Eran las 13.30 y la mancha violeta concentrada en el Monumento a la Revolución era impresionante. En lugar de juntarme con mis compañeras feministas o sumarme al contingente de la UNAM, decidí pararme en la esquina de avenida Juárez casi con Bucareli para ver pasar lo que prometía ser la mayor marcha de mi vida. A las 14:00 arrancó lo que parecía un anhelo feminista finalmente alcanzado: decenas de miles de jóvenes, mujeres y niñas, inundando la calle. Como estaba programado, el primer contingente fueron las familiares y amistades de las víctimas de desaparición y feminicidio, con fotos de ellas, con cruces rosas y con carteles con denuncias desgarradoras.
Luego siguieron las mujeres con criaturas. Muchísimas madres con niñas y niños pequeños. Varias carriolas. Incluso algunas con perros cargados como niños. “Ni una más, ni una más, ni una asesinada más”. “Nunca tendrán la comodidad de nuestro silencio”. “Alerta, alerta, alerta que camina la lucha feminista por América Latina”. “Marcho con mis hijas para no marchar por ellas”.
Y después vino el estallido lúdico. Miles de jóvenes, mujeres y niñas, con pañuelos morados y verdes. “El que no brinque, es macho”, “Me cuidan mis amigas, no la policía”. Hubo consignas nuevas que me sorprendieron: “Si nosotras somos las nazis, ¿por qué somos las que morimos?”, “Me prefiero violenta que muerta”, “Se joden, se joden, somos malas y podemos ser peores”. Como era de esperarse hubo protestas contra el gobierno, “El Estado opresor, es un macho violador”, y también aludiendo a AMLO: “Sr. presidente, disculpe las molestias, nos están matando”.
De los 100 gritos y consignas que enlista el periódico Reforma (9 de marzo), solamente dos son contra AMLO. Creo que esa proporción es excesiva. Hubo, sin duda, consignas contra la 4T pero fueron mínimas. Y, mi sospechosismo me hace notar que las que brillan por su ausencia en la lista del Reforma son las consignas a favor del aborto: “Que no haya aborto legal, también es violencia patriarcal”, “Aborto sí, aborto no, eso lo decido yo”, “Ni puta por coger, ni madre por deber, ni presa por abortar, ni muerta por intentar”. La ola violeta estuvo salpicada de pañuelos verdes, incluso hubo un contingente de la Marea Verde.
Esta marcha mezcló varios reclamos. Feministas de distintas tendencias, estudiantes y profesoras de universidades públicas y privadas, sindicalistas, militantes de varios partidos, funcionarias y activistas de la 4T y un extraño conjunto de mujeres que nunca había salido a marchar, una clara minoría antiamlo. Hubo pancartas rudimentarias hechas a mano y también unas muy bien impresas.
Mujeres en camisetas con diseño, algunas “uniformadas” con unos sombreros morados. Al principio, cuando unos chicos se acercaron a ver, unas jóvenes les gritaron: “Hombres ¡afuera!” e inmediatamente otras: “Hombres ¡atrás!” Cerca de donde yo estaba parada estaba un muchacho con un cartel que decía: “Por mi madre, por mis hermanas, por mi novia”. También vi dos o tres pancartas que decían “Feminismo no es contra los hombres, es contra el machismo”.
Fue impactante ver a las jóvenes anarcas: vestidas todas de negro, encapuchadas y con máscaras antigás, cargando sus aerosoles, y algunas también con picos y mazos, todas muy organizadas. En un momento 10 de ellas, muy veloces y coordinadas, empezaron a pintarrajear la fachada de Banorte con “Estado violador” y “Verga violadora, a la licuadora”, junto con la “A” del anarquismo. Luego tiraron una manta, le rociaron gasolina y le prendieron fuego. Eso concitó la atención de las manifestantes, que les empezaron a gritar: “Sin violencia, sin violencia”.
Yo estaba cerca y a mi lado, una mujer de unos 60 años, pobremente vestida, empezó a mascullar con coraje una especie de letanía: “Que lo rompan todo, que lo quemen todo, que lo rompan todo, que lo quemen todo, etc., etc. ..”. durante largos minutos.
Llegaron las mujeres policías y con cuidado trataron de alejar a las chicas. Alguna las agredió. Aguantaron. ¡Qué disciplinadas! Me comentaron amigas que ya iban por el Zócalo que incluso las anarcas les aventaron pintura a las policías. Una encapuchada metió su mano bajo el casco de una policía y le untó una sustancia que le quemó la mejilla. ¡Aghhh!
Ya eran las 16:00 horas y todavía en el Monumento a la Revolución seguían grupos esperando salir. La gente se empezó a desesperar y de pronto hubo una primera “estampida” y se dejaron venir grupos, ya no por la calle sino por las aceras de avenida Juárez y de la Alameda. Entonces se empezaron a notar más los hombres y el clima de la marcha cambió.
Otras compañeras, que estaban del lado de la Alameda, relatan que hubo canciones, en especial la “La Llorona”. Donde yo estaba no se escuchó.
Para las 16.30 otra estampida provocó una desbandada. Agotada de estar parada durante esas tres horas, me sumé a los grupos de manifestantes que emprendían la retirada por Bucareli.
Ahora que escribo sobre este 8 de marzo estoy dividida entre mi corazón y mi cabeza. Mi corazón henchido de felicidad, mi cabeza llena de preocupaciones. ¿Qué sigue después? ¿Cómo encauzar el dolor, la indignación y el hartazgo a la construcción de una propuesta política? ¿Cómo aprovechar toda esa maravillosa energía? l








