Veinte años después de su muerte, el pintor Diego Rivera seguía cimbrando al Partido Comunista. Valentín Campa y otros militantes lo acusaban de traidor, delator y fascista y demandaban que se le juzgara post mortem. Otros miembros del partido, en cambio, querían rehabilitarlo. De su edición 57, del 5 de diciembre de 1977, Proceso rescata la siguiente entrevista de Elías Chávez con el dirigente comunista, donde el motivo central es el juicio al muralista.
Diego Rivera traidor.
Diego Rivera delator.
Diego Rivera fascista.
Diego Rivera a 20 años de su muerte divide al Partido Comunista Mexicano: Valentín Campa –miembro del Comité Central y del Buró Político de PCM y excandidato a la Presidencia de República– lo acusa y demanda la exclusión post mortem del pintor.
Pero otros miembros del partido se oponen: insisten en rehabilitar a Diego, no obstante los graves cargos en su contra.
Y Campa, luchador y valiente –catorce veces ha estado en prisión– opta por dar a conocer la polémica sorda, interna del PCM, porque –reconoce– “la verdad siempre es revolucionaria”.
Asegura que Diego Rivera se alió con las “fuerzas más reaccionarias” del país, a fin de obtener contratos para pintar sus murales, entre ellos los de Palacio Nacional. Inclusive –dice Campa– Diego traicionó y delató a varios miembros del PCM –algunos de ellos fueron asesinados– para congraciarse con gobiernos “represivos” y obtener contratos.
Y aunque reconoce que Diego en los últimos años de su vida “asumió una actitud de respaldo a los lineamientos principales del partido” –afirma–, “no amerita que sea rehabilitado”
Valentín Campa recuerda que Diego fue expulsado del PC en 1929, cuando el régimen callista, con Portes Gil como presidente, “nos asesinaba a J. Guadalupe Rodríguez, un gran dirigente campesino –miembro del Comité Central– que organizó guerrillas en Durango para luchar contra la ultrarreaccionaria rebelión escobarista”.
Al mismo tiempo que luchaba contra las huestes escobaristas, J. Guadalupe Rodríguez repartía las tierras de “grandes latifundistas”, militares y políticos.
Pero hubo una delación y J. Guadalupe Rodríguez fue asesinado.
También por esos meses –a mediados de 1929– la policía de Portes Gil, dirigida por Valente Quintana, asaltó, desmanteló y robó una imprenta que el PCM había adquirido mediante una colecta nacional. La policía localizó la imprenta debido a una delación.
Tanto el asesinato de J. Guadalupe Rodríguez como el asalto a la imprenta –en la que se imprimía El Machete, periódico del PCM–, constituyeron el inicio de una “represión a gran escala” que el gobierno lanzó contra el partido, hasta 1934.
Y cuando la represión aumentaba –indica Campa– Diego Rivera fue a ver a Plutarco Elías Calles, en Cuernavaca, para gestionar el contrato de los murales en Palacio Nacional, Diego obtuvo el contrato y 150 mil pesos.
“Estos son los hechos por los que Diego Rivera fue expulsado del partido”, indica Campa.
Y cuando discutían la expulsión de Diego, por traición, el pintor asumió una “actitud cínica” que Campa recuerda así:
–Yo voy a dar mi voto a favor de mi propia expulsión –dijo Rivera–, para que la decisión sea por unanimidad.
–Pero debo aclararles –añadió Diego, dirigiéndose a los miembros del Comité Central– que rechazo el cargo de traidor: no puedo ser traidor al Partido Comunista, porque yo siempre he sido un burgués. En todo caso, si a alguien traicioné fue a mi propia clase: la burguesía.
Poco tiempo después de ser expulsado –indica Campa–, Diego se incorporó al trotskismo y desde entonces, hasta 1946, en que apoyó la candidatura de Juan Andrew Almazán para la Presidencia de la República, el pintor asumió actitudes políticas “muy graves y muy reaccionarias”.
–Diego no sólo calumniaba e insultaba al PCM durante la represión callista, sino que también, posteriormente, atacó a Lázaro Cárdenas. Diego aseguraba que esto último no era cierto, pero en la Hemeroteca hay infinidad de declaraciones suyas en contra del expropiador de la industria petrolera.
–¿Y por que dice usted que Diego era fascista?
–Porque atacó virulentamente a la Unión Soviética e hizo el juego, en forma descarada, al eje fascista de Hitler, Mussolini e Hirohito.
Al respecto, Campa recuerda que entre 1937 y 1938 funcionó en la Cámara de Representantes de Estados Unidos un “Comité Dies”, “organismo muy antisoviético que junto con Lindbergh –el aviador– y otros personajes estadunidenses impulsaban una campaña para que Norteamérica entrara a la guerra pero en alianza con Hitler y Mussolini, y en contra de la Unión Soviética.
–Y Diego Rivera –dice Campa– se puso en contacto con el “Comité Dies”, impulsó la campaña de ataques contra la Unión Soviética y reforzó la tendencia de que Estados Unidos se aliara con Hitler y Mussolini en contra de la URSS.
Respecto a la militancia de Diego en las filas almazanistas. Campa señala:
–Diego Rivera participó en la dirección de la campaña presidencial de Almazán, junto con Aníbal de Iturbide.
Escandón y otros que ya eran del Partido Acción Nacional. Y todos ellos, con Almazán a la cabeza, atacaban a Lázaro Cárdenas y decían que la nacionalización del petróleo “era un robo”, además de que tenían compromisos con las compañías petroleras para ayudar a rectificar la nacionalización.
–¿Tiene usted datos concretos de las delaciones cometidas por Diego?
–Recién fue expulsado del Partido, Diego delató públicamente y ante el gobierno, la presencia en la dirección del PCM del camarada Julio Ramírez, secretario de organización del Comité Central. Este camarada era de origen ruso-judío. Muy niño llegó a México y, de joven, se incorporó al PC en Puebla. Por la delación de Diego, Ramírez fue expulsado del país a la URSS. Diego delató también a una camarada de la Internacional Comunista, que estaba aquí con el seudónimo de “Pedro”. Tuvo que salir rápidamente del país.
Para Valentín Campa, todos estos “hechos repulsivos”… “señalan claramente que Diego fue un traidor”.
No obstante lo anterior, Valentín Campa señala otros “hechos repulsivos” de Diego Rivera:
–Diego, personalmente, pidió a Lázaro Cárdenas que diera asilo a Trotsky. Ante la petición Cárdenas y Mújica pensaron que era conveniente dar asilo a Trotsky, con la idea de contrarrestar la campaña mundial de los imperialismos que señalaban a Cárdenas como agente de Stalin. Esta actitud de Cárdenas no era más que “un complejo de inferioridad” ante los imperialismos, como decía Bassols.
Cuando Cárdenas concedió el asilo a Trotsky, el PC entró en pugna con el gobierno. Campa recuerda:
–Por más que protestamos, Cárdenas regaló a Trotsky una casa a la que se fue a vivir y en la que fue objeto de varios atentados y en la que fue asesinado. Inclusive Siqueiros encabezó un asalto a la casa, pero como buen pintor lo hizo muy mal.
No obstante todos estos antecedentes, Diego presentó en varias ocasiones su solicitud de reingreso al PCM. Después de muchos ruegos, la Comisión de Control del Partido emitió un dictamen favorable, aunque sumamente crítico, y el pintor fue readmitido en el XII Congreso Nacional del PC.
En esa época –1954– Valentín Campa se opuso enérgicamente. Lo mismo hizo durante el XIII Congreso –1960–. No obstante que en ese tiempo estaba en prisión. Campa envió al congreso un documento en el que señalaba “las traiciones de Diego”. Fue hasta el XVI Congreso –1973– cuando el PCM acordó que se abriera una discusión para juzgar, post mortem, la actitud de Diego con respecto al Partido.
Sin embargo, explica Campa, los acontecimientos nos han arrollado y no ha sido posible dar cumplimiento al acuerdo del XVI Congreso.
Campa se niega a decir quiénes son los miembros del PC que están a favor de que Diego siga apareciendo como miembro del partido: “es un problema interno”, se excusa, pero insiste:
–El acuerdo del XVI Congreso sigue en pie: hay que reexaminar la actitud de Diego Rivera y excluirlo del partido.
–Pero a 20 años de la muerte de Diego, ¿qué sentido tiene excluirlo ahora? ¿Acaso su afán por la verdad?
–Sí. Es necesario que se abra paso a la verdad histórica. La verdad siempre es revolucionaria. Son los reaccionarios los que le tienen miedo a la verdad. Nosotros no. De la verdad se deduce una serie de experiencias para la actividad futura.
–Prácticamente, ¿qué clase de experiencias podrían deducirse de este caso?
–Por lo pronto, la exclusión de Diego servirá para precisar las normas de organización en el partido, para ver quiénes pueden ser miembros y quiénes no: para establecer quiénes pueden ser amigos o aliados del PC, pero no miembros activos.
Además de este aspecto, Valentín Campa señala uno “más importante”:
–La exclusión de Diego serviría para desmitificarlo y sería una advertencia: nadie puede ni debe hacer de la traición una forma de vida.
–Al margen de su actitud política. Diego es reconocido como un gran artista. ¿Usted qué opina?
–Quizá porque yo no soy artista, sino político, considero que lo esencial en la vida de un hombre es su actitud política. Y esto vale para Diego. Por eso cuando muchos ven en los murales de Palacio Nacional, pintados por Diego, algo “extraordinario”, lo que yo veo en el fondo de esos murales es a los camaradas asesinados. Ahí veo al camarada J. Guadalupe Rodríguez, ahí veo el asalto a la imprenta de El Machete.








