Sobre “Asilo en México, de Trotsky a los antimaduristas”

Señor director:

Hago referencia a la entrevista de Pablo Yankelevich realizada por Mathieu Tourliere, aparecida en el número 2246 de la revista Proceso. En dicha entrevista se afirma que Fidel Castro se exilió en México. Lo cual, como se sabe, es verdad. Pero, dado que esa entrevista está enmarcada en el contexto de la tradición mexicana para otorgar asilo y refugio, debe quedar claro que Fidel no tuvo en México ninguna de esas dos calidades. 

Fidel entró a México con la visa de turista 2863, válida por 6 meses y otorgada en Cuba el miércoles 6 de julio de 1955. Al día siguiente, con el apoyo económico de su hermana Lydia, tomó un avión –DC bimotor correspondiente al vuelo 566 de Mexicana de Aviación– rumbo a Mérida. Después de una escala en Veracruz llegó a la Ciudad de México por la vía terrestre.

En el mismo tenor, después del golpe de Estado contra Jacobo Árbenz, el Che Guevara, a instancias de Nicasio Sánchez Toranzo, encargado de negocios de la embajada de Argentina en Guatemala, se refugió en dicha sede casi un mes, hasta que pudo entrar en México vía Tapachula, el 18 de septiembre de 1954; al igual que Fidel, lo hizo con visa de turista.

Quien sí solicitó asilo político fue Raúl Castro. El 17 de junio de 1955 se había refugiado en la embajada de México en La Habana, bajo la protección del famoso embajador Gilberto Bosques, quien conoció a Raúl por medio de Roberto Agramonte Pichardo, entonces dirigente del Partido Ortodoxo y quien sería el primer ministro de Relaciones Exteriores al triunfo de la revolución. 

Raúl llegó por vía aérea a la capital mexicana el 24 de junio. Sin embargo, la Secretaría de Gobernación no le otorgó la calidad de asilado. Se le otorgó el 4 de julio un permiso como visitante, bajo el amparo de la fracción III del artículo 50 de la Ley General de Población.

Cuando Fidel, 22 cubanos más (todos con visa de turista) y el Che fueron detenidos por la Dirección Federal de Seguridad el licenciado Antonio Vilalta propuso a la Secretaría de Gobernación otorgarles el asilo político, como una forma de cumplir con el amparo concedido por el juez Miguel Lavalle Fuentes. Al ser liberados –en gran parte por las gestiones de Lázaro Cárdenas– el asilo no se les otorgó y se les dio plazo perentorio para abandonar México. Creo que estas precisiones pueden ser complementarias a lo expresado por el profesor Yankelevich.

Atentamente:

Juan Amando Ramírez García