La exposición que inicia el año 21 de la galería Kurimanzutto delata tres aspectos del ecosistema del arte contemporáneo: el protagonismo de la exhibición como evento experiencial, el agotamiento de algunas prácticas neoconceptuales, y la lucha del mercado por apuntalarlas con estrategias mercadológicas.
Diseñada como un proyecto que establece comparaciones entre la permacultura ––diseño de hábitats sustentables basado en principios éticos que contemplan el bienestar ecológico y humano–– y el concepto de exposición, Siembra es un conjunto de exhibiciones que, si bien en su discurso se compara con principios agrícolas ––“El proyecto propone un campo biodiverso”––, en su emplazamiento se reduce a una sucesión de distintas y normales muestras individuales.
En el contexto del mercado global, la exploración de nuevos modelos de exhibición es un tema cada vez más recurrente e inclusive, en la reciente edición de la feria ZsONA MACO que se celebró en la Ciudad de México el pasado mes de febrero, se incluyó una sección denominada Foro que proponía un diálogo entre galerías que se basó en abrir espacios de interconexión y tránsito entre los estands.
Dividida en siete compartimentos que permiten exhibir el mismo número de artistas, la propuesta de la Kurimanzutto también se basa en interconectar espacios de exhibición. Al compararse con la permacultura, la convivencia de diferentes creadores se significa como un “uso inteligente y respetuoso del suelo en beneficio de todos”. Sin embargo, desde una perspectiva comercial, la galería delata una estrategia para dinamizar su mercado, apuntalar la identidad innovadora de su marca, e incluir a un número mayor de creadores sin dedicarles el enorme espacio de exhibición que tiene la galería.
El compartimento más grande lo ocupa Gabriel Orozco, con las piezas bidimensionales que presentó el año pasado en el Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba. Realizada a partir de un concepto que remite a las medias de rejilla y ornamentos que usan en Cuba las mujeres que trabajan en lugares como aeropuertos, museos o bancos, la serie Veladoras Arte Universal (en referencia a que algunas mujeres trabajan por la noche) consiste en estructuras geométricas de cartón corrugado forradas de distintos modelos de medias. Decorativa y simplista, se mantiene al margen de una realidad que por un lado es resultado de la exigencia de usar medias y, por el otro, de la complicada adquisición de esa mercancía.
En un compartimento mucho más reducido, Eduardo Abaroa presenta un proyecto que, como señala la misma galería, recuerda inevitablemente a los Parangolés que realizó el brasileño Hélio Oiticica en la pasada década de los años sesenta. Con el título de Sarape–CD, Abaroa reproduce la imagen de un CD pirata en telas circulares de gran formato, intervenidas con textos ambivalentes que reivindican el derecho a subvertir la propiedad ––señalando que eso sucede en un país tranza––, pueden usarse como sarapes. En el mismo espacio, su escultura realizada con aparatos de control remoto, recuerda al sueco Michael Johansson que promueve la Galería Enrique Guerrero.
Con una selección de vasijas en cerámica con atractivos dibujos que remiten a estéticas orientales e indígenas, el Dr. Lakra recuerda la iconografía tanto de su padre, Francisco Toledo, como del pintor Germán Venegas. Y con una escultura performática de elegante poética kitsch que si no se interviene con una acción pierde su identidad, está representada la surcoreana Haegue Yang. Los otros artistas participantes son Minerva Cuevas, Wendy Cabrera y Daniela Rossell con Galen Jackson.








