El cineasta en “Los que no somos Hollywood”

Hermosillo fue uno de los 38 ponentes durante del simposio internacional “Los que no somos Holly­wood”, convocado por la actriz María Rojo en el Centro de Capacitación Cinematográfica del Centro Nacional de las Artes de la Ciudad de México, del 28 de septiembre al 1 de octubre de 1998. En el texto, el aguascalentense delinea su canon como realizador.

Me era absolutamente imposible negarme a participar en este simposio, por la importancia y la nobleza que implica, por lo que se está luchando y por mi fascinación y amor a María Rojo. Debo decir que cuando la semana pasada me dijeron mándanos la ponencia, temblé y dije: “Pero cómo, ¡tiene que estar escrita! Les puedo decir un título”, y ni el título tenía y dije: “Pues bueno, ¡Viva Babel!”, y con algo de seriedad encendí mi computadora y puse: ¡Viva Babel! Y empecé a anotar algunas cosas que se me vinieron a la cabeza, rápidamente se me agotaron las ideas y dije: “No te preocupes Jaime Humberto, tomas el punto número uno, lo desarrollas y se va a ir ampliando y saldrás de este apuro”.

 Cada día sucedía lo contrario: quitaba un punto y llegaba de nuevo a tener solamente el título de la ponencia: ¡Viva Babel!, entonces mi pánico escénico continúa, pero me dije: “Aprovecha para decir lo que siempre has querido decir”. No tengo nada preparado y quiero agradecer, primero, que he hecho cine. Soy muy individualista, me encierro en mi torre de marfil, y de pronto me asomo y voy a alguna reunión del sindicato de autores o de directores a lo largo de mis ya 30 años de estar haciendo cine.

 He estado en muchas ocasiones en eventos (palabra horrible), simposiums, reuniones donde se plantean los problemas que he oído tantas veces: la repartición del cine en la taquilla, el famoso tiempo de pantalla, etcétera, etcétera, y luego se quedan los luchadores a seguir batallando, y yo vuelvo a mi torrecita de marfil y escribo otro guioncito y hago otra peliculita…y ahora agradezco a todos los que han estado luchando durante estos treinta años para que yo pueda estar tranquilo, escribiendo y haciendo peliculitas.

Tengo cosas terribles que decir: mea culpa. Señores, señoras, he renegado de hacer cine en español, porque en ocasiones he pensado: si esta película mía estuviera hablada en inglés tendría más público. Pues cuando los asistentes de países sudamericanos vienen y dicen, los de mi edad e incluso más jóvenes: “Veíamos a María Félix, a Pedro Infante, el cine mexicano significó mucho para nosotros”. Yo no, en mi infancia crecí viendo cine norteamericano, ya desde entonces mi director favorito, al que yo quisiera imitar, al que trato de que mis películas al menos formalmente se parezcan (porque en la temática no tengo nada que hacer) es John Ford. Conmigo la penetración cultural fue bárbara. Todavía sueño con dirigir a Deborah Kerr o a Janet Leigh. Y mi sueño va más allá y sueño verlas actuar con María Rojo o con Pedro Armendáriz.

Bueno, no sólo me refugio en mi torre de marfil, sino que con el pretexto de que siempre quiero estar en otro lado, me voy de la Ciudad de México. ¿Y dónde está Jaime Humberto? Es que está en Guadalajara. ¿Dónde está Jaime Humberto?, ahora está en Toronto, y ahí ando inventando… ¿Dónde me voy? ¿De qué estoy huyendo?

Y sí, quiero hacer películas en inglés. Ya escribí algunos guiones en inglés, pero estoy seguro de que si los llego a hacer me va a ir igual que aquí. Mis películas no se van a exhibir bien tampoco allá, porque también es la temática que uno plantea, las cosas que uno quiere decir, las que no le abren las puertas al éxito maravilloso. No es que quiera hacerme millonario. El dinero me importa, de verdad, muy poquito.

 Pero sí me da mucho gusto cuando una película mía tiene éxito, porque el productor recupera su dinero y a lo mejor me produce otra, porque mis películas pueden verse más y me preocupa mucho que se vean. Me quiero comunicar con la gente, es mi manera, no conozco otra.

He tenido experiencias realmente maravillosas con productores, con productores estatales. Cuando estaba yo preparándome para filmar La pasión según Berenice, se estrenó El cumpleaños del perro. En aquella época, segunda época de oro para el cine mexicano, se le empezaron a dar buenas alas. Pero mi película duró solo una semana. Le dije al productor Maximiliano Vera Tato, muy compungido: “La película no duró”. Y me dijo: “¿Por qué esa cara?, vas a hacer La pasión según Berenice, pon lo mejor de ti”.

 Para que películas como El cumpleaños del perro puedan estar en las taquillas, hacemos La isla de los hombres solos, que lleva mucho público. Para mí fue una revelación que un productor me dijera: “No importa que tu película no haya sido éxito de taquilla y dure una semana” (…) 

 Tiempo después un productor privado, Manuel Barbachano Ponce, me extendió la mano cuando mi relación con IMCINE se volvió imposible y no me producirían más. Barbachano me abrió las puertas de su casa productora e hicimos La tarea. Le fue muy bien en taquilla, tuvimos muchos reconocimientos y Barbachano me dijo: “Ahora podemos hacer una de riesgo. ¿Qué quieres hacer?” Es maravilloso que le den a un realizador la oportunidad de equivocarse, porque estamos experimentando siempre.

Ahora bien. La verdad es que estos tres días de simposio han sido para mí una revelación… 

Hace un mes en el Festival de Cine de Toronto, se exhibió la película Nazarín, y Arturo Ripstein la iba a presentar, pero no pudo. Yo me ofrecí. Ya que estoy aquí, quiero ser quien presente esta película por dos razones: porque es una de mis diez películas favoritas y porque había sido producida por don Manuel Barbachano. Y además porque qué maravilla ver una obra maestra hablada en español, poder disfrutar los matices de los diálogos escritos por Julio Alejandro y Emilio Carballido, oír esos diálogos con esos matices, con esos actores, ver una película mexicana subtitulada al inglés (confieso que me gusta mucho leer subtítulos). ¿Por qué tanto miedo a que las películas estén subtituladas? Hay que leer en el cine. Ese afán por doblarlas me hace pensar en Fahrenheit 451, donde había que acabar con los libros. Las letras son maravillosas. Yo creo que así aprendí mucho del mal inglés que sé. Viendo tanta película norteamericana y leyendo los subtítulos en español.

Ya se mencionó que uno se queda pasmado cuando oye que hay 20 millones de analfabetas y que quieren pasar dobladas al español las películas mexicanas. Es verdaderamente absurdo. ¿Cuántos millones de hispanoparlantes hay en Estados Unidos? ¿Por qué no exhiben nuestras películas allá? Hay que recuperar ese territorio.

Yo quiero preguntar si la magnífica idea de hacer nuevas copias de nuestro cine y mejorar el sonido con los avances tecnológicos se va a continuar… Y me han dicho también que si no cumplimos con el tiempo de pantalla es porque no hay películas en estos momentos. ¿Por qué no se reestrenan algunas de nuestras grandes películas? Las generaciones actuales no las han visto. Canoa la ve un público que no la había visto antes. Ahí está la posibilidad de colarnos a las salas en ese tiempo al que tenemos derecho. 

 Y me queda una sola cosa en la cartera. Debe haber también un simposio que se llame: “Las que no somos Hollywood”. Porque un amigo cercano en un momento de obcecación, le reclamó a una gran actriz mexicana no ser tan taquillera como Demi Moore. Hasta en eso somos malinchistas. Se nos metió en la sangre. A ver cómo nos lo sacamos.