Ópera 2020, otra vuelta de tuerca

El 13 inició la temporada 2020 de la Ópera de Bellas Artes, que equivale a decir la ópera nacional ya que, desafortunadamente, en ningún otro estado de la República se realizan temporadas formales.

El anuncio debiera alegrarnos totalmente pero, dados los datos distribuidos por las autoridades respectivas, no es así porque, una vez más, se repite la historia que viene de los últimos años del siglo pasado, cuando Sergio Vela y su equipo se hicieron de la Dirección de Ópera, y con el señuelo de “la excelencia” –que nunca apareció durante su mandato–, redujeron el número de títulos a presentar durante el año, dejándolo en 7, y fuera a la mayoría de los cantantes mexicanos que sustituidos, las más de las veces, por importados de menor calidad.

Hoy, dada la nada boyante situación económica, algunos de nuestros cantantes vuelven al escenario, ya que cobran en pesos no en dólares ni euros, pero el número de óperas a presentar sigue siendo el mismo, 7. El de funciones, el consecuente, 4 por título.

No obstante, el ahora INBAL encabeza su boletín informativo diciendo que “fortalecerá su proyecto operístico y dará mayor apoyo al talento mexicano”. Dados los números arriba mencionados, no se sabe cómo ya que la cantidad de funciones a presentar sigue siendo la misma y, claro, los cantantes que en ellas participen, también.

O sea, más de lo mismo, una vuelta de tuerca más.

Ni por asomo se habla de sacar la ópera del sagrado recinto de Bellas Artes, lo que deja –de nuevo lo subrayamos– sin posibilidad de disfrutar (ni siquiera conocer) la ópera a la inmensa mayoría de habitantes de nuestra ciudad que, conservadoramente, es de “sólo” 20 millones.

Los directivos no ignoran, pero les tiene sin cuidado, el que tenemos otros recintos en los que la ópera podría ofrecerse y que, por su localización, atraerían nuevos públicos.

“El espectáculo sin límites” el que a la gente común y corriente, al ciudadano típico cuya preocupación principal es ganar el pan de cada día, ese que piensa con razón por el tratamiento y manejo que se ha hecho de la  ópera, que ésta es sólo para la “gente bien”, la “gente que sabe”, la que “entiende”… Ya eso de buscar otras formas ni siquiera se piensa. “Pa´ qué si así estamos bien, qué necesidad hay de salir de mi zona de confort. Con siete títulos, un par de ellos de relumbrón o “novedosos” y un par de figurones, de esos que de verdad dan lustre, con eso ya la hicimos, con eso está más que justificada nuestra chamba por un año”.

Es penoso, pero cierto: La 4T ni siquiera se ha asomado a la ópera, y a como están las cosas, tampoco las transformará. Un espectáculo maravilloso capaz de auténticamente crear una gran conciencia social si se pone al alcance de la gente, de miles y miles de personas –no sólo de unos cuantos–, sigue, y parece que seguirá, absurdamente, recluido en un solo recinto.