Libertad política y comunismo mexicano

Luego de la brillante acción de los trabajadores ferrocarrileros en 1958, con la cual la base laboral recuperó la dirección de su sindicato, se produjo, en marzo de 1959, una represión gubernamental con el uso del Ejército, la cual llevó a la cárcel a centenares de trabajadores y a sus dirigentes, entre ellos Demetrio Vallejo, su secretario general. El gobierno impuso también a una nueva dirección sindical, el regreso del llamado charrismo.

A fines de los cincuenta se habían producido varios movimientos que apuntaban a la libertad y la democracia sindicales, tal como el realizado por el magisterio de la capital, bajo la dirección de Othón Salazar.

Las represiones del gobierno lograron que de aquellas luchas democráticas no quedara ni un sindicato nacional fuera del ámbito del charrismo, sistema de control oficial, pero también parte integrante de la forma antidemocrática de gobierno.

El Partido Comunista Mexicano, fundado en 1919, cambió de dirección en 1960 y empezó a construir una línea que se enderezaba a combatir los mecanismos políticos de la dominación priista, no sólo el charrismo, sino también el control oficial de toda clase de organizaciones campesinas, estudiantiles, patronales, etcétera, así como la prisión política y, en general, la ausencia de libertades democráticas.

El común denominador de esa nueva orientación del Partido Comunista era el tema de la democracia política o, como lo mencionaba su líder, Arnoldo Martínez Verdugo, quien había llegado a la dirección del PCM después de la represión contra los ferrocarrileros, “la libertad política para todos los ciudadanos”.

En ese entonces, el único partido legal de oposición era el derechista PAN, cuya plataforma democrática se reducía a tratar de evitar la manipulación de los resultados electorales y el llamado voto cautivo del PRI, pero sin plantear la libertad política para todos, incluyendo la de integrar otros partidos e intervenir libremente en la lucha electoral.

En 1963 el Partido Comunista llegó a un acuerdo con varios grupos y personajes para crear el Frente Electoral del Pueblo (FEP), incluyendo con quienes antes había impulsado la creación de la Central Campesina Independiente.

El gobierno negó reconocimiento legal al FEP, no obstante lo cual éste presentó en 1994 candidatos sin registro que hicieron una campaña en todo el país. Ramón Danzós Palomino, miembro del PCM, fue postulado candidato a la Presidencia de la República. Valentín Campa, preso entonces, fue uno de los candidatos a senador. No se contaron los votos emitidos a favor de esas candidaturas, no se encuentran en la estadística electoral mexicana, como si aquellos electores no hubieran concurrido a las urnas. Así era México.

La consigna de libertad a los presos políticos era probablemente la más importante que se enarbolaba dentro del programa de lucha por la libertad política para todos. Eso de “para todos” reflejaba el hecho de que algunos sí gozaban de libertad política, pero no las fuerzas independientes de izquierda ni, en el agregado social, los trabajadores del campo y la ciudad, a quienes no sólo se les impedía actuar libremente dentro de sus organizaciones sociales, sino también conformar partidos.

En aquella elección de 1964 llegó a la Presidencia de la República el secretario de Gobernación del anterior gobierno, que había reprimido a los ferrocarrileros, encarcelado a varios opositores y desatado muchas represiones, Gustavo Díaz Ordaz. El PCM consideraba entonces que en México existía una tendencia hacia un régimen policiaco militar. Tenía razón, como lo rebelaron los acontecimientos posteriores.

Cuando estalló el movimiento de 1968, las organizaciones estudiantiles de izquierda tenían ya un programa democrático para los centros de estudio, engarzado al postulado de educación popular. Desde 1963 el PCM había impulsado a la Central Nacional de Estudiantes Democráticos (CNED), la cual llegó a tener sus propios presos políticos.

El pliego petitorio formulado por el movimiento de 1968 era claramente favorable a la libertad política para todos pues se proponía el respeto al derecho de manifestación, la derogación del delito de disolución social, la libertad de todos los presos políticos del país y, poco más adelante, el diálogo público entre estudiantes y gobierno, como expresión de ejercicio de derechos políticos.

El Partido Comunista apoyó al movimiento desde el principio, no sólo porque los primeros presos fueron precisamente militantes comunistas, ya que los sucesos habían sido presentados por el gobierno como una conspiración comunista y ahí estaban detenidos los supuestos conspiradores, sino porque el programa del movimiento expresaba la tesis de que el mayor problema del país era el de la falta de democracia política. Todos los integrantes de la Juventud Comunista participaron en aquella lucha, incluso como miembros destacados de los comités y del Consejo Nacional de Huelga.

Después del movimiento, seguían llegando más miembros del Partido Comunista a la cárcel de Lecumberri. La represión sangrienta del gobierno contra los estudiantes que pugnaban por la libertad de los presos políticos condujo al aumento de los encarcelados por el único motivo de luchar por la democracia. La lucha por la libertad política para todos se hacía, por tanto, más vigente que nunca.

El compromiso programático y teórico con la democracia fue algo distintivo del Partido Comunista a partir de aquellas luchas precisamente democráticas de los trabajadores, campesinos y estudiantes que se prolongaron durante los años sesenta, setenta y ochenta. Y fue también una nueva forma de analizar al país, su régimen político y su sistema de dominación basado en el control estatal, con el que se articulaba la clase dominante.

En 1976 el PCM volvió a presentar candidatos sin registro, pero en esta última ocasión Valentín Campa era el único otro candidato a presidente frente al priista José López Portillo. Aunque desde el punto de vista de la ley México tenía candidato presidencial único, un partido sin registro estaba presentando otra candidatura, exigiendo libertad política para todos. Tampoco esos votos se encuentran en la estadística electoral. México seguía siendo así.

La posterior reforma política de 1977-79 fue una respuesta gubernamental positiva a las luchas democráticas en las cuales se había inscrito el Partido Comunista. Como consecuencia, el gobierno decidió concederle a ese partido su registro electoral. En las elecciones de 1979 el PCM fue el tercer partido más votado del país, logrando en la capital el 13% de los votos válidos, lo cual fue algo sorpresivo.

Ya con registro electoral y presencia en el Congreso, a finales de 1981, el Partido Comunista Mexicano, fundado en 1919, decidió disolverse para que se creara el Partido Socialista Unificado de México. La idea central era promover la unidad de las izquierdas como algo indispensable para conquistar la democracia y el poder político en México. Casi seis años más tarde se integró el Partido Mexicano Socialista y en 1989 se fundó, con el mismo registro obtenido por el PCM 10 años antes, el Partido de la Revolución Democrática, convocado por Cuauhtémoc Cárdenas, bajo la divisa de lograr la libertad política para todos, la cual abarca también la efectividad del sufragio.

Dentro del PRD se incubó la opción de crear un nuevo partido que fuera un movimiento electoral de alternativa y renovación política nacional. Bajo la convocatoria de Andrés Manuel López Obrador, quien había sido candidato presidencial en dos ocasiones y había sufrido directamente el sistema de defraudación electoral, se formó Morena. Mas dentro de ese largo proceso ha prevalecido el aprecio por la democracia y la persistente lucha por la libertad política, que es una de las herencias de aquel viejo partido cuyos miembros sufrieron, junto a otros muchos, la furia de la represión y la segregación política.

Desde ese punto de vista, el Partido Comunista Mexicano llegó a ser un partido democrático y jugó un papel relevante en la paulatina conquista de la libertad política para todos.