Expresan su apoyo al reclamo feminista

Señor director:

La histórica violencia de género, y las consecuencias para las mujeres, principalmente, le ha permitido devenir en una acción individual y colectiva, cuya cotidianidad cuenta con los argumentos socioculturales y políticos que la validan como algo incorrecto, pero, a veces, necesario para asegurar o corregir el conjunto de comportamientos y actitudes de esas personas que, se considera, ponen en riesgo el orden de las sociedades.

De esta manera, la violencia de género, hoy identificada, definida y tipificada en formas y modalidades jurídicas-penales por las feministas, se perpetúa gracias a la permisibilidad institucional del Estado y a las prácticas consuetudinarias patriarcales de una parte de la sociedad civil.

Esa historia de la violencia ha tenido, y tiene, una impronta masculina debido a que los hombres somos y hemos sido sus principales actores. La hemos creado, entre otras cosas, como un recurso sociopolítico de género para normar, regular, castigar, contener y reprimir el conjunto de actos considerados como amenazantes del orden sociopolítico de nuestro mundo.

En este sentido, los planteamientos teórico-políticos feministas de que la violencia de género masculina es algo que caracteriza a los hombres, es un referente fundamental que se debe problematizar y situar en el marco de un proceso histórico que ha definido, y define, la identidad genérica del hombre.

Problematizar la violencia de género comprende el conocimiento del devenir de los hombres como sujetos de violencia, así como la observación de su complejidad en experiencias vitales asociadas a estas construcciones masculinas a nivel individual y colectivo. 

No basta señalar que es una expresión del poder de dominio de los hombres, sino dar cuenta cómo opera en la cotidianidad de la vida masculina y cómo se articula con sus dimensiones filosóficas, sociológicas, económicas y psicológicas.

En este entorno de enjuiciamiento colectivo que se filtra por los diferentes medios de alienación, la estridencia masculina suele llevar la delantera. 

Si las mujeres que se manifiestan de diversas maneras para demandar el derecho a una vida libre de violencia son juzgadas por sus acciones, seguirán siendo violentadas por las instituciones masculinas; sus propuestas para sancionar esta práctica continuarán siendo consideradas parte de su desequilibro mental.

Manifestamos nuestro compromiso y apoyo. Nos sumamos a todas las formas de trabajo y expresión que las mujeres de distintos ámbitos del país demandan para erradicar la violencia de género. 

Tenemos claro que estas demandas son una acción política escasamente atendida por el Estado y los hombres que lo hacen funcionar. Es a ellos, y a todos los hombres del país, a quienes demandamos asumir el compromiso de erradicarla con medidas encaminadas a desmontar el conjunto de prácticas masculinas, cuyos contenidos sexistas, misóginos y violentos impiden y obstaculizan el cumplimiento de leyes existentes que sancionan la violencia de género.

Por ello, como hombres profeministas que asumimos una posición crítica de nuestra condición genérica, consideramos vital la propuesta de Judith Butler: “A los hombres. Les tengo una tarea: rompan con este pacto de hermandad donde se protegen, rechacen esto de ser solidarios con otros hombres, tengan el coraje de decir a las mujeres: ‘No las golpeamos, no las violamos, no las matamos’, salgan a la calle y luego vuelvan con nosotras y nos cuentan cómo les fue. (Carta resumida por razones de espacio)

Atentamente,

Fernando Huerta Rojas (UACM); Luis Fernando Gutiérrez Domínguez (BUAP); Leonardo Olivos Santoyo (UNAM). Juan Carlos Ramírez Rodríguez (UDG) Roberto Garda Salas (Hombres por la Equidad), Rodrigo Parrini (UAM), Fernando Bolaños (UAEH), Roger Magazine (UIA), Juan Hernández Polanco, Cosme Ornelas.