De frente a la emergencia de un nuevo movimiento que alberga diversos tipos de feminismo, la antropóloga Lourdes Arizpe, autora del libro Mujeres y desarrollo en México y América Latina (1990), y cofundadora con Marta Lamas y Carmen Lugo Hubp de la revista fem a principios de los años setenta, señala:
“Me parece muy importante que, por primera vez, las mujeres somos protagonistas de un cambio social fundamental. Desafortunadamente lo somos por la rabia que nos da que no se haya corregido una situación que desde hace décadas se venía señalando en México. Ahora somos, verdaderamente, la vergüenza mundial con casi el primer lugar de feminicidios, en un país que proclama que la familia es lo más importante.”
Se le pregunta su opinión acerca de las políticas culturales “con perspectiva de género” que están planteando realizar tanto la Secretaría de Cultura como la de Relaciones Exteriores (a través de su área de Diplomacia Cultural), cuando en países como los europeos se habla de igualdad de género desde hace décadas y se aplica:
“El atraso en el cual hemos ido incurrido en México a partir del año 2000 es impresionante, deveras ¡impresionante!, con respecto al resto del mundo, por esta falsedad y la hipocresía del discurso público”.
Ante las demandas de las mujeres de justicia y equidad, las instituciones culturales del gobierno federal respondieron con la organización del Programa Nacional Equitativa, que se realizará anualmente durante el mes de marzo, en el marco del Día Internacional de la Mujer, con el propósito de contribuir a erradicar la violencia contra las mujeres. La pregunta es por qué sólo en marzo, si acaso no tendría que ser una política constante. Tras subrayar que la cultura no terminará con la violencia, responde la doctora:
“Es que regresamos al discurso político que se llenó de conceptos que ya no operan. Se repiten las mismitas frases sobre cultura desde hace 30 años, sobre ciudadanía, sobre economía. Hay una falsedad absoluta en el discurso público. Esto de la perspectiva de género me da risa, porque por ahí de los años ochenta se hablaba mucho del desarrollo, las feministas insistimos y se empezó a decir: ‘hay que incorporar a las mujeres al desarrollo’. Les preguntamos entonces ¿y las campesinas, las obreras? Ellas siempre han estado ahí, también están en la cultura, depende cómo se define.”
Se ha señalado al sistema neoliberal como una de las causas de la situación de hoy, que ha acentuado la desigualdad social y la opresión, aunque para algunas feministas su lucha es contra los hombres; por ello se le pregunta si no terminan por dividir en lugar de sumar contra el neoliberalismo:
“El feminismo ha sido penetrado muchas veces para empujar hacia el extremo del movimiento. La derecha tiene esa estrategia sistemáticamente, en todas las organizaciones progresistas, no sólo fortalecen sus partidos, sino que se meten a otros y los destruyen desde dentro, eso pasó por ejemplo en el Partido Laborista en Inglaterra”.
Desde los años ochenta, agrega, se impulsaron al interior de grupos feministas, células cada vez más extremas y vociferantes, más agresivas, al punto que las propias feministas dijeron: “No es eso lo que queremos”.
“Ninguna feminista sostiene: ‘estamos contra los hombres y queremos dominar nosotras solas’. Si lo hacen es muy sospechoso.”
La antropóloga destaca finalmente:
“Celebro que las jóvenes escritoras, periodistas, antropólogas, estén dando la lucha frontal contra los feminicidios, y lo que dice esta joven escritora Brenda Lozano (Brujas), que no ha resultado la institucionalización de la igualdad de la mujer, es cierto. Y hay que pensarlo de otra manera, ahí es donde estoy totalmente de acuerdo, hay que repensarlo, no para sustituir la lucha de las mujeres en los frentes que tenemos ya, sino para reconstruir la sociedad.”








