La protesta feminista deja huella gráfica en la UNAM

Para las activistas de Mujeres Organizadas Facultad de Filosofía y Letras, que mantienen el control de esas instalaciones en Ciudad Universitaria, su movimiento no es comparable con anteriores huelgas estudiantiles. Por eso pugnan por garantizar que sus expresiones gráficas, como murales y pintas con sus consignas, no sean “criminalizadas” ni borradas, ya que con ellas buscan “visibilizar este momento” y fomentar la discusión sobre la violencia de género en la casa de estudios.

“No hay hombres feministas”, “aunque sea homosexual macho se queda”, se lee en las pintas del costado de la Facultad de Filosofía y Letras que da a las islas en Ciudad Universitaria, al lado derecho de la Torre de Rectoría de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Son expresiones del movimiento de las Mujeres Organizadas Facultad de Filosofía y Letras (MOFFyL), que el martes 4 cumplió tres meses de haberse pronunciado contra el acoso y la violencia de género. El descontento derivó posteriormente en manifestaciones y paros en otras facultades, así como planteles de la Escuela Nacional Preparatoria y del Colegio de Ciencias y Humanidades. Hasta el viernes 7 persistían las tomas de la Prepa 9 y la FFyL, las más duraderas.

Sin embargo, las pintas que se leen entre el primer y tercer piso de la FFyL son una mínima parte respecto de las que se realizaron adentro: son cerca de 40 murales, cuya conservación exigen las feministas en el noveno de los 11 puntos de su pliego petitorio:

“Documento firmado en el que se aseguren las no represalias y no criminalización a las estudiantas organizadas. No criminalización de la manifestación gráfica y murales dentro de las instalaciones, así como su no eliminación”.

En entrevista telefónica con Proceso, siete integrantes de MOFFyL, bajo los seudónimos Efi, Cerebro, Guayaba, Matilda, Mapacha, Pudul y Toronja, defienden esos murales porque, desde su punto de vista, quitarlos sería reprimir y callar su movimiento; por el contrario, dicen, si se quedan allí pueden propiciar las discusiones sobre la violencia de género.

Efi: “Muchas de nosotras hemos participado en hacer las pintas y los murales, pero también hay chavas dentro de la comunidad que, aunque no están aquí (en la facultad), nos han contactado y nos han pedido entrar a trabajar y plasmar su arte; así lo han hecho. En general todas las pintas al interior tienen que ver con la violencia de género”.

Al preguntarles si las frases en el costado de la facultad representan su movimiento y qué piensan sobre las críticas a su radicalismo, comenta Toronja:

“Es lo que entendemos sobre la presencia y el accionar de los hombres con sus actitudes. Entiendo que a los ojos de los que no están informados les suene radical o violento, pero es innegable que, sea la orientación que tengan, no dejan de ser machos”.

–¿Biológicamente?

–Pues sí, es que aun siendo homosexual macho se queda…

Matilda: “Creo que el hombre nace con el patriarcado, bajo un régimen machista. Sean o no educados en familias machistas, siempre se van a topar con alguien de quien lo aprenden. Aunque se hagan llamar deconstruidos o aliados, en realidad no es cierto, no cambian su pensamiento y actitudes. Lo he visto con novios de mis amigas, que se hacen llamar deconstruidos pero las cuestionan por su forma de vestir, con celos, ofensas… Para mí son los vivos ejemplos de que machos se quedan”.

–¿La mujer también tiene que ver con el fomento del machismo?

Matilda: “El machismo nace en la casa, las mujeres lo reproducimos inconscientemente porque así nos educan, que tengo que servirle a mi hermano, que tengo que vestirme de tal o cual forma…, pero es difícil erradicarlo desde casa porque están los abuelos, los tíos y, como dice el dicho, no le puedes enseñar trucos nuevos a un perro viejo”.

Cerebro: “Convivimos en la misma sociedad y es necesario recordar que todo aquello contra lo que luchamos existe en nosotras. El patriarcado está en nosotras, pero no es lo mismo la opresión machista de un hombre a la de una mujer… también me parece que la idea de que la mujer da origen al machismo, de que las madres producen el machismo, es misógina porque responsabilizan a las mujeres de la opresión que los mismos hombres cometen”.

 

“Juguito de feminismo”

 

Las activistas no dicen exactamente cuántos murales y pintas realizaron en la FFyL, pero éstos ocupan paredes de pasillos, salones y baños, incluidos los de hombres, donde retiraron las separaciones de los mingitorios.

Sobre esto dice Guayaba: “Quitar las separaciones tiene un sentido porque no les importa mandarnos fotos de sus genitales, pero entre ellos no se quieren ver. Al quitar las separaciones se ven obligados a verse y develar la fragilidad masculina que esconden; tiene un sentido social”.

Pudul: “La idea de los murales es justamente reapropiarnos de espacios y visibilizar nuestras ideas, y lo más importante es que están hechos de mujeres para mujeres”.

A decir de las entrevistadas, las pintas, frases y murales del interior de la facultad –la mayoría ejecutados con pintura de aceite y aerosoles– son “mensajes de acompañamiento, de apapachos, de recordatorios de que no estamos solas”.

Ellas mismas proporcionaron fotografías donde se aprecian figuras femeninas, corazones que laten, llamas y rostros, pero también consignas: “Yo abortaría por si se hace policía”, “Mi útero, mi decisión”, “En este pasillo caminan, resisten mis hermanas”, “Ni sumisa ni obediente, mujer fuerte, independiente” y “Nos van a escuchar”, junto al dibujo de un envase de cartón con la leyenda “jugito de feminismo” (sic).

–¿Se sienten escuchadas? –se les plantea.

Pudul: “Sólo entre nosotras; en realidad las autoridades se han negado a ­escucharnos”.

–Para ustedes, ¿qué contiene ese envase que dice “juguito de feminismo”?

Pudul: “A título personal, me gusta pensar que contiene todo lo que me ha ayudado a ser lo que soy en este momento, que me ha salvado, acompañado y a su vez ha ayudado a otras compañeras”.

Guayaba: “Quiere decir que lo que hacemos lo hacemos desde nuestro contexto”.

En sus recientes diálogos con las autoridades universitarias, MOFFyL mantuvo su postura de trabajar por la solución de las demandas y no reducir el diálogo sólo a la entrega de las instalaciones, informaron en el comunicado que subieron a su página de Facebook.

Las respaldan colectivos como Restauradoras con Glitter, integrado por mujeres dedicadas al estudio y conservación de las herencias culturales que el pasado 15 de enero difundieron en las redes sociales su apoyo a MOFFyL. En su documento señalaron que “la lucha de las compañeras universitarias es de todas las mujeres” y reiteraron “el respeto al registro de las denuncias pictóricas expresadas en los espacios, como parte fundamental de la lucha histórica de Mujeres Organizadas FFyL”.

“Visibilizar el momento”

Las activistas rechazan compararse con movimientos universitarios previos.  A decir de Mapacha, “estamos en otro momento, nuestra lucha es distinta, no tiene nada que ver con lo que se hizo antes; no nos interesa tener las paredes intactas o pulcras, lo que queremos es visibilizar este momento”.

Al preguntarles si aún creen en el diálogo, responde Pudul: “Esto se fundamentó desde el diálogo, sobre todo entre nosotras, y en este punto no hay vuelta atrás. Pero que no confundan un diálogo con ceder”.

Algunos de los movimientos que han dejado huellas gráficas en la UNAM son los siguientes:

El 10 de agosto de 1960 se dinamitó la estatua del entonces presidente de la República, Miguel Alemán, ataviado con toga y birrete, que se colocó frente a la Torre de Rectoría. Las autoridades recubrieron los restos con láminas acanaladas, que a su vez fueran pintadas en colectivo por algunos de los más representativos artistas del llamado Salón Independiente.

Durante el movimiento de 1968, los estudiantes de San Carlos participaron en las protestas con obras gráficas de alta significación combativa y artística. Las dos más conocidas son La paloma de la paz, que representa a ésta atravesada por una bayoneta militar y con la frase oficialista “Todo es posible en la paz”, y ¡Libertad de expresión!, de Adolfo Mexiac, miembro del Taller de la Gráfica Popular, que muestra el rostro de un joven con una cadena en la boca (Proceso, 2187).

El 22 de julio de 1999, durante la huelga que se prolongó hasta el año siguiente, los estudiantes Carlos Anaya, Óscar Carrillo y José Roberto Espinosa Rojas (Roco), que pertenecieron al Consejo General de Huelga, fueron acusados de dañar el mural Las fechas en la historia de México o el derecho a la cultura, esculto-pintura de David Alfaro Siqueiros en la Torre de Rectoría. En esa obra el artista enlistó fechas trascendentes: 1520, 1810, 1857, 1910 y, en rojo, “19??”. Completar los signos de interrogación para que esta última cifra fuera “1999” les valió a los jóvenes un proceso judicial por agresión a la cultura que llevó a Roco a la cárcel.

Entrevistada al respecto, la crítica de arte Raquel Tibol refirió en aquel entonces: “¿De qué se trata, por qué tanto lío? A lo mejor esa fecha que se puso de este año no es tan gloriosa como supone un grupo de estudiantes, pero se acaba el siglo, ya no habrá ningún año de 1900, así que de eso se trata, de poner la fecha de este año” (Proceso, 1187).

Durante la misma huelga, dentro de la FFyL los estudiantes reprodujeron a gran escala el famoso mural del renacentista Rafael Sanzio (1483-1520) La Escuela de Atenas, que colocaba en el centro a Platón y a Aristóteles. En una parodia de esa obra, los jóvenes colocaron a Carlos Marx y Federico Engels rodeados de Charles Darwin, Sigmund Freud, León Trotsky, Albert Einstein, Charles Chaplin, William Shakespeare, Friederich Nietzsche, Emiliano Zapata, Ernesto Che Guevara y hasta Germán Valdés Tin Tan. Titularon su pintura La Escuela de Apenas.08