Hace dos décadas, invitados para interpretar su violín y su viola, Nonna Alakhverdova y Ara Ghukasyan, herederos además de una de las lenguas más antiguas del mundo, llegaron desde Armenia y se quedaron. Ahora incluso forman un conjunto con sus hijos. Radicada en Ensenada, la pareja de solistas de la Orquesta de Baja California vino a participar en conciertos con la Orquesta Escuela Carlos Chávez, que comanda Eduardo García Barrios, y a dar cursos de preparación para sus jóvenes músicos.
A comienzos de mes, los esposos armenios Nonna Alakhverdova y Ara Ghukasyan cumplieron 20 años de compartir a México su amor y virtuosismo musical, presentando en la Ciudad de México el Concierto doble para violín y viola en Mi menor Opus 88, del alemán Max Bruch (1838–1920), como solistas de la Orquesta Escuela Carlos Chávez (OECCh), a 30 años de su fundación, bajo la batuta de Eduardo García Barrios.
Coordinador del Sistema Nacional de Fomento Musical, García Barrios dijo acerca del magnético dueto:
“Nonna Alakhverdova es una excelente violinista y su compañero violista Ara Ghuskasyan un magnífico violista, poseen una extraordinaria escuela. Cuando volví a asumir la dirección de la Orquesta de Baja California (OBC) en 2010, ellos trabajaban en la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Baja California, radicaban ya en Ensenada, y los invité a integrarse a la orquesta en Tijuana. Así surgió una entrañable amistad y un enorme trabajo conjunto tanto artístico como pedagógico.
“Esta nueva visita suya a la Ciudad de México desde Ensenada, no nada más fue como solistas para el concierto doble de Bruch en el Complejo Cultural Los Pinos y en el Centro Nacional de las Artes; ofrecieron clases maestras con los jóvenes violinistas y violistas de la Carlos Chávez.”
Originarios de la capital armenia de Ereván, Ara Ghukasyan nació en 1967 y Nonna Alakhverdova dos años después. Ella declaró tras las clases:
“Los muchachos de la Orquesta Carlos Chávez poseen un nivel técnico instrumental muy bueno, son muy apasionados. Sólo deben quitarse el miedo al utilizar el arco y confiar más en su intuición.”
A pocas horas de tomar el vuelo de regreso a Ensenada, Proceso charló con la pareja durante un convite que les ofrecieran otros compatriotas en el hogar del matrimonio formado por el violinista jalisciense Luis Manuel García Peña, director del Conservatorio de Música del Estado de México, y la violoncelista (armenia también) Sona Poshotyan, del Cuarteto Aurora.
Como en casa
––Cuando escuchan la palabra Armenia, ¿qué significa para ustedes dos?
––Patria, montaña, familia ––responde Nonna en español veloz.
Y el violista Ara Ghukasyan, en castellano más pausado:
––Todos los armenios tenemos algún tipo de nostalgia, porque sabemos historias de los buenos y malos episodios que gozaron y sufrieron nuestros antepasados a través de tantos siglos. Son relatos que escuchamos en nuestra niñez y nos enseñaron a vivir ese pasado cultural, con tradiciones del respeto a la familia. Nosotros somos hai.
––¿Hai?
––Armenio. Hai. Hablamos una lengua de casi seis mil años en la historia, entonces hay muchas leyendas antiguas sobre nuestro origen.
“Ser armenio ––enfatiza Ara–– es ser una persona para servir al mundo. Por los personajes que tenemos en las artes, la ciencia o los deportes, muchos saben que los armenios no están solamente dentro del país llamado Armenia, estamos distribuidos en todo el mundo; si dentro de Armenia hay tres millones de habitantes, en el resto del planeta somos unos diez.”
Llegaron hace dos décadas a México. Relata Nonna que “justamente el 29 de febrero acabo de cumplir veinte años de mi llegada cuando tenía yo 30, para tocar en la Camerata de Coahuila, con Ramón Shade, Ara llegó tres meses antes, en noviembre de 1999”.
Los habían invitado también a Praga y a Grecia; pero Ara la convenció de venir a México, pues le había gustado mucho:
“Mejor vente para acá, porque yo aquí me quedo”, le dijo. Ya estaban casados desde 1993, y ya tenían dos hijos. A finales del 2000 nació en Torreón el tercero. Forman ya un cuarteto familiar donde tocan todo tipo de música, “¡hasta con mariachi!”
Hacia 2008 se fueron a radicar a Ensenada:
“Nos mudamos allá para trabajar como maestros de viola, violín y dirección orquestal y como músicos en la Orquesta de Baja California. Cuatro años estuvimos en Torreón, y pasamos luego a trabajar a Hermosillo con la Filarmónica de Sonora otros cuatro.
––¿Por qué México?
––Vinimos a trabajar contratados, no para buscar la aventura ––adelanta Nonna––. Uno se fortalece como persona y artista cuando es solicitado.
––¿Pero qué le gustó de México?
––Nada y todo…
Se explica:
“Si vienes a un país donde no conoces el idioma ni conoces a nadie, entonces no hay nada familiar aquí para ti. Llegamos unidos por la música, y cuando comenzamos a tocar para los mexicanos aprendimos de ustedes, así que nos hicimos de amistades hasta sentirnos totalmente realizados. México nos retroalimenta en estos puntitos de amor, enseñanza y aprendizaje. Nos gustó el arte, la comida, su lengua, la gente… Y somos de alguna forma una semilla en fomentar el arte mexicano, cual si elevas un árbol porque hay muchos jóvenes y chicas quienes son como las ramas y las hojas creciendo. Estamos más que contentos de poder servir a este país.”
De vuelta a la URSS
La abundante comida armenia preparada por Sona Poshotyan y su marido el maestro García Peña es degustada con mezcal y vino bajacaliforniano. Siguen el café y los deliciosos pasteles caseros (tipo “dedos de novia”, pero en cuadritos), entre chistosas expresiones mexicanas, el idioma “haieren” (armenio) y hasta el ruso, ya que entre los comensales está el violoncelista de San Petersburgo, Vladimir Sagaydo, con su madre.
Juguetea Ara:
“La música es mi vida y la orquesta me ha dado la oportunidad de participar en la interpretación de muchos estrenos. Aparte de ser violista en la Orquesta de Baja California, soy maestro y me gustan las fiestas y jugar ajedrez.”
En lo personal, Nonna no gusta del picante:
“Entonces sí sufrí un poquito, pero afortunadamente hasta Ara ha aprendido a cocinar muy ricos mariscos y carne asada allá en Ensenada… No provengo de una familia musical. Cuando era niña, en Armenia era muy común que los estudiantes debían tener alguna actividad por las tardes, aparte de ir a la escuela temprano, ya fuera música, o deporte, o ballet… Mi hermana tocaba piano, hice el examen pero en los maestros me encarrilaron al violín.”
Evitan tocar el tema que propone Proceso en torno al genocidio turco contra su pueblo en el contexto de la Primera Guerra Mundial, también llamado Holocausto armenio, o Gran Crimen. Nada del imperio otomano.
“Desde luego, tenemos una longeva tradición musical con mucha música para cantar y bailar en la calle; pero enfocarse a una música formal, académica, es un proceso largo cuyo desarrollo data a partir de hace un siglo, o sea, desde 1920. Fueron setenta años desde que Armenia estuvo más tranquila de algún modo, sin tantas guerras ni invasiones, y nuestro país formó parte de la Unión Soviética creciendo las oportunidades de aprender bellas artes y música clásica.”
Por ser de la URSS, la infancia armenia tuvo a su alcance “desarrollar nuestra tradición y lograr los recursos para ejercitar tres cosas importantes: el pensamiento o la mente; dos, la educación física, y tres, el espíritu”. De allí que los dos escogieron la música y eventualmente se profesionalizaron en los instrumentos orquestales de su elección, terminando carreras en el Conservatorio Estatal de Armenia en Ereván. Ara:
“Si desde los siete años comienzas a aprender una de las bellas artes tendrás un alto rendimiento completo como ser humano adulto, porque por otro lado se motiva a que exista una gran confianza entre los padres y los maestros desde la edad temprana del niño o la niña. Nuestros maestros les dijeron a nuestros papás que veían talento y porvenir en nosotros para hacer música profesionalmente.
“Lógicamente, nuestros hijos siguen esta tradición como una necesidad humana, desde niños les enseñamos música, a hacer deporte y a educarse en la cultura general.”
––¿Cuándo se dieron cuenta de que serían músicos?
––No que me diera cuenta, simplemente el río me llevó ––expone Nonna––, y a los 7 años supe que era mi vida: despierto, duermo y gozo con música.
––Yo empecé a los 6 años a tocar viola –confiesa Ara––, pero por esa época me atraía llegar a ser ingeniero, médico o deportista y me encantaba la anatomía, por ejemplo. Incluso estuve dos años practicando levantamiento de pesas, natación y lucha libre…
Siempre disfrutaron las orquestas con instrumentos de cuerdas en el folclor en su tierra natal: el kamanchá persa (“parecido al violín chino, que se toca verticalmente, un chelo pequeño”); el duduk, instrumento de viento con doble lengüeta (“ahora mundialmente conocido y famoso por utilizarse en las bandas sonoras de las películas”) y varios de percusión. Destacan el canto religioso armenio compuesto en uno de sus ocho modos, escrito en jaz, “una forma autóctona de notación musical”, canto que se remonta a tiempos precristianos. Muestran una foto tomada en Ensenada, donde acompañan a un mariachi con la melodía de Consuelito Velázquez “Bésame mucho”. Pero si de su música se trata, Nonna Alakhverdova no duda:
“La de Khachaturian. Es muy armenia. Huele a Armenia.”
Cierto: el compositor y director soviético, Aram Ilich Khachaturian (1903–1978) era de su sangre. La pareja se despide con la voz de ella:
“México tiene muchos instrumentistas talentosos; violinistas y violistas con pasión y musicalidad. Ojalá tuvieran la oportunidad de estudiar todos los niños y las niñas arte para ser músicos de alto rendimiento”.
Algo que Eduardo García Barrios intenta en Fomento Musical.








