La propagación del covid-19 no sólo toma desprevenidos a quienes se descuidan en la calle o en los comercios; también está causando estragos en los centros de salud, donde las medidas de higiene y prevención deberían ser la norma. Esto sucede en el Hospital Pediátrico de Tacubaya, donde ya fallecieron tres trabajadores y existen casos confirmados de contagio. Tres afectados confían a Proceso cómo quedaron expuestos al coronavirus.
En sólo dos semanas 16 trabajadores de todas las áreas del Hospital Pediátrico de Tacubaya dieron positivo a covid-19. Ante las nulas precauciones, la enfermedad cundió y cobró la vida de tres trabajadores: Alfonso, Rubén y Carlos.
Lucero, hija de Alfonso (hermano de Rubén), así como Zarcol Zárate, esposa de Carlos, rechazan que hayan fallecido por la infección pandémica, pero en entrevista telefónica con Proceso se niegan a precisar la causa del deceso.
El sábado 18, Oliva López Arellano, secretaria de Salud de la Ciudad de México, afirmó –también entrevistada por este semanario– que en ese nosocomio de Tacubaya existían dos brotes familiares en lavandería, correspondientes a un trabajador llamado César y a Alfonso.
Sobre el caso de Alfonso, quien falleció el lunes 6, dijo: “Es un grupo de personas que se contagió no sabemos dónde”. Añadió que se realizaba el estudio epidemiológico para identificar sus contactos y se le pidió a su familia que no estuviera trabajando. La versión coincide con un informe interno del hospital, que contiene una relación de 35 casos “potenciales”.
Según la secretaria, el caso “índice” es el de Griselda, enfermera del hospital Enrique Cabrera, quien falleció de neumonía el miércoles 1. Ella era hermana de César, empleado de lavandería de Tacubaya.
Griselda dejó de asistir al trabajo desde el 23 de marzo. Un día después el Sindicato Único de Trabajadores de la Ciudad de México dio a conocer que la enfermera acudió a la clínica del ISSSTE, pero le negaron la atención. Cuando ingresó al hospital 20 de Noviembre ya estaba muy grave y murió. Los trabajadores exigieron que se le aplicara la prueba y finalmente salió positiva al covid-19.
Esto desencadenó en el Pediátrico de Tacubaya inconformidad por la falta de cerco sanitario, por la falta de pruebas para detectar el virus, la falta de sanitización y de insumos. El personal pide la destitución de la directora, Leonarda Buenaventura Carreño López, y de la jefa de la Unidad Departamental médica, Margarita Hernández Quintana, a quienes acusan de “negligencia” y “prepotencia”, ya que su “omisión” –a decir de los inconformes– causó la propagación del virus entre el resto del personal.
Era un día “normal”
Tres empleados del hospital que dieron resultados positivos para covid-19 narran su experiencia.
Diego, camillero: “Nos enteramos de que la hermana de un compañero del turno vespertino del área de lavandería (César) estaba enferma. Era más o menos a mediados de marzo. Después, por la jefa de él nos enteramos de que se trataba de una neumonía.
“Hasta donde sé, cuando ella ya había fallecido, el sindicato le mandó hacer la prueba a la enfermera (Griselda) y salió positivo a covid-19. Inmediatamente a César lo aíslan. Pero antes, mientras su hermana estaba internada, él estuvo yendo a trabajar más o menos una semana.
“La hermana ingresa al hospital en un fin de semana porque él ya no fue un jueves, cuando nos enteramos del fallecimiento. La siguiente semana salieron los resultados de la prueba y salió positivo, pero antes él estuvo yendo a trabajar y tuvo contacto con todas las áreas.
“Si no mal recuerdo, él entra a las 12 y sale a las ocho. Como personal de lavandería, en la tarde se queda solo, no tiene compañero. Los de la mañana le dejan el área de quirófano para que lave y entregue la ropa limpia en todos los servicios de la tarde.
“Al ver que él había salido positivo y que algunos compañeros del área de César estaban muy enfermos, algunos empleados de la tarde pidieron a la directora Carreño que les hiciera los estudios.
“El sábado de Gloria me llamó un amigo, Irving, para decirme que Alfonso estaba muy grave. Hablé con la jefa de mantenimiento, lavandería y de traslados programados, que es su jefa, y me confirma que Alfonso está muy grave. Además de Alfonso, tuve contacto con César y con Rubén, quien acaba de fallecer. El lunes 13 platiqué con la jefa de enfermeras, que es mi jefa y me dijo: ‘Ve’. Aunque no tenía síntomas fui al día siguiente.”
El viernes 17 la epidemióloga le notificó que salió positivo y que si se ponía grave acudiera a su médico. Cuando lo llamaron para notificarle, él estaba en el vestidor del área de quirófano, cambiándose ropa para ir a casa. Eran las 15:20.
En esa área están el quirófano central, tres quirófanos con cinco camas de recuperación, el vestidor de hombres, el de mujeres, la oficina de los cirujanos y también la sala de anestesia. Al preguntarle a Diego cuál fue su actividad ese viernes 17, responde:
“Ahora somos tres camilleros en la mañana, porque Tomás, uno de mis compañeros, se encuentra aislado. El 5 de abril tomó vacaciones y como el día 10 u 11 nos enteramos que salió positivo. Entonces fui el único camillero ese día. Yo estuve en el área de quemados y en el quirófano central ese día hubo tres cirugías y en quemados participé como en tres baños. También nos ocupan para mover a los pacientes con sedación, cambiarlos de posición, subiros a las camillas o a las camas.”
En esa sola jornada Diego tuvo contacto, en básicos, con la jefa, Austrias; además de Norma y Luis. En terapia intermedia con Paty y la enfermera Fernanda. En terapia intensiva con Omar, Jaime y la jefa de terapia, Cecilia. También estuvo en contacto con dos residentes y dos médicos del área de quemados, igual que con dos anestesiólogos en quirófano. Además interactuó con dos cirujanos plásticos, uno de ellos el doctor Molina. En cirugía, con el niño de la cama 16 a quien llevó al baño. Un día “normal” de trabajo.
Pero hubo otras dos personas: “Las enfermeras a veces me piden ir a lavandería por sábanas para bañar a los niños. Allí tuve contacto con César y con Carlos, de mantenimiento, porque atendía todo el hospital… su jefe está en resguardo, es yerno de Alfonso, el primer fallecido.
En terapia intensiva
Jaime, enfermero, quien descansa de sábado a lunes, narra desde su aislamiento: “Estoy en una unidad de terapia intensiva, donde estamos muy ocupados y no tenemos casi contacto con la gente externa. El domingo 5 de abril me empecé a sentir mal. Estaba descansando en mi casa, tenía flojera. Me levanté y me eché un baño como a las tres o cuatro de la tarde. Más tarde tuve cuerpo cortado y escurrimiento nasal. Lo atribuí al cambio de temperatura al salir del baño.
“El lunes seguí con los síntomas. El martes le hablé a mi supervisora para comentarle que iría al médico a revisión porque por mis síntomas podía yo ser un portador. Fui al ISSSTE de Canarios. La doctora que me atendió dijo que era una faringitis, que me cuidara; me mandó paracetamol y loratadina y me dio tres días de incapacidad.
“El viernes me presenté a trabajar. Otra vez tuve los mismos síntomas. Lo atribuí a que el área de terapia es muy pequeña; el calor que se genera entre la gente se concentra y a veces tenemos que salir por material a la central de equipos, el banco de leche, farmacia… y cambiaba la temperatura.
“El fin de semana volví a descansar. Seguí con cuerpo cortado y escurrimiento nasal. El lunes 13 también descansé y el martes que llegué subí a medicina preventiva, a epidemiología, a comentarles que requería la prueba de covid-19 porque lo que sentía no me parecía normal y podía estar contagiando a otros compañeros. El miércoles 15 de abril fuimos varios a la muestra. El viernes 17 uno salió positivo y tuvo que resguardarse 14 días.
“El martes 21 me presenté a trabajar. A la una de la tarde, en medicina preventiva, me dijeron que salí positivo. Se tardaron ocho días en darme los resultados, cuando dijeron que eran de 48 a 72 horas. En ese momento hice los trámites para retirarme.”
Desde que se presentó al ISSSTE la primera vez, Jaime laboró sin síntomas durante 15 días. Su pareja, con quien vive, tuvo un pequeño acceso que le duró uno o dos días: “Lo está checando”.
“Estoy en contacto con todo el personal. Primero, con mis compañeros: somos tres los que estamos en el área de enfermería, pero también hay médicos y camilleros. Con los pacientes tenemos contacto al atenderlos. Con la familia hubo sana distancia.
“En el área en la que estoy hemos tenido en un 90% los insumos para la atención del paciente y para nosotros: cubrebocas al principio no eran de la calidad que se necesitan, pero esta última semana nos dieron unos de grado médico de alta eficiencia y caretas. Por nuestra cuenta adquirimos goggles para atender al paciente en casos de procedimientos más invasivos.
“Si a un camillero le pedimos que nos ayude a movilizar a un paciente, emplear guantes y cubrebocas. Nosotros se los proporcionamos, porque andan en varios servicios. Al salir de nuestra área, por regla, los desechan.”
Al comentarle que, según la directora, el brote surgió con César en lavandería, contesta: “Somos un equipo multidisciplinario, limpieza, ropería, farmacia, rayos X, laboratorios, todo es una cadena. Podríamos decir que es lo más probable”.
Omisión de los mandos
Daniel, chofer de ambulancia, tiene 39 años y padece asma congénita: “El 19 de marzo que salió el oficio en la Gaceta de la Ciudad de México, que dice que todas las personas con enfermedades respiratorias tenían que aislarse en casa, presenté mi solicitud. La directora, la subdirectora y la administradora me dijeron que no procedía porque mi asma ‘es controlable’. Nunca supe con base en qué lo determinaron. Luego salió el decreto presidencial, en esta ocasión ellas me pidieron una constancia del ISSSTE, que igual rechazaron. Argumentaron que yo no era ‘vulnerable’, que me presentara a trabajar.
“Tengo todos mis papeles, incluso mi incidencia, documento que me rechazaron para ausentarme durante la cuarentena.”
Así que se presentó a trabajar, pero el lunes 6 fue a la clínica del ISSSTE número 2, porque tenía un problema en el oído. Le dieron incapacidad de cinco días. Al día siguiente ya tenía fiebre y dolor en las articulaciones.
“Con esos síntomas me aislé esos cinco días en mi cuarto. El viernes 10 de abril empecé a tener temperatura de 38.6 grados. En la noche fui a urgencias de la clínica ISSSTE de Tacuba; me dijeron que no me podían hacer la prueba de covid-19 porque no había personal de laboratorio, pero que no me preocupara, que no era covid sino una bacteria en la garganta. Me dieron 14 días de incapacidad y me pidieron que me aislara. El diagnóstico no me parecía congruente con las recomendaciones. Los síntomas que tenía eran obvios.”
El domingo 12 ya tenía una fiebre de 38.8 y únicamente le habían recetado paracetamol. Ese día decidió pagar 3 mil pesos para que le hicieran la prueba de covid-19 en el hospital Escandón, frente al Hospital Pediátrico de Tacubaya.
“El martes 14 me notifican que resulté positivo. Le mandé fotografías a la directora y con una persona envié una copia del resultado a las tres funcionarias. Me mandaron decir que era un falso positivo, que esta prueba no valía y necesitaba hacerme la prueba del gobierno. Al día siguiente fui a la clínica Galo Soberón, de Azcapotzalco, allí me tomaron la muestra. Ayer me hablaron para decirme que soy positivo. Le mandé a mi jefa Diana la foto del resultado. Ella está al pendiente, porque ya fallecieron tres compañeros.
“Soy chofer de ambulancia, en un día normal de trabajo atendemos urgencias y traslados de niños a valoraciones y llevamos documentación. Un día antes de que dejara de ir a trabajar, trasladé a un niño al Pediátrico de Azcapotzalco y en la semana llevé a dos pacientes a tomografías. Estuve en contacto con personal del hospital: con trabajo social, con enfermería y con el doctor, cuando vamos con el paciente y lo pasamos a la camilla; y con familiares, cuando se suben a la ambulancia.
“Cuando inició la fase 1 de la contingencia pedimos gel antibacterial, cubrebocas y guantes, pero la directora respondió que en nuestra área no necesitábamos ese material. Se le dijo que teníamos contacto con los pacientes y familiares porque hacemos la función de camilleros, que nos diera el gel y al llegar al hospital nos lavaríamos las manos. No quiso.
“En el checador tuve contacto con Rubén, un compañero que falleció. Es negligencia y prepotencia; esto se pudo haber evitado desde que César les dijo que su hermana estaba internada por neumonía. O cuando ella falleció. Por protocolo debió sanitizarse, aislar al personal y aplicar pruebas… poner un cerco sanitario, porque lavandería es un área muy concurrida y hay contacto entre empleados, entregan la ropa y sábanas, y a veces ayudan a mover a pacientes.
“No sé por qué la directora no lo hizo. Mi padre es diabético y mi madre es asmática. Arriesgué a mi familia.”
El hermano de Daniel también es chofer en el Pediátrico de Tacubaya. Igual que él, resultó positivo a covid-19.








