Así se fugaron del Reclusorio Sur
Sara Pantoja
El 29 de enero tres presuntos integrantes del Cártel de Sinaloa se fugaron del Reclusorio Sur de la Ciudad de México, con la supuesta ayuda de al menos 11 custodios. El escape significó uno de los golpes más fuertes para Claudia Sheinbaum –en la ya de por sí grave situación de inseguridad que opaca a su gobierno– y confirmó que en el sistema penitenciario de la capital hay una red de corrupción entre internos y autoridades.
“Sin novedad”. Tal fue el reporte que los custodios del segundo turno emitieron entre las 19:30 y las 20:10 horas del 28 de enero, tras el pase de lista habitual en las zonas 1 y 2 del área de Ingreso del Reclusorio Preventivo Varonil Sur de la Ciudad de México.
Aquella noche todo transcurría con aparente tranquilidad en el penal de mediana seguridad ubicado en la colonia San Mateo Xalpa, alcaldía Xochimilco, donde cumplen condena o esperan sentencia 3 mil 334 personas.
Hasta entonces, en las celdas 7, 8 y 9 estaban Víctor Manuel Félix Beltrán, El Víc, presunto operador financiero de la familia de Joaquín El Chapo Guzmán; así como Yael Ozuna Navarro y Luis Fernando Meza González, presuntos integrantes del Cártel de Sinaloa. Los tres estaban a punto de ser extraditados a Estados Unidos bajo cargos de delitos contra la salud, asociación delictuosa, lavado de dinero y distribución de sustancias controladas en aquel país.
Aquella habría sido una noche menos de espera para su inminente extradición. Sin embargo, entre las 21:00 horas del martes 28 y las 01:00 siguientes, las cámaras de videovigilancia de las zonas 1 y 2 grabaron movimientos inusuales de al menos cinco internos y tres custodios. Pero ningún funcionario alertó a sus superiores.
Un plan minucioso
Las autoridades no tienen claro en qué momento ocurrió, pero las rejas de las celdas 7, 8 y 9 quedaron abiertas, pues ni Raúl “N” ni Arturo “N” –los custodios encargados de ponerles el candado obligatorio– cumplieron su responsabilidad, según acusó el fiscal antisecuestros, Luis Fernando Trejo.
Lo mismo pasó con las rejas de las cinco puertas siguientes, ubicadas en el único camino existente para salir del reclusorio, en funcionamiento desde 1978. Ni Enrique “N”, responsable de los candados de la zona, ni Adrián “N”, el jefe de grupo de custodios encargado de candados, lo reportaron a sus superiores.
Eran las primeras horas de la madrugada. El Víc, Yael y Luis Fernando emprendieron el escape sin obstáculos y sin nada más que la ropa que vestían. Uno de ellos se dio tiempo de acomodar prendas sobre la plancha donde dormía y taparlas con una cobija para simular que aún estaba ahí.
En absoluto silencio, pero apresurados, los tres caminaron por la estancia 6, que estaba vacía. Ahí encontraron que uno de los barrotes de seguridad había sido previamente cortado para que ellos pudieran salir. El plan iba bien. Aquel hueco los llevó a bajar un metro y medio para llegar a una segunda área común, donde había una malla ciclónica que dividía el camino hacia la planta baja.
Al llegar ahí encontraron dos pinzas para cortar alambre, que alguien les dejó como parte del plan de fuga. Esas herramientas fueron introducidas al penal pese a los equipos detectores de metal recién instalados en las aduanas, como reporta la página en internet del Sistema Penitenciario.
Los segundos corrían pero nada alertaba a las autoridades de la fuga. Tras cortar la malla, los fugitivos recorrieron unos 20 metros sobre el pasto hasta donde había una escalera de madera construida a escondidas por algunos internos cómplices. Con ella subieron al muro que rodea los 152 mil 16 metros cuadrados del reclusorio, hacia la Torre 1 de vigilancia. Eduardo “N”, el custodio encargado de supervisar cada movimiento desde ese punto, tampoco reportó nada.
Incluso, no se sabe si alguna de las 65 cámaras de monitoreo que hay en el reclusorio logró captar imágenes de la fuga y de quienes colaboraron con ella.
Al seguir esa barda, bajaron al llamado “cinturón interno”, donde están los vehículos oficiales que llevan a los internos al hospital o a las audiencias de sus juicios cuando se realizan fuera del reclusorio. Por protocolo, todos los traslados siempre se hacen con vigilancia de personal del Sistema Penitenciario.
Los custodios Daniel Iram “N”, Antonio Sebastián “N” y Roberto “N” fueron captados por cámaras de vigilancia alrededor de la camioneta B-162 estacionada en la zona de Aduanas. Ese vehículo estaba autorizado para trasladar al interno Víctor Manuel “N” al hospital Rubén Leñero, en la colonia Santo Tomás, alcaldía Miguel Hidalgo, para que le practicaran un estudio de imagenología. Esa fue su primera salida programada de 2020. En diciembre de 2019 fue trasladado cuatro veces a la Torre Médica Tepepan, exclusiva para atender a internos del Sistema Penitenciario.
La camioneta se echó en reversa un par de metros hasta un punto donde la cámara de vigilancia no alcanzaba a grabar lo que ocurría en la parte trasera. En ese momento los tres reos habrían abordado la unidad.
“Muévete al rincón”, le ordenó al interno una de las personas que subieron al vehículo. Al parecer era uno de los custodios. Luego, “ingresaron tres personas, seguidas de otros dos custodios”, dijo Víctor Manuel en su declaración ministerial. Ello coincide con lo que muestra uno de los videos: dos uniformados –conductor y copiloto– subieron a la unidad.
Ni Víctor Hugo “N”, custodio encargado de la revisión de vehículos en la aduana, ni los otros tres guardias aplicaron el protocolo de seguridad para la salida de vehículos: exploración por debajo de la cabina, así como su interior y la caja trasera o cajuela. Tampoco hicieron el registro de la bitácora de ingreso y egreso del vehículo.
Por el contrario, dos individuos vestidos de negro y con gorra del mismo color subieron rápidamente a la camioneta y otro más accionó el sistema para abrir el portón. El vehículo salió veloz. El reloj de la cámara marcaba las 05:50 horas.
“Di que ibas dormido y no te diste cuenta de la fuga”, le ordenó uno de los custodios, “el de lentes”, a Víctor Manuel, ya en pleno escape, y le ofreció dinero: entre 100 mil y 200 mil pesos por guardar silencio.
El interno hizo rápidamente cuentas. Le faltaban dos meses para cumplir su sentencia por robo calificado y asociación delictuosa. No valía la pena. Se negó a ser cómplice. Lo amenazaron de muerte.
Sin poder hacer nada, sólo guardó silencio. Calculó el tiempo que circuló el vehículo: poco menos de una hora hasta que los tres internos bajaron de la unidad. Pero no supo dónde estaban.
La camioneta B-162 circuló por Viaducto Tlalpan, División del Norte, 20 de Noviembre, Izazaga, Eje Central, Hidalgo, Puente de Alvarado, San Cosme e Instituto Técnico Industrial, de acuerdo con el seguimiento del C5. Ya cerca del hospital, pasó por la esquina de las calles Plan de San Luis y Salvador Díaz Mirón, en la colonia Santo Tomás, alcaldía Miguel Hidalgo, al menos tres veces en menos de 10 minutos, entre las 07:15 y las 07:21 horas.
Pero en el C5 los operadores no hallaron el punto en el que los fugitivos bajaron y, probablemente, huyeron en otro auto que ya los esperaba.
Minutos después la camioneta entró al hospital. Víctor Manuel “N” fue sometido a su estudio médico y, como si nada hubiera ocurrido, volvió a entrar a la unidad y ésta regresó al Reclusorio Sur a las 12:51 horas.
Protocolo… en vano
A las 05:30 horas del miércoles 29 de enero, Óscar Labastida, subdirector de Seguridad del reclusorio, pidió un informe por radiofrecuencia. Media hora después, a las 06:00 horas, recibió un “sin novedad”, según un reporte interno de la Secretaría de Gobierno al que tuvo acceso la reportera.
Poco antes de las 07:00 horas, personal de seguridad pasó lista en el dormitorio de ingreso y hasta entonces se conoció la fuga. Los custodios encargados avisaron de la ausencia a sus compañeros y superiores. Labastida dio la orden: “¡Código rojo! ¡Protocolo de evasión!”. Se cerraron todos los accesos del penal. Custodios y elementos de seguridad comenzaron a buscar a los reos por cada rincón, mientras los superiores avisaron a la Secretaría de Seguridad Ciudadana y a la Fiscalía General de Justicia capitalina.
Afuera del penal la policía buscó a los reos en las colonias cercanas y los directivos avisaron a las autoridades federales para estar atentos en las aduanas del país. También se activó la alerta en los 13 centros penitenciarios de la ciudad, con sus 24 mil 766 personas privadas de su libertad, para evitar motines y otros intentos de escape.
Para entonces ya estaba reunido el gabinete de seguridad en el tercer piso del Antiguo Palacio del Ayuntamiento, en la oficina de la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum. La mandataria ya sabía de la fuga y otros integrantes se enteraron ahí.
La secretaria de Gobierno, Rosa Icela Rodríguez, expuso la información y algunos videos que hasta ese momento se tenían del escape; dijo que ya estaban detenidos algunos custodios por su presunta complicidad.
Con un rostro que no variaba en su seriedad común, Sheinbaum hizo muchas preguntas: ¿cómo? ¿quiénes? ¿a qué hora? ¿por qué? ¿quién no estaba? Los detalles mínimos de la fuga. “Hay que revisar y reforzar toda la seguridad del sistema penitenciario”, indicó, y pidió poner énfasis en el estado de las cámaras de videovigilancia. “Hay que insistir en que los presos por delitos federales sean trasladados a penales de máxima seguridad”, ordenó.
A las 08:18 horas, la Dirección Ejecutiva de Seguridad Penitenciaria recibió la noticia de la evasión. Tres minutos después (08:21) se le avisó al subsecretario del Sistema Penitenciario, Antonio Hazael Ruiz, quien lleva al menos siete años en el puesto y conoce mejor que nadie las entrañas de las cárceles capitalinas.
A las 09:00 horas, Ruiz llegó al reclusorio para revisar la situación y verificar el resguardo de las instalaciones, en especial la ruta que usaron los internos para escapar, a fin de que la fiscalía comenzara la investigación.
Casi a la misma hora, en el gobierno central se instaló una “mesa de crisis” encabezada por la secretaria de Gobierno, quien minuto a minuto recibía los reportes de las acciones para buscar a los evadidos. También se comunicaba con integrantes de la Secretaría de Seguridad federal.
Casi cuatro horas después, a las 10:51, la fiscalía capitalina comunicó que “investiga la evasión de tres internos del Reclusorio Sur”, aunque la Policía de Investigación, Ministerio Público y peritos no llegaron al penal sino hasta las 11:15.
Pasadas las 13:00 horas, cuando ya la noticia estaba en todos los noticiarios del país, Rosa Icela Rodríguez ofreció una conferencia de prensa. “Se han hecho públicas las fotografías de las personas evadidas. Les pedimos apoyo para denunciar al 911 y de manera anónima al 089, en caso de tener información sobre su paradero”, dijo.
Hasta el cierre de esta edición (28 de febrero), 11 custodios han sido vinculados a proceso y están en prisión preventiva oficiosa por el delito de evasión de presos agravada, como probables coautores materiales de la fuga. Varios han dicho que están amenazados de muerte. Omar Tonatiuh Zamora Mendoza, encargado de despacho de la dirección del reclusorio, y Óscar Labastida Galván, jefe de seguridad, fueron destituidos. El juez que lleva el caso asegura que debe haber más funcionarios cómplices.
Todavía se ignora el paradero de los tres fugitivos.








