad de México a trabajar como albañiles, obreros, choferes, empleadas domésticas o trabajadores de oficina. Y el restante 60% vive del comercio ambulante en la misma zona de Chalco.
“Mucha gente se está quedando sin empleo y sin ingresos a causa del coronavirus. Las cosas aquí se pondrán muy duras. Por eso nos estamos preparando”, dice el sacerdote.
Y entra a un local en cuya fachada hay un letrero que señala: “Banco de alimentos, se aceptan donaciones”. En su interior, encima de una larga mesa, se alinean bolsas con frijol, arroz, sal, azúcar, avena, lenteja…
En las paredes hay estanterías donde se colocaron latas de sardina y atún, botellas de aceite, jabones, cartones de leche, paquetes de Maicena y otros productos.
Cuatro muchachas con tapabocas, integrantes de la Red Juvenil de Acopio de la parroquia, reciben y enlistan las donaciones.
“Estamos en la etapa de acopio de alimentos. Vamos a armar despensas con estos víveres donados por los propios pobladores”, explica el padre Raúl.
Al almacén entra un hombre enviado por los dos rastros de la zona, y les entrega 200 boletos cuadrangulares de color amarillo, con un sello estampado.
–Por cada boleto, en los rastros les vamos a regalar un pollo. Pueden ir a recoger sus pollos conforme los vayan necesitando –les informa el matancero.
El lugareño Miguel Ángel Santa María, delegado parroquial de esa colonia, le comenta al reportero:
“Aquí nos echamos la mano unos a otros. Nadie es tan pobre que no pueda dar. Y finalmente donde comen dos comen tres… todo es cuestión de ponerle más agua a los frijoles.”
–¿A quiénes les repartirán estos víveres?
–Hicimos un censo de la gente más necesitada: viejos, enfermos abandonados, desempleados, madres solteras, viudas… iremos a sus casas y les entregaremos las despensas. Hay gente que ya tiene mucha necesidad, pero todavía la sigue disimulando por vergüenza.
Terapias grupales
Seis comisiones parroquiales instauró el padre Raúl para sortear la crisis: la integrada por los coordinadores generales, quienes elaboraron el censo de la población más vulnerable; la comisión de acopio y distribución de víveres, integrada sólo por jóvenes; la encargada del “banco de alimentos”; la comisión de salud, con su centro de medicina alternativa; la comisión de “perifoneo vecinal”, que cuenta con triciclos y bocinas para vocear por las calles las disposiciones de las autoridades sanitarias; y, finalmente, la comisión de búsqueda de apoyos externos.
Entusiasmado, refiere el padre Raúl:
“Cada día se nos suma más gente. Por ejemplo, los grupos de Alcohólicos Anónimos y Neuróticos Anónimos pusieron sus locales a nuestra disposición, ya los estamos aprovechando para realizar terapias grupales.”
La encargada de la comisión de salud es doña Ernestina López Santos, una indígena oaxaqueña experta en medicina tradicional. “Esta práctica me viene de mis abuelos”, dice con orgullo.
También a cargo del Centro Comunitario de Salud Alternativa –instalado en el edificio anexo a una amplia capilla–, doña Ernestina está atendiendo a la gente afectada por la cuarentena:
“Viene gente a pedirme medicina para los nervios, para el estrés, para el dolor de cabeza. No aguantan el encierro”, comenta.
En gabinetes con puertas de cristal, doña Ernestina tiene alineados los frascos con medicinas elaboradas a base de plantas que luego distribuye en microdosis. Son para diabetes, hipertensión, artritis, fiebre, tos y otras enfermedades.
“Con gotas y reflexología también estamos ayudando a la gente a reforzar sus defensas”, dice.
El padre Raúl señala que, ante la pandemia, la Iglesia ahora se ve obligada a trabajar a marchar forzadas para apoyar a la población.
“El coronavirus agarró a la Iglesia desprevenida, con la guardia baja, pues descuidamos mucho la labor social por centrarnos en lo litúrgico”, reconoce.
Al igual que en la de Chalco, en otras parroquias del país ya se empiezan a implementar las Reves. González Candia menciona algunas de Chiapas, Puebla y el Estado de México.
Agrega: “Incluso se están dando algunas variantes en la activación de estas redes solidarias. Por ejemplo, en Tepeaca, Puebla, las está impulsando la parroquia conjuntamente con las autoridades municipales. Mientras que en la colonia Plan de Ayala, de Tuxtla Gutiérrez, las implementa la parroquia junto con un consejo vecinal muy activo. Estamos abiertos a colaborar con los distintos sectores de la sociedad.
“Y nos están pidiendo apoyo y asesoría algunas parroquias de los estados de Jalisco, Veracruz y Guanajuato…. Ojalá y las Reves puedan expandirse ampliamente en las distintas diócesis.”
González Candia hace una pausa y concluye reflexivo: “Esta terrible experiencia puede incluso fortalecer a las comunidades, hacerlas más solidarias, más conscientes de sus capacidades, para poder aplicarlas ante cualquier otra emergencia”.








