A 180 de estrenada la sinfonía coral Romeo y Julieta de Héctor Berlioz, y a 150 de la muerte del compositor y en homenaje a su memoria, la UNAM ofreció dentro de su festival IM-PULSO, una versión actualizada al México actual de la conocida tragedia de William Shakespeare.
Teatralmente a cargo de David Gaitán y musicalmente de Iván López Reynoso; las participaciones de la Ofunam, el coro IM-PULSO (creado especialmente al efecto) y la Compañía Juvenil de Danza de la UNAM, con coreografía de Andrea Chirinos, en las voces solistas estuvieron la mezzosoprano Guadalupe Paz, el tenor Orlando Pineda y el bajo-barítono Rodrigo Urrutia. Los enamorados de Verona/México fueron los actores Erik Gutiérrez (Romeo) y Paulina Álvarez (Julieta).
Sin cambios, se trata de la misma partitura romántica creadora de atmósferas acordes a los pasajes que en el drama se están viviendo.
Raramente programada por las orquestas de nuestro país, la presentación de Romeo y Julieta era para no perderse, más sabiendo quién la dirigiría y conociendo a los cantantes. Lo que ni siquiera se intuía era cómo iba a ser la puesta en escena, aunque se pensaba saldría de lo tradicional por los antecedentes del director escénico (Antígona, Un enemigo del pueblo, entre otras), así como las tendencias nada conservadoras de Jorge Volpi, actual director de Difusión Cultural de la UNAM.
Sin embargo, la verdad, no se esperaba tanto. La cuestión empieza desde la entrada, ya que el acceso está claramente designado para separar a hombres y mujeres: ellas por una puerta y ellos por otra. La interrogación, intriga, malestar o risa –según cada uno– asoma aún antes de penetrar a la sala. Esto se acentúa cuando, un par de minutos antes de iniciar la representación, una voz en off advierte que se verán cuadros y acciones que a algunos pueden molestar por lo que, si ante ello alguien quisiere abandonar la sala Nezahualcóyotl, puede hacerlo en cualquier momento con absoluta libertad (nadie salió durante la noche del sábado 7; pero dicen que en la función del domingo 8 muchos sí lo hicieron, entre silbidos y abucheos).
La música no se alteró, mas el texto fue un puro pretexto para trasladar la tragedia veronesa a la tragedia de discriminación, intolerancia, violencia, miedo y, desgraciadamente, de casi nula participación social que vive el México de hoy. Nuestros Romeo y Julieta se conocen, aman, pelean, palpitan y viven como lo hacen otros millones como ellos, si bien sufren también el acoso y el prejuicio (conductas que en ánimo de protección obligan a separar hombres y mujeres, como en los vagones del Metro). La escena final enmarcada por la música es sencillamente impactante, una patada de mula a la conciencia de todo aquel que la posea. La muerte de estos jóvenes (y de todas y todos) es un grito de batalla, un grito de dolor, sí; pero también de esperanza en un futuro distinto y sin temor.
Buen trabajo de Iván López Reynoso y Andrea Chirinos, la Ofunam, los solistas, coro, actores y demás participantes en esta Romeo y Julieta de hoy que, aunque sé que cuesta, bien valdría la repetición. T








