El Estado como Dios

Apenas se anunció la Guía Bioética de Asignación de Recursos de Medicina Crítica comenzaron los deslindes de la UNAM y entre los propios integrantes del sector salud. En medio de las discusiones, el vocero de la Presidencia, Jesús Ramírez Cuevas, escribió que el documento no es oficial y aún no se aprueba… pero el mal ya estaba hecho. Ante la aritmética enrevesada en torno a los pacientes que deben privilegiarse en estos tiempos de pandemia, la CNDH fue contundente: los derechos humanos “no deben ser objeto de ningún dilema”.

Ante la fuerte controversia que levantó su Guía Bioética de Asignación de Recursos de Medicina Crítica, la cual recomienda dar prioridad a los pacientes jóvenes sobre los de la tercera edad, ante una posible carencia de recursos, el Consejo de Salubridad General (CSG) se vio obligado a recular, señalando ahora que ese documento es un “proyecto” todavía sin aprobarse. 

La UNAM inmediatamente se deslindó de la guía, argumentando que su rector, Enrique Graue, no fue convocado para su aprobación, como correspondía hacerlo por ser vocal del CSG. Mientras que la Presidencia de la República señaló que la guía “no es un texto oficial”, por lo que no debe darse por “buena”. En medio de esta polémica se dio la renuncia del comisionado nacional de Bioética, Manuel Ruiz de Chávez. 

Estos hechos orillaron al CSG a señalar que la guía es sólo “un proyecto”, el cual apenas será sometido a la “consideración” de sus vocales –entre ellos Graue–, y también a cambiarle el nombre, pues la rebautizó como Proyecto de Guía Para Asignación de Recursos en Situación de Contingencia. 

La polémica se inició el domingo 12, cuando el CSG subió a su página de internet el explosivo documento, al que denominó Guía Bioética de Asignación de Recursos de Medicina Crítica, sin aclarar entonces que era un “proyecto” no aprobado.

El propósito de la guía –se advierte en su presentación–, es tomar “decisiones” en caso de que la pandemia del covid-19 rebase la capacidad hospitalaria y los recursos médicos para atender a la población infectada. 

En tal situación, la guía recomienda al personal médico relegar a los pacientes de la tercera edad y a quienes padecen enfermedades crónicas para darles preferencia a los jóvenes, pues éstos –dice– tienen una “mayor cantidad de vida por completarse”.

Y determina qué hacer ante el siguiente dilema ético: “Paciente A de 80 años necesita de un ventilador, paciente B de 20 años necesita de un ventilador. Si paciente A recibe el ventilador ella vivirá 7 años más, si paciente B recibe ventilador ella vivirá 65 años más. Ante dicho problema se tiene que introducir un principio adicional: salvar la mayor cantidad de vidas-por-completarse”.

Explica: “Una vida-por-completarse se debe de entender como aquella que aún no ha pasado por los diferentes estados de desarrollo bio-psico-social humanos (i.e. infancia, adolescencia, edad adulta, vejez)”.

De esta manera –prosigue– se descartan dos criterios que antes se tomaban en cuenta: dar prioridad al paciente que solicita primero el servicio médico, o bien a quien tiene mayor “necesidad médica”. 

La guía bioética enfatiza el nuevo criterio para decidir quién vive y quién muere:

“Los pacientes que tienen mayor probabilidad de sobrevivir con la ayuda de la medicina crítica son priorizados sobre los pacientes que tienen menor probabilidad de sobrevivir.” 

De esta manera, pide dar preferencia a los pacientes más sanos sobre quienes ya tienen enfermedades crónicas, pues éstas menguan la calidad y la duración de la vida.

En la asignación de estos “recursos escasos”, pide a los médicos que no tomen en cuenta “la afiliación política, religión, ser cabeza de familia, valor social percibido, nacionalidad o estatus migratorio, género, raza, preferencia sexual, discapacidad”.

Y precisa: “Un recurso escaso se ha de entender como aquel que simultáneamente dos o más pacientes necesitan pero que por su naturaleza indivisible sólo un paciente puede hacer uso de él. Los ventiladores mecánicos son un ejemplo paradigmático de un recurso que puede ser escaso”.

“Águila o sol”

La guía también recomienda cómo actuar ante otro dilema ético que puede presentarse: cuando hay dos o más pacientes que, por sus condiciones, merecen igual atención médica porque quedaron en “empate”. 

En tal caso, la guía les recomienda a los médicos sacar una moneda de su bolsillo y lanzarla al aire, para que así sea el “azar” el que determine quién vive y quién muere.

Estas decisiones, conocidas en la terminología médica como de “triaje”, consistentes en seleccionar a los pacientes que recibirán atención médica y a quienes no la recibirán, deben ser tomadas por un “equipo de triaje”, formado en cada hospital.

Cada “equipo de triaje” –pide la guía– debe estar integrado por tres miembros: un oficial, perteneciente al cuerpo médico; un segundo oficial, seleccionado del personal de enfermería; y un tercer integrante, proveniente del área de administración del centro de salud.

Aparte de seleccionar a los pacientes destinados a vivir y a los condenados a muerte, bajo los criterios ya señalados, estos “equipos de triaje” tienen como objetivo “reducir la angustia moral” del personal médico que está tratando directamente a los enfermos infectados por el virus.

Esta angustia “se exacerba por el número de pacientes críticos que un médico trata durante una emergencia”, dice la guía.

Por ello, les pide a los integrantes de cada “equipo de triaje” que se abstengan de atender a los pacientes con coronavirus, para así dedicarse de lleno a su trabajo de selección, sin dejarse llevar por estos angustiosos dilemas morales.

Aclara también que como los pacientes viejos ya gozaron de un mayor periodo de vida, no es discriminatorio relegarlos para darles preferencia a los jóvenes. 

Argumenta: “Recurrir al principio de vida-completa no discrimina injustamente a las personas comparativamente más viejas. Ello es así pues la persona que no recibe tratamiento ha gozado de un buen vivir, vivir una vida que incluye más etapas, por más tiempo. Eso quiere decir que la persona de menor edad está en una situación donde perdería mucho más si no accede a los recursos de medicina crítica. Lo que perdería es la posibilidad de obtener el bien de vivir una vida que incluye más etapas”.

De ahí que, resume, “durante la emergencia de salud pública el objetivo principal es salvar la mayor cantidad de vidas, en primer lugar, y la mayor cantidad de vidas-por-completarse, en segundo lugar”.

También debe darse prioridad, dice, al personal de salud que está combatiendo al coronavirus. “La priorización de dicho personal de salud debe ser absoluta”, pues “tiene un valor instrumental mayor durante la emergencia médica”.

Al final de la guía, aparece la lista de los médicos, filósofos y académicos que la elaboraron:

Asunción Álvarez del Río, investigadora de la Facultad de Medicina de la UNAM; Roberto Blancarte, investigador de El Colegio de México; Pauline Capdevielle, investigadora del Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ) de la UNAM; el médico Raymundo Canales de la Fuente, del Instituto Nacional de Perinatología; Juan Antonio Cruz Parcero, del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM y la médica Julieta Gómez Ávalos, del Colegio de Bioética, entre otros.

Mientras que la redacción del documento corrió a cargo de María de Jesús Medina Arellano, investigadora del IIJ de la UNAM, y de César Palacios-González, investigador de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Oxford.

El martes 14 la UNAM se deslindó “de los términos y del contenido” de la guía, argumentando que su rector, Enrique Graue, no fue convocado para su aprobación, como debió haber sido, por ser vocal del CSG.

Dos días después, el jueves 16, en su cuenta de Twitter, el vocero de la Presidencia de la República, Jesús Ramírez Cuevas, advirtió: “La Guía Bioética difundida hace días fue desconocida por el Consejo de Salubridad General, no es un texto oficial”. 

Indicó que esta “aclaración” la dirige a “periodistas y personas que de buena fe dieron por buena esta información”.

De esta manera, la Presidencia descalificó la Guía Bioética, provocando mayor desconcierto. 

Por si fuera poco, Manuel Ruiz de Chávez, encargado de la Comisión Nacional de Bioética, renunció el martes 14, luego de 10 años de ocupar el puesto. Se dijo que ya había presentado su renuncia desde el pasado 20 de marzo, pero hasta ahora se hizo efectiva. 

Algunas interpretaciones sobre estas posturas encontradas se publicaron en los medios. Por ejemplo, en su artículo titulado “Jugando a ser Dios”, publicado en El Universal el miércoles 15, Salvador García Soto aseguró que hay una fuerte división dentro de la Secretaría de Salud.

Por un lado, escribió, se encuentra el grupo liderado por el subsecretario Hugo López-Gatell, el “primer sorprendido” con la publicación de la Guía Bioética, ya que nadie lo consultó. 

Y por el otro, el grupo encabezado por el secretario de Salud, Jorge Alcocer Varela, quien mandó elaborar la guía con “un mensaje totalmente contrario” al de López-Gatell, pues pinta un “escenario catastrofista que anticipa un caos y un rebasamiento total de los sistemas médicos, el público y el privado, que llevaría a los médicos mexicanos a dilemas como los que vivieron sus colegas en España, Italia o más recientemente Nueva York, en donde, ante la falta de ventiladores, tendrán que decidir, como si fueran Dios, quién vive y quién muere”. 

Para aplacar la polémica, la noche del jueves 16 salió al quite el secretario general del CSG, José Ignacio Santos, asegurando que la guía no es un documento definitivo, pues se trata sólo de un “proyecto” sujeto a debate. 

Santos –en la conferencia de prensa nocturna de ese día, en Palacio Nacional– anunció también que ya quedó “zanjada” la discusión con Graue, pues con él hubo un “malentendido, porque no fue una convocatoria del Consejo” mediante la que se determinó elaborar ese “proyecto”, sino de “un grupo de trabajo dentro de la Comisión Consultiva Científica”, explicó. 

En un comunicado dado a conocer de manera simultánea, el CSG reiteró que es sólo un “proyecto” cuyo propósito de darlo a conocer fue para recibir “observaciones y comentarios, no sólo de la comunidad médica, sino también de la opinión pública”. 

En ese comunicado, la CSG ya se refirió a la guía con otro nombre: Proyecto de Guía para Asignación de Recursos en Situación de Contingencia. 

Agregó que este “proyecto” es un “documento vivo, en el sentido de que ha sido muy dinámico, por las diversas aportaciones que lo han enriquecido”. Y adelantó que se someterá a la “consideración de las señoras y señores vocales”, para que, en caso de ser aprobado, se publique en el Diario Oficial de la Federación. 

…. Y quitó de su página el documento. 

El viernes 17 fue la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) la que protestó, señalando que, así sea un “borrador”, el documento “tiene muchas posibilidades de implementarse ante el tamaño de la exigencia que le impondrá la pandemia a nuestros servicios de salud”.

Rotunda, en un boletín de prensa, la CNDH afirmó que “la Guía es contraria a disposiciones sobre el derecho a la salud vinculantes para México, tanto en el Sistema Universal como en el Sistema Regional de protección de los derechos humanos, ya que es un documento que justifica que el Estado Mexicano no garantice el acceso efectivo a los bienes de salud a todos los pacientes con covid-19”.

Además, dijo, la guía “contiene criterios que ejercen una discriminación indirecta hacia las personas mayores, y las pone en desventaja en el acceso a los recursos de medicina crítica, lo que vulnera su derecho a la salud, a la vida y a la integridad personal”. 

Las personas de la tercera edad, recalcó, deben gozar “de los mismos derechos humanos y libertades fundamentales que otras personas”, ya que la “dignidad y la igualdad” son “inherentes a todo ser humano”.

Consideró “delicado” el hecho de que cada “equipo de triaje” sea un “órgano decisorio”, al dejarlo “tomar decisiones que involucren vidas humanas”. 

Por fortuna, indicó la CNDH, el documento “no cuenta con el aval de todos los miembros del Consejo de Salubridad General, por lo que aún estamos a tiempo de evitar su obligatoriedad y, por tanto, sus efectos”.

Y señaló por último: “Los ciudadanos deben saber que, en estas circunstancias excepcionales, sus derechos más fundamentales continúan igualmente garantizados, porque las libertades y los derechos no se suspenden por muy difícil que sea el reto. Los derechos humanos no deben ser objeto de ningún dilema”.