“De padres e hijos”

El director sirio de origen kurdo y radicado en Alemania, Talal Derki, se hizo pasar por cinefotógrafo de guerra, de convicción islamista, en la familia de un jefe de Al-Nusra, versión de Al’Qaeda en el norte de Siria; el experimento duró no uno ni dos meses, sino dos años y medio, período durante el cual un gesto equivocado habría significado una muerte brutal, para escarmiento de todos.

El tema del documental De padres e hijos (Of Fathers and Sons; Alemania, 2017) no se centra en la aventura del director infiltrado. El eje es el padre, Abu Osama, cofundador del frente, combatiente y limpiador de minas enterradas, y sus ocho hijos, principalmente los dos mayores: Osama, de 13 años, y Ayman de 12, retirados de la escuela para educarlos y adoctrinarlos bajo la más estricta sharia. Esposa e hijas permanecen inaccesibles para la cámara, como las demás mujeres del pueblo.

Del patriarcado, en sentido bíblico, trata este segundo documental de Derki (Regreso a Homs, 2013): Abu Osama es un padre amoroso decidido a sacrificar a sus hijos por la misión divina de lograr el califato; prueba de fe, haberle rogado a Dios que uno de los hijos varones naciese un 11 de septiembre, y el deseo se cumplió literalmente. Con uno de los chicos, quizá éste, comienza la película cuando encuentra un pajarillo herido; el espectador espera que se apiade de él, pero le corta la cabeza para emular al padre que corta las cabezas de los infieles.

Como una mosca en la pared, la cámara no juzga, solo mira; movimientos y giros son lo más discretos posible, apenas sigue al padre en sus lecciones con las minas, en su práctica de francotirador (sniper) que alaba a Dios cada que mata a alguno de la línea enemiga. También la cámara acompaña a los hijos, primero en sus juegos de niños, con armas supuestas y ejecuciones sumarias; posteriormente, al campo de entrenamiento cuando éstos tienen que dejar la casa para adiestrarse en el combate y técnicas de guerra, además de continuar el adoctrinamiento.

Pese a la limitación de movimiento, Derki logra un par de tomas estupendas, donde la imagen de Abu Osama, vestido de negro, se agiganta con el cielo de fondo y su figura semeja la de un coloso, un Saturno a punto de devorar a sus hijos. Y claro, el espectador no puede más que esperar que esa imagen de padre omnipotente se colapse.

Talal Derki estudió cine en la escuela de Atenas, supuestamente orientado a la ficción. La tensión de un hilo narrativo entre lo personal y social, a la manera de las novelas del siglo XIX, es clara desde el título que evoca a la famosa novela de Iván Turguénev, la cual trata del choque de creencias entre padres e hijos (Ottsy i deti).

Los comentarios, sobre todo en Alemania –la tierra de Hannah Arendt (1906-1975)–, insisten en asociar este trabajo de Derki con la banalidad del mal; pero bien mirado, no hay nada banal en De padres e hijos, solo una profunda visión antropológica del patriarcado; en todo caso, el terror proviene de la sacralización del mal oficiada por el padre.