Un ilustre comunista

El lunes 25, en ceremonia solemne, los restos del luchador social Valentín Campa serán trasladados a la Rotonda de las Personas Ilustres, en el Panteón Civil de Dolores. De esa manera, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador reconoce sus aportaciones al desarrollo democrático del país y a la defensa de los derechos de los trabajadores, aunque a juicio de la nieta de Campa, Manuela Álvarez, “a la derecha le cuesta trabajo admitir que un comunista hizo aportaciones importantes al país”.

Valentín Campa Salazar tuvo que esperar dos décadas en el Panteón Jardín antes de ser admitido en el paraninfo de las personas ilustres. El gobierno de Enrique Peña Nieto no quiso darle un lugar en la rotonda donde se encuentran personajes importantes de la historia nacional; sólo ahora, con la llegada de Andrés Manuel López Obrador, los restos de Campa serán llevados al Panteón Civil de Dolores como un homenaje y reconocimiento a su lucha social, sindical y política.

“Finalmente se está reconociendo a un hombre que fue comunista y eso no les agrada mucho a los conservadores”, considera Manuela Álvarez Campa, nieta del luchador social que será reconocido en una ceremonia encabezada por López Obrador este lunes 25 en la Rotonda de las Personas Ilustres. Los 20 años de la muerte de Campa coinciden con los 100 años de la fundación del Partido Comunista Mexicano (PCM), del que fue militante.

En el decreto de la Secretaría de Gobernación (Segob) del viernes 22 se señala que Arnoldo Martínez Verdugo, líder, político e historiador que nació en Mocorito, Sinaloa, en 1925, también será reconocido por el gobierno como persona ilustre, pero sus restos serán exhumados y trasladados a la Rotonda hasta el próximo 24 de mayo, en el aniversario de su muerte.

“Las labores de Valentín Campa Salazar y Arnoldo Martínez Verdugo, como políticos y activistas sociales, son un ejemplo de integridad y lucha para las y los mexicanos, ya que siempre se condujeron con congruencia y firmes ideales sociales en favor de los sectores de la sociedad más vulnerables, lo que contribuyó a mejorar la vida democrática e institucional del país, así como garantizar los derechos laborales y sindicales de los trabajadores”, argumentó la Segob. 

En el caso de Valentín Campa Salazar, a partir del lunes 25 de noviembre sus restos permanecerán en la Rotonda de las Personas Ilustres que se encuentra desde 1872 dentro del Panteón de Dolores. Tendrá una estatua de cuerpo completo realizada por la escultora Maru Santos y será el ocupante 117 de este camposanto, donde están mujeres y hombres que hicieron un aporte importante al país, como Rosario Castellanos, David Alfaro Siqueiros, Ignacio Manuel Altamirano, Heberto Castillo, Emma Godoy, Gabino Barreda, Agustín Lara, Vicente Lombardo Toledano, Dolores del Río, Justo Sierra, Manuel Gómez Morin, Amado Nervo, Ángela Peralta e Ignacio Ramírez El Nigromante, entre muchos otros. 

“Me parece muy bien porque finalmente mi abuelo fue un sindicalista, un comunista que estuvo preso muchos años, la última vez 11 años, acusado de disolución social, pero que aportó mucho al sindicalismo libre y a la democratización de este país”, señala su nieta Manuela, quien junto con su hermano Álvaro asistirá a la ceremonia oficial programada para el mediodía de este lunes 25 en el Panteón de Dolores.

El reconocimiento que hará el gobierno de López Obrador a Valentín Campa es parte de la nueva narrativa oficial de hacer un reconocimiento a fechas y personajes emblemáticos de la historia nacional, como está previsto en la “regeneración ética de las instituciones” del Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024.

Desde agosto el Consejo Consultivo de la Rotonda –integrado por las Secretarías de Marina, Defensa, Gobernación, Cultura, Educación, la UNAM, las cámaras de Diputados y Senadores, así como el Gobierno de la Ciudad de México y el Poder Judicial de la Federación– aprobó por unanimidad el traslado de los restos de Campa.

En el decreto del Diario Oficial del viernes 22 se reconoce que Valentín Campa Salazar, quien nació en Monterrey el 14 de febrero de 1904 y murió en la Ciudad de México el 25 de noviembre de 1999, es uno de los representantes más destacados en la historia de las luchas obreras y sociales del siglo XX en México; un líder político y sindical que trabajó por los derechos laborales de trabajadores ferrocarrileros, militantes sindicales y dirigentes tanto sociales como políticos, además de contribuir a la formación de distintas organizaciones y partidos con vocación humanista y social.

Se destaca también que, pese a haber sido preso político en 12 ocasiones, en las que acumuló 13 años y 11 meses de cárcel, “nunca claudicó a sus ideales y a su compromiso con la clase trabajadora. Asimismo, alertó al entonces presidente de la República Lázaro Cárdenas del Río respecto de la rebelión planeada en su contra, encabezada por el general Saturnino Cedillo, tras la nacionalización del petróleo en marzo de 1938”.

Eric Suzán Reed, titular de la Unidad de Desarrollo Democrático de la Segob, explica que el homenaje a Campa es parte del propósito del presidente López Obrador, en la Cuarta Transformación, a recuperar personajes de la historia que han jugado un papel trascendente en la generación de un México más comprometido con la justicia, la equidad y la atención a personas que han vivido en desventaja. 

“Valentín Campa Salazar es un personaje que a lo largo de sus 95 años de vida se dedicó con una enorme voluntad inquebrantable a impulsar las causas de los trabajadores y la defensa de la libertad de estos para que los sindicatos fueran genuinos, sin injerencia del gobierno, de las empresas o de los partidos”, señala el funcionario en entrevista.

Comunista no dogmático

En la sesión del Consejo Consultivo de agosto pasado la Segob ofreció este argumento: “A sus cualidades extraordinarias como líder social y actor cívico, se suma una muy trascendente acción nacional en lo político: Es por décadas figura central en el comunismo mexicano. Contribuye a la formación de los partidos políticos: Comunista Mexicano (PCM), Obrero Campesino Mexicano (POCM), Socialista Unificado de México (PSUM), Mexicano Socialista (PMS) y de la Revolución Democrática (PRD). Es el candidato sin registro con mayor votación en la historia electoral. Desempeña roles de relevancia especial al seno de movimientos como el Bloque Obrero Campesino (BOC), la Acción Socialista Unificada (ASU) y el Movimiento Cardenista del 88”.

El reconocimiento a Campa coincide con el centenario del PCM, del que fue candidato presidencial en 1976 a pesar de que en 1940 fue expulsado junto con Hernán Laborde por oponerse al asesinato de León Trotsky y simpatizar con el gobierno del general Lázaro Cárdenas. 

“Mi abuelo no era un comunista dogmático”, comenta Manuela Álvarez Campa al recordar este pasaje histórico. A su vez, Suzán Reed destaca que el homenaje a Campa también es un reconocimiento a la importancia del PCM en la vida política nacional porque, más allá de la ideología, es uno de los partidos más antiguos del país, que ha tenido una trascendencia en la organización de la sociedad mexicana. 

En su libro Mi testimonio. Memorias de un comunista mexicano, Campa destaca esa libertad de pensamiento cuando admite que la política de “unidad a toda costa” del Comité Central del PCM tuvo “funestas consecuencias para la lucha del proletariado mexicano” por su sectarismo. 

Subraya su papel de militante obrero en una época marcada por el desarrollo del capitalismo: “La conformación de la burguesía mexicana y su tendencia a la asociación con el imperialismo yanqui impulsaron el fortalecimiento constante de un régimen despótico, represivo, demagógico y manipulador”.

Ante ello, dice Campa, “sin titubeos decidimos enfrentarnos a esas fuerzas”. Reconoce que tuvieron éxitos de importancia, pero también fracasos que impuso el desarrollo del sistema capitalista.

En esas memorias el luchador social advierte que la Revolución que vio en su infancia y adolescencia, en la que murieron más de 1 millón de mexicanos, no trajo el cambio social esperado sino generó una clase capitalista que ha oprimido a los trabajadores: 

“La guerra civil que yo presencié impulsó el desarrollo del capitalismo que ahora padecemos; sin embargo, hoy son más propicias las condiciones para promover la nueva revolución que instaure el poder del pueblo trabajador en su propio beneficio. Con todo, esto sólo se puede consolidar si se contrarrestan las tendencias del capitalismo y se conduce el proceso económico y social hacia el régimen socialista. Después, a un plazo más bien largo que corto, la sociedad, superada en todos los órdenes, inclusive en el cultural y en el espiritual, podrá ser encauzada a un régimen de gran humanismo, que será el régimen comunista.”

Los años en la cárcel 

Desde que inició su vida sindical y política en 1927 hasta 1970, Valentín Campa fue encarcelado 12 veces por sus actividades sindicales y políticas. La primera vez que fue a prisión fue en 1927, cuando ingresó al PCM e inició la huelga ferrocarrilera. Calles ordenó su fusilamiento, pero Emilio Portes Gil, gobernador de Tamaulipas, lo impidió y le propuso colaborar con él, a lo que Campa se negó. 

En 1949 fue encarcelado nuevamente por oponerse a la imposición de los nuevos líderes sindicales. Duró tres años y al ser liberado en 1952 participó en la formación del Partido Obrero Campesino Mexicano al lado de otros expulsados del PCM.

Su último periodo de prisión fue de 1959 a 1970, en Lecumberri, por el delito de sedición. A pesar de que estaba recluido, el gobierno lo acusó de tener responsabilidad en la protesta que organizó la Juventud Comunista de México a finales de 1967, llamada “La marcha de la libertad”, que iría de Dolores Hidalgo, Guanajuato, a Morelia, Michoacán, en apoyo a las demandas de los estudiantes de las normales rurales y a la libertad de los universitarios encarcelados Efrén Capís y Rafael Aguilar Talamantes, la cual influiría en el ambiente previo al movimiento estudiantil de 1968.

En su libro, Campa narra que un agente gubernamental lo visitó en su celda y le ofreció liberarlo a cambio de que pidiera suspender dicha marcha, en la que también se exigía su libertad:

“Le contesté con serenidad, pero con energía que yo no tenía ninguna relación con la marcha y menos influencia en quienes la organizaban. Me interrumpió para decirme que los estudiantes que se agrupaban para ella expresaban una gran simpatía hacia mí y planteaban entre sus demandas la libertad de Vallejo y la mía. Le reiteré que yo no tenía posibilidad de influir en esa movilización, pero que de una buena vez aclaraba que, de tenerla, sería para exhortar a los muchachos y muchachas que se agruparan lo mejor posible y sin estridencias, pero con firmeza, elevaran lo más posible la combatividad de sus banderas. El agente se fue muy disgustado.

“A las pocas semanas este mismo sujeto me llevó personalmente la notificación de la Secretaría de Gobernación, fechada el 9 de febrero de 1968, en la que se me negaba la libertad preparatoria a que yo tenía derecho, de acuerdo con el Código Penal, pretextando ‘que el encarcelamiento no ha logrado modificar su personalidad, en cuanto a lo que se refiere a la ideología política que sostiene’.”

Al salir de la cárcel en 1970 Valentín Campa regresó al PCM, que lo hizo candidato presidencial sin registro legal. Más adelante fue diputado plurinominal por dicho partido entre 1979 y 1982.

Una estatua para Campa

El 1 de noviembre de 2016 apareció en la explanada de la antigua estación de ferrocarriles de Buenavista, junto a la maquina 501, una estatua de Valentín Campa. Reproducía la mitad del cuerpo y carecía de una placa que lo identificara, lo que molestó a Francisco Rosas, uno de los promotores de ese homenaje desde los primeros meses del gobierno de Miguel Ángel Mancera. Se tenía previsto develar la figura en una ceremonia, pero no sucedió. 

A finales del gobierno de Enrique Peña Nieto, el Senado pidió a la Segob que tanto los restos del luchador social como los de Sor Juan Inés de la Cruz fueran llevados a la Rotonda. Ahora el Consejo Consultivo determinó que los restos de los dos y de Arnoldo Martínez Verdugo sean trasladados y se les realicen sus esculturas. 

Desde 2012 la Rotonda no recibe los restos de ningún personaje. Los últimos fueron la pintora María Izquierdo, el compositor José Pablo Moncayo, la primera embajadora del país Amalia González Caballero y el historiador Edmundo O’Gorman. 

En víspera del acto, histórico para quienes integraron el PCM y acompañaron a Campa en la lucha sindical, su nieta Manuela Álvarez resalta: “No querían… porque finalmente se está reconociendo a gente de la izquierda, comunista, eso no le gusta a la derecha. Para ellos es más duro decir que alguien es comunista que de la izquierda y mi abuelo fue comunista hasta que murió. No es sencillo para la derecha admitir que un comunista hizo aportaciones importantes al país”.

En cuanto a sus aportaciones al sindicalismo, subraya la lucha de Campa contra los sindicatos oficiales conocidos como “charros”. Recuerda la declaración que hizo su abuelo cuando murió Fidel Velázquez, el 21 de junio de 1997: “¡Qué bueno! Era un estorbo para la clase obrera”. 

Mientras que en su aportación al proceso democrático cuenta su candidatura presidencial por el PCM sin registro y en tiempos de la plena hegemonía priista, así como su aportación a otras organizaciones, como el Partido Socialista Unificado de México, “siempre con una mirada crítica y al mismo tiempo abierta”.

No obstante, de ser comunista hasta la médula, recuerda Manuela, Campa “no era dogmático y eso se expresó cuando se negó a participar en el asesinato de Trotsky. Era una persona firme en sus convicciones, pero abierto a entender todo”.

Sobre la decisión oficial de trasladarlo a la Rotonda de las Personas Ilustres, concluye: “Finalmente se reconocen cosas que sucedieron y personajes que en otro tiempo se callaron, como lo ocurrido en 1968, que fue tratado como un episodio para olvidar. Esperemos que ya no se callen más las cosas”.