“Los negros pájaros del adiós”  de Óscar Liera

 

A través de la averiguación de un crimen, Óscar Liera cuenta una historia de amor y rabia. La subjetividad de los testigos que hacen su declaración nos permite conocer desde distintos puntos de vida la relación amorosa entre una mujer mayor y un joven. El autor es hábil para mantener el misterio y al mismo tiempo ir descubriendo los pormenores de la pareja.

Los negros pájaros del adiós, que se ha llevado a escena en diferentes escenarios, en esta ocasión se presenta bajo la dirección de Adrián Dario Rosales, que en vez de aceptar el reto de la complejidad de los personajes que propone el texto, su tratamiento es superficial y lleno de recursos fáciles. Apenas se perciben las contradicciones que viven los personajes, el choque entre los puntos de vista y la manera trastocada en el tiempo y en el espacio con la que Óscar Liera aborda el amor, la amistad, la pasión y la averiguación de un crimen.

Aún así, la dinámica de la pareja interpretada por Cecilia Gabriela y Memo Dorantes logra manifestarse para crear un vínculo con el espectador, quien puede observar la autodestrucción de una relación.

En este planteamiento realista, el autor propone una estructura dramática interesante basado en la subjetividad de los personajes que cuentan la historia. La mesera, interpretada por Alma Cero, y la amiga por Joanna Larequi, dan su declaración; pero también nos dejan ver sus pensamientos, lo que no dijeron, lo que ocultaron y lo que ellas mismas se preguntaron, ya que ambas establecieron una relación emocional particular con cada uno de ellos. Óscar Liera crea en el personaje de la mesera el contrapunto dramático, y su participación fársica provoca siempre la risa del espectador; desvergonzada e inocente; ladina, mañosa y verdadera, que sin grandes elucubraciones dice lo que piensa y siente. Desgraciadamente, la interpretación de Alma Cero ridiculiza al personaje y aunque provoca la risa, aleja al espectador por la poca empatía que tiene hacia su personaje.

El concepto escénico utiliza con ingenio y una buena visión estética, las jaulas para pájaros a manera de muros u objetos que dividen los lugares donde sucede la acción. Los espacios escénicos, base para el desarrollo de la historia, son el restaurante al que la pareja acudía y la casa de ella donde vivía con su nuevo novio. En apariencia, en proscenio sucedían las escenas de calle y de tránsito; pero en un momento dado, ocurrían junto al sillón de lo que supuestamente era la sala rompiendo la convención. Estas imprecisiones se reflejaron también en la propuesta de incluir, a manera de prólogo, dos arias operísticas cantadas bellamente por Itia Domínguez, aunque poco tenían que ver con el tono de la obra y que en vez de incluir una última aria cuando se cierra la obra, escuchamos grabada una melodía empalagosa.

El final es fuerte, y la resolución del misterio sorprende a los espectadores, ya que Óscar Liera logra, de una manera magistral, dosificar la información y mantener la expectativa.

Óscar Liera (1946-1990) fue un dramaturgo sinaloense, fundador del Taller de Teatro de la Universidad Autónoma de Sinaloa (TATUAS), que actualmente existe bajo la dirección de Rodolfo Arriaga, cuyas obras se llevan poco al escenario, pero que si nos detenemos en textos como El jinete de la Divina Providencia, Camino rojo a Sabaiba o Dulces compañías, encontramos complejidad y una gran fuerza dramática. Los negros pájaros del adiós que se presenta en el Teatro Milán, es una buena manera de conocer a este gran escritor lleno de dramatismo, simbolismo y realidad.