Señor director:
Respecto de los textos publicados en Proceso 2245, del 10 de noviembre de 2019 bajo el título “La revolución que empezó en Leipzig”, por Yetlaneci Alcaraz, habría que aclarar y añadir lo siguiente:
1) Los sucesos vividos alrededor del 9 de noviembre de 1989 en la República Democrática Alemana (RDA) no se pueden considerar una “revolución”, tal como se afirma en los tres reportajes –todos firmados por la misma autora–. En dado caso, ha sido un intento de revolución aplastado y traicionado (como lo han sido todos los intentos de revolución en la historia alemana hasta hoy).
2) La autora misma y sus entrevistados dan múltiples ejemplos y argumentos que demuestran y comprueban este aplastamiento y esta traición. Sin embargo, Alcaraz lo deja todo a un nivel de lamento personal de algunos activistas de 1989, decepcionados y desilusionados, sin llevarlo a un nivel conceptual y de entendimiento histórico. Ello hubiera impedido que ella usara el eufemismo “revolución” para un proceso social, económico y político, a final de cuentas, represivo, invasivo y de amnesia histórica que desemboca en la incorporación de la RDA a la RFA (República Federal de Alemania).
2) En esta incorporación de la RDA a la RFA ninguna de las exigencias centrales del movimiento ha sido cumplida, salvo la del libre tránsito hacia países no “socialistas” (en caso de contar con los recursos necesarios, lo que, para la mayoría, salvo excepciones, no está dado). Una exigencia central, la de conservar y hacer accesible permanentemente el archivo de la Stasi (Staatssicherheit, la policía secreta) en una institución independiente y autónoma, para el esclarecimiento de los crímenes cometidos por la misma, ha sido burlada hace apenas unos meses.
En marzo de 2019 se desmantela esta institución, se deshace su estructura y, con ello, se complican sobremanera las investigaciones históricas correspondientes.
4) Al inicio del movimiento prácticamente no existía un ala derechista, pero al final se convirtió en dominante. El momento de quiebre fue cuando los gritos de un socialismo verdadero y no oficialista estadista de “Wir sind das Volk (Nosotros somos el pueblo)” fueron acallados por los gritos nacionalistas y en favor del otro oficialismo pro capitalista: “Wir sind ein Volk (Nosotros somos un pueblo)”. Con ello, la amnesia histórica colectiva empezó a imponerse y finalmente ha sido rotundamente exitosa: ya casi nadie quiere ni puede recordar los otros 9 de noviembre en la historia alemana: 1848, 1919, 1938 y 1968, que quiero señalar a continuación, también en homenaje a los que sí arriesgaron todo o mucho al inicio del movimiento de 1989 en la RDA:
A) 9 de noviembre 1848. Un diputado de la primera asamblea democrática en la historia alemana, que solía reunirse en la iglesia de San Pablo en Frankfurt/Main, Robert Blum, es ejecutado en Viena por las fuerzas represivas del Imperio Austrohúngaro. El diputado Blum es fusilado este día por haber participado en las insurrecciones de octubre 1848 en Austria. En esta ejecución se pasa por alto la inmunidad parlamentaria de la cual gozaba y, con ello, se demuestra y expone el absoluto menosprecio de la aristocracia austriaca y alemana por el incipiente proceso democrático en estos lares.
B) 9 de noviembre 1919. Hitler y sus seguidores intentan un golpe de Estado en Alemania, que en términos militares fracasa, pero en términos ideológicos es exitoso ya que el movimiento nacionalsocialista lograr salir del anonimato y se da a conocer de golpe a la opinión pública alemana y europea. Mientras los nazis están en el poder, este día se festeja –por órdenes de Hitler– cada año con grandes eventos y es de asueto laboral.
Aunque (casi) nadie lo haga conscientemente y subjetivamente, en los hechos todos los que festejan hoy en día el 9 de noviembre, con ingenua complacencia y lisa amnesia histórica, cumplen en los hechos esa orden, este “Führerbefehl”.
C) 9 de noviembre 1938. La mal llamada “Reichskristallnacht”, en español es conocida como la “noche de los cristales rotos”, inicio del proceso abiertamente violento contra los judíos europeos que desemboca en la destrucción física de su gran mayoría: 6 millones de judíos europeos asesinados. Todavía en 1988 se hacen grandes actos conmemorativos en diferentes ciudades alemanas por la 50 repetición de esta nefasta fecha. Desde el 9 de noviembre de 1989 ya (casi) nadie quiere ni puede recordarla. El 9 de noviembre de 1938 fue borrado “exitosamente” del conjunto de fechas centrales en los calendarios alemanes y austriacos.
Nuevamente, los judíos en Alemania tienen que conmemorar este día de manera (casi) inadvertida por las poblaciones mayoritarias, mientras éstas se emborrachan en las calles, gritando vivas a Alemania, pensando obviamente sólo en aquella parte de la población que los nazis llamaron “los arios”.
D) 9 de noviembre 1969. Justamente esta conmemoración de la comunidad judía de Berlín es blanco de un intento de atentado antisemita, realizado por un activista del 68 alemán, con una bomba (que finalmente falló). Según otro exactivista del 68 alemán, de Frankfurt, el historiador Wolfgang Kraushaar, la bomba llegó a manos de los autores materiales por vía de Peter Urbach, agent provocateur del Verfassungsschutz (servicio secreto) de Berlín Occidental (véase: Kraushaar, Die Bombe im jüdischen Gemeindehaus, Hamburg, 2005, y también de él: https://taz.de/9-November-diesmal-1969/!5637377/).
Atentamente:
Stefan Gandler








