El vogue de Benji Hart continúa fiel al espíritu de dignificación como lo fue para negros, latinos y homosexuales en los ochenta en Harlem, Nueva York.
Sin los accesorios que pertenecen a este estilo de baile (es decir el maquillaje, los brillos, los trajes y las marcas), este artista de Boston lo presentó. Eso, la pureza de glamour, fue lo más puntual de su performance, El bailarín como insurgente, en el Museo Universitario del Chopo, el 14 de febrero.
La sofisticación de Hart no estuvo en el traje, sino en su postura política frente a los inevitables fenómenos de popularización y comercialización del estilo alrededor del mundo.
Él se situó completo en la Sala Sur del museo: En un primer nivel, se paró bien, con la espalda recta y compacta, y los pies juntos, en la amplia extensión de aquel espacio, enmarcado con el florido tapiz de escala monumental del también artista estadunidense Rashaad Newsome; en un segundo nivel, nombró con volumen fuerte a las leyendas del movimiento de los ochenta, Dorian Corey, Pepper LaBeija, Venus Xtravaganza, Willi Ninja y Octavia St. Laurent, sus predecesoras.
En ese acto, el artista se emplazaba como un soldado de la historia del vogue, ensombrecida por su condición actual de mercancía. Hizo aquellos nombramientos para recordar a las personas y sus símbolos de dignidades negra y homosexual, que permanecen abajo de la plataforma de espectáculo de desfiles y competencias del voguing hoy en día.
Si en la década de los ochenta esas figuras, marginadas y vulnerables, se empoderaban a través de este baile y su parafernalia, y reivindicaban su derecho a formar parte de la vida “feliz” de los blancos de los Estados Unidos, actualmente el reclamo de Hart se compone de los valores histórico y social para contrarrestar la despolitización de este estilo.
Como un acto dos, el bailarín volvió a emplazarse, esta vez de frente a una fracción del público, mientras el resto lo miraba desde la perspectiva lateral. Ahí situado, expuso su propio método para mover, sofisticadamente, las manos –el hands performance es uno de los elementos característicos del vogue, cuya fuente son las poses de modelos de revistas de moda–. Un ejemplo puede encontrarse en el famoso y glamoroso videoclip de la canción del mismo nombre de Madonna. Aunque, también hay otras referencias como Paris is burning (1991), documental de la cineasta Jennie Livingston.
En su exposición, Hart fue pulcro en las formas espirales que las manos adoptan y las extensiones ondulatorias de los brazos, así como en la asimetría de los mismos. Mostró la dimensión mecánica de esos movimientos que requieren de autoanálisis y práctica autodidacta.
En el acto tres narró su iniciación en el voguing: A solas y frente al espejo horas, a los 16 años de edad.
El Museo Universitario del Chopo, en colaboración con el Centro de Arte Dos de Mayo de la Comunidad de Madrid, está exhibiendo la muestra Elements of Vogue. Un caso de estudio de performance radical, desde noviembre del año pasado. El recorrido asocia baile y resistencia como un indisoluble que la humanidad le debe a la raza negra. De esta exposición formó parte la obra performativa de Hart consecuentemente.
Como acto cuatro, y último, el artista hizo el siguiente pronunciamiento: “El bailarín como insurgente”, título de su performance, entre otras frases poéticas-combativas.
La obra giró en torno al derecho a la memoria del valor social del voguing como un activismo actual frente a la moda y su vaciamiento inherente, las cuales son sus amenazas hoy.








