La poesía es evidente en Sísifos, documental de Nicolás Gutiérrez y Santiago Mohar, hurgando en las entrañas de un sector olvidado en la salud del país: el de los adictos recluidos en anexos de rehabilitación no oficiales.
Desde su título nos recuerda al mítico personaje condenado por Zeus y el ensayo que Albert Camus le dedicó a esa leyenda griega: a Sísifo, en lugar de imponérsele la muerte por engañar a los dioses, se le castiga con subir una enorme y pesada piedra sólo para dejarla caer desde la cima y bajar por ella, repitiendo la hazaña ad eternum.
El filme, que busca retratar las condiciones humanas, forma parte de la selección del Festival Internacional de Cine UNAM (FICUNAM) y tendrá sus últimas dos funciones este 14 de marzo a las 18 horas en el Faro Tláhuac, y 15 de marzo en el Cinematógrafo del Chopo, a las 19 horas.
Filmada tras casi cuatro semanas de trabajo en el anexo “Una luz del mundo”, ubicado en Chiapas ––y como resultado de dos trabajos de investigación de la plataforma transmedia Deriva.mx––, los directores dejaron claro que más que un documental con tintes periodísticos o de cuestionamiento sobre la naturaleza de esos anexos (pues en muchos de ellos la violencia es una constante), se trata de un retrato de la vida de aquellos quienes buscan salida a alguna enfermedad, cuya travesía incluye recaídas en pos de un futuro distinto.
Mohar (Ciudad de México, 1989), quien tiene en su trayectoria la cinta Los muertos (2014), explicó a Proceso su mirada sobre Sísifos:
“Se trata ante todo de la experiencia desde la oralidad, de la búsqueda de la sanación a través de la palabra, y un tema de relevancia absoluta sobre la masculinidad mexicana en un momento de urgencia nacional: la adicción en el contexto de un país donde se habla de violencia, de drogas; pero no de las consecuencias. Aunque los anexos nacieron con buenas intenciones y en el camino hay muchos que se deformaron, en realidad no son los ideales para tratar a tanta gente. No obstante, son una opción.”
Nicolás Gutiérrez (Ciudad de México, 1991), en quien también recayó la fotografía del largometraje, agregó sobre el tema:
“Siempre tuvimos claro que lo que nos interesaba eran las personas como ejemplo de vida, ese era el reto y creo que se logró… Cuando salí del rodaje fue una experiencia muy fuerte, te hace considerar tu vida, los tiempos y prioridades y cómo observas tu propio camino, de las luchas contigo, del significado de ‘no rendirse’; en realidad me dejó muchas más preguntas que con las que llegué el primer día al anexo.”
Sobre la forma de trabajo, Juan Sarquíz, uno de los tres productores del filme junto a Santiago de la Paz Nicolau y Alejandro Quintero, refirió que si bien el filme tiene más aportaciones en especie (equipo de grabación) y tiempo que dinero, “Sísifos significa un trabajo que me satisface en lo estético, técnico y narrativo, por no minimizar la relevancia de los otros documentales que he producido (Esperando a los Beatles y Los truenos de San Juan); pero la temática que aborda es un conflicto más real, contemporáneo que se tiene que visibilizar, que se tiene que hablar de una forma u otra, no tomando postura sino haciendo énfasis allende los temas legales de drogas”.
Para él, se trata de una temática de exposición en torno a la situación de aquellos que buscan una salida, y no una mirada inquisitiva.
También adelantaron que buscarían llevar el filme al anexo “Una luz del mundo” tras proyectarse en FICUNAM, para asimismo proyectarlo en diversos concursos internacionales para conseguir una mayor exposición antes de aterrizar Sísifos en la cartelera comercial.
Por lo pronto, se pueden seguir noticias o la travesía de proyecciones de Sísifos en la página de Facebook @sisifosdoc.








