El tuit y el volado: Guía Bioética

En un texto de Rodrigo Vera en Proceso, hace unos días, se lee: “Ante la posible saturación de hospitales y carencia de servicios médicos debido a la pandemia del coronavirus, las autoridades sanitarias le darán prioridad a los pacientes jóvenes sobre los adultos mayores o sobre quienes padecen enfermedades crónicas, ya que los jóvenes –se argumenta– tienen una ‘mayor cantidad de vida por completarse’”.

Lo anterior, según el contenido de la Guía Bioética de Asignación de Recursos de Medicina Crítica, elaborada por el Consejo de Salubridad General y publicada a través de ¡un tuit! Tuit del 11 de abril. Como se sabe, dicho consejo es un órgano regulado en la Constitución misma. Sus determinaciones deben publicarse en el Diario Oficial de la Federación por obvias razones, conforme a su reglamento y al sentido común. 

¡Con el virus catilinario haciendo estragos mortales no a las puertas de la nación, sino en medio ya del país entero, y los políticos deliberando sobre cuestiones electorales! ¿Hasta cuándo seguirán abusando ellos de nuestra paciencia, recordando palabras ciceronianas de antaño?

Pero se publicó, insisto con estupor, vía un tuit. Y al poco de haber leído el texto de Rodrigo Vera, me percaté que la UNAM se había deslindado de tal guía por no haber sido convocada a la discusión y aprobación de citado documento como corresponde por ley. Es el tuit que resume la “banalidad del mal” del que habla Hannah Arendt. Un tuit para proclamar un criterio totalitario, atroz.

Realmente es increíble que sucedan estas cosas en medio de la terrible crisis sanitaria. Grave que se trate tema tan trascendente con frivolidad e indefinición legales. Éstas generan consecuencias en políticas y acciones de salud pública en plena pandemia.

Pero lo más grave no es eso. Lo es el contenido mismo de la guía que trastoca principios éticos humanistas. La guía descarta el criterio clínico justo de atender al paciente de acuerdo a “la mayor necesidad médica” y mejor perspectiva de buen resultado médico, con independencia de la edad o discapacidad. Es decir, a los más necesitados que se puedan beneficiar del tratamiento respectivo.

El criterio que priva en la guía es el de una “mayor cantidad de vida por completarse”, es decir, el basado en la edad. Criterio ese fundado en una ideología utilitarista muy de moda en los regímenes neoliberales. Ideología que subordina memoria, historia, sabiduría, dignidad a la calculada productividad del sujeto. Ese criterio se ha dicho, es injusto, discriminatorio y contrario a los derechos fundamentales de todo ciudadano, joven o viejo.

Si se llega al terrible dilema –que no debiera darse en un régimen verdaderamente democrático y de justicia– de tener que racionar recursos médicos, la preferencia debe estar con los más vulnerables y marginados. Esto, a la luz del criterio de la “mayor necesidad médica” que es el justo, el ético, el humano. 

Dicho criterio humanista –“la mayor necesidad médica”– es defendido por brillantes médicos, juristas, sociólogos y maestros de ética como el profesor de la Universidad de Fordham en Nueva York, Charles Camosy, como el profesor Robert P. George de la Universidad de Princeton, como la profesora Jacqeline Cooke-Rivers de Harvard.

Algunos de esos distinguidos maestros han ofrecido consejo legal en casos de posibles racionamientos durante la pandemia en dicho país. Afirman con lucidez que las “decisiones relativas al tratamiento crítico de los pacientes en la presente crisis sanitaria no deben discriminar sobre la base de edad o discapacidad como categorías de exclusión”. 

Peter Breen, de la Sociedad Tomás Moro en Estados Unidos, ha señalado: “Es horrible pensar en la simple idea de que se le retire el cuidado médico a una persona por ser anciana; ello equivale a dar un paso gigantesco en la devaluación de cada vida humana en Estados Unidos”.

El criterio de la “calidad de vida” debe ser solamente decidido “por el paciente mismo” y nadie más. Los viejos, los ancianos son la historia viva de la nación, su memoria como dijo hace poco un sabio comandante. 

Quien más requiere apoyo y cuidado es siempre, en sana ética, el más vulnerable. Pensar diferente es arruinar la vida y dignidad humanas en aras del negocio, del dinero a producirse por los sujetos. Otra cosa es que el anciano, por voluntad propia, de manera heroica, dé su vida por otro como lo hizo un sacerdote católico al salvar la vida de un joven, cediéndole su ventilador. 

Para el utilitarismo, todo en aras de la productividad, del mayor placer posible, de allí lo de “mayor cantidad de vida por completarse”. Como si la dignidad humana y el bien común fueran mercancías medibles en una báscula de mercado. 

Y para mostrar descarnada y brutal la banalidad del mal, la guía esa establece que en caso de “empate” entre sujetos enfermos conforme al criterio impuesto de la edad, se eche ¡un volado! 

Es urgente un debate nacional sobre estos temas de trascendencia inusitada. Es un imperativo que se rectifique el contenido de la supuesta guía y se expida en su caso, conforme a derecho.

Dedico este texto con admiración, a todos nuestros ancianos, nuestros queridos viejos, memoria, tradición e historia de una nación que se considere civilizada.