Muñoz Ledo: El auténtico riesgo, la violencia criminal

El diputado federal Porfirio Muñoz Ledo, expresidente nacional del PRI y del PRD, minimiza la crisis que vive su actual partido, Morena, y apunta que el verdadero riesgo para el país está en la inseguridad y la violencia que lo atenazan. Claro en su apoyo al presidente López Obrador, el legislador insiste en que México está inaugurando un nuevo ciclo histórico, la Cuarta Transformación, porque hay una clara “inflexión ideológica” y sobre todo porque la de 2018 es la primera elección en la historia de México en la que no hubo dudas sobre su limpieza y legalidad.

Con la experiencia de haber presidido dos partidos políticos, el hegemónico PRI y el opositor PRD, Porfirio Muñoz Ledo minimiza los conflictos internos de Morena y advierte que el verdadero riesgo para el proyecto de la Cuarta Transformación es la violencia criminal que no cesa.

“Me preocupan mucho más el gobierno y el país que el partido; no se puede descomponer al nivel de que ya no sirva. Lo que es verdaderamente preocupante es la situación en el país. La inseguridad y la violencia. Es tremendo”, enfatiza Muñoz Ledo.

Impulsor y “coautor” de la Cuarta Transformación, cuyo ciclo histórico prevé que dure tres sexenios, que se inician con el del presidente Andrés Manuel López Obrador, advierte que el fenómeno criminal es el obstáculo. “El gran problema de este ciclo es la violencia”.

Añade: “El problema del país es, sin duda, la seguridad. Y ni modo de que estemos echando la culpa a los de atrás, como el neoliberalismo. Aquí sí nos la heredaron: La violencia se desató en nuestro país en el gobierno de Felipe Calderón”.

–¿Ve usted que la violencia pueda minar al gobierno?

–No veo un gobierno calcáreo, es decir, que se endurezca. No lo veo. Pero hay que tener cuidado, no estamos apostando a una confianza ciega. El gobierno debe ser muy poroso al movimiento de la ciudadanía y atender demandas inmediatas.

A un año del inicio del gobierno, que fue también el más violento en la historia contemporánea, con más de 34 mil homicidios dolosos, reconoce que si bien López Obrador resolverá problemas, también dejará pendientes. “El sexenio va a terminar, como todos, con muchos problemas. ¡Es el sexenio de arranque del nuevo periodo!”.

–¿Va a terminar el sexenio con muchos problemas?

–Todavía, claro, porque estamos arrastrando con el pasado, con el tema de la violencia. Va a terminar con muchísimos problemas que existen, pero va a crear bases para otro periodo, nuevas instituciones, nuevas formas de conducta, va a reducir sensiblemente el tema de corrupción y va a distribuir suficientemente el ingreso. Ese es un tema muy complicado.

En entrevista sobre Morena, su partido, el diputado federal insiste en que el conflicto entre facciones y la judicialización de su vida interna es un tema “muy secundario y muy efímero”, porque el principal problema para cimentar un nuevo ciclo histórico de tres sexenios, que apenas se inicia, son –insiste– la inseguridad y la violencia.

A sus 87 años, Muñoz Ledo cree que el diputado federal con licencia Alfonso Ramírez Cuéllar es el indicado para encabezar Morena, tal como lo decidió el VI Congreso Nacional Extraordinario, impugnado por la secretaria general, Yeidckol­ Polevnsky.

“La persona adecuada para calmar las aguas, a quien conozco desde que era muy joven, es él”, subraya Muñoz Ledo, quien explica la crisis de Morena por la disputa de las candidaturas a diputados federales, gobernadores, alcaldes y diputados locales, además de la falta de organicidad que ha arrastrado la izquierda en su historia.

Sin embargo, aclara que el éxito o el fracaso de Morena en la elección intermedia de 2021 está fincado en el presidente López Obrador, cuya aprobación es de alrededor de 70%.

–¿Los conflictos en Morena no ponen en riesgo la mayoría en la Cámara de Dipu­tados y al gobierno?

–No lo creo, porque depende mucho más de que Andrés Manuel como presidente conserve el nivel de aceptación de la gente; es mucho más importante Andrés Manuel que la organización del partido. Así es.

Explica: “Si conserva una cuota arriba, la gente va a votar por él de todas maneras, que es uno de los secretos de esto. Yo no diría que la gente votó por mí, con todo respeto, porque además fui plurinominal, y Andrés Manuel arrastró, claro”.

–¿Pero un partido cohesionado no da mayor garantía de que se retenga o se amplíe la mayoría?

–Un partido más cohesionado permite más victorias en cargos de segundo y tercer orden de gobierno, en un municipio, en estados, pero a nivel nacional no hace gran diferencia. Es lo que yo creo.

Sobre la relación de López Obrador con Morena, Muñoz Ledo cree que es positivo que se mantenga esa separación: “El tema aquí es que el presidente no interfiere en las cosas del partido; es la verdad, él está ocupado en otros menesteres”.

–¿Y no debe intervenir?

–Yo creo que no, porque o gobierna o se mete. Aquí el tema son las candidaturas.

 

La “organicidad”

 

Muñoz Ledo recuerda que en la izquierda partidaria nunca ha habido organicidad, como él lo pudo comprobar cuando presidió el PRD (entre 1993 y 1996) al suceder a Cuauhtémoc Cárdenas y antes de heredarle la dirigencia a López Obrador.

“Desde la desaparición del Partido Comunista, la izquierda en la que yo he militado, ajena a la izquierda del PRI a la que yo pertenecía, nunca ha tenido verdadera organicidad.”

Y ahora Morena, como el PRD, tampoco tiene organicidad. “Es muy parecido: Andrés Manuel frente a una gran masa y un voto duro, eso sí, que ahora sí cuenta. Entonces hay una versión según la cual no se necesita organicidad, porque de todas maneras los votos entran a las urnas no por las personas, sino por el movimiento dirigido por Andrés Manuel”.

Añade: “Ahora, además de eso, está tendiendo problemas internos bastante fuertes. ¿Por qué? Porque se necesita un mínimo de organicidad para seleccionar quiénes van a ser los candidatos. Ahí es donde está la contradicción. Los candidatos no pueden ser electos a mano alzada”.

Para Muñoz Ledo, más que Morena, lo importante es que se cimente un proyecto de tres sexenios, la Cuarta Transformación o la “Cuarta República”, como han sido los ciclos históricos en México.

“¿Cuál es la dirección? Para mí son estos elementos fundamentales: un movimiento fundamentalmente de conciencias y de conductas públicas, completadas con nuevas instituciones en un sentido doble, que es un tema de la izquierda: igualdad y libertad. Ahí está la ecuación.

“El secreto de la izquierda democrática, en la que yo siempre he creído, es un equilibrio entre la igualdad y la libertad. En ese sentido porque es la distribución del ingreso, transferencia de recursos, descentralización de la vida del país, pero también capacidad crítica.”

El legislador recurre a la historia para ilustrar los ciclos de 18 años: los periodos de Álvaro Obregón y el maximato de Plutarco Elías Calles; los sexenios de Adolfo Ruiz Cortines, Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz, y luego los de Luis Echeverría y José López Portillo.

–Pero el neoliberalismo no duró 18 años –se le comenta.

–Miguel de la Madrid es el arranque y siguen Carlos Salinas y Ernesto Zedillo, y luego Vicente Fox, Calderón y Enrique Peña, pero el último es tesis, antítesis y síntesis.

Por eso, dice, López Obrador inaugura un nuevo ciclo histórico: “Entonces el tema de la Cuarta Transformación, el quid de la cuestión, es que hay que construir algo nuevo sobre lo antiguo, porque no es una revolución que destruye hasta los cimientos”.

Crítico de algunas decisiones de López Obrador y su gobierno, como la política migratoria y sobre los organismos constitucionales autónomos, Muñoz Ledo niega ser un disidente, como sí lo fue en el PRI y en el PRD ante Cuauhtémoc Cárdenas.

“Aquí no es el caso. No tengo una forma abierta de disidencia. Yo no tengo problema con Andrés Manuel; es más, yo sostengo que tenemos una relación telepática, a veces menos, pero sé más o menos por dónde va ir. A veces me da sorpresas. Tenemos 29 años de trabajar juntos”.

Por eso confía en que en este sexenio se inaugure un ciclo histórico para México.

“Podríamos esperar que la elección de López Obrador abra no sólo un ciclo, sino quizá un periodo, por dos razones: porque la inflexión ideológica es muy fuerte y sobre todo porque es la primera elección en la historia de México en la que no hay ninguna duda sobre que hubo comicios limpios, legales y claramente mayoritarios.”

–¿Se puede hablar ya de un cambio de régimen?

–En ese sentido estaríamos hablando de un cambio de régimen. Es cuando menos un cambio de ciclo, un cambio de periodo y muy probablemente un cambio de régimen, que es lo que estaríamos esperando los que creemos en eso.

–Ante esto, ¿qué representa el pleito de Morena?

–Me parece muy secundario y muy efímero. Habrá otras manera de expresión política. Desgraciadamente no viviré para verlo.

“¿Qué va a pasar aquí? Lo que a mí me gustaría, lo que yo desearía, porque desgraciadamente ya no lo voy a vivir –eso sí ya no tiene remedio, porque la edad pasa– que este ciclo terminara bien, en un mismo sentido, con paz social”.