Interés público
Miguel Angel Granados Chapa
A partir de la parábola evangélica Bruce Marshall escribió una novela titulada “A cada uno un denario” La tesis central de la obra es que nadie que haga con amor y conciencia su tarea necesita otra recompensa que la nacida de la realización misma del propio trabajo
Así lo creemos, y ratificamos nuestra creencia a la luz del Premio Nacional de Periodismo e Información discernido la semana pasada, y que se entregará el 7 de junio, día del santo de doña Libertad de Expresión La mayor parte de los periodistas galardonados no requieren de semejantes estímulos para su trabajo Uno puede suponer válidamente, cuando no lo sabe con certeza, que Rogelio Naranjo, Carlos Monsiváis, Manuel Buendía, Socorro Díaz o Juan José Arreola encuentran en el ejercicio de su vocación en los efectos de su labor mejor premio que ningún otro
Por eso mismo, y por otras razones, uno puede preguntarse qué sentido tiene que el Estado mexicano haya instituido las preseas mencionadas En principio, sería propio de la organización jurídica de la sociedad, de la representación de la Nación, que eso es formalmente el Estado, que estimulara toda suerte de actividad cultural, aun por medios tan rituales como los premios
Pero difícilmente se puede desprender la conceptualización del Estado mexicano de la circunstancia histórica concreta en que actúa Entre otras causas, debido al subdesarrollo político general, y en vista de la preeminencia del partido gubernamental en el sistema político, muestra a veces el gobierno un carácter faccioso, que le impide estar por encima de banderías, y que hasta lo impele a promover las suyas propias
En la administración federal anterior, con mayor énfasis aun que en la de Díaz Ordaz, se puso en práctica una política de pan y palo en la relación del Estado con la prensa No fueron extrañas las campañas de terrorismo verbal, de desprestigio, obviamente orquestadas desde oficinas gubernamentales contra periodistas independientes Hasta libros enteros se imprimieron y difundieron para calumniar y destruir la reputación de quienes suponen que la crítica pública es una obligación social y un requisito de la edificación democrática de un país
Al proceder de tal modo, el gobierno que así actuó evidenciaba que, pese a todo, aun teme los efectos que en la opinión de los sectores participantes puede tener el periodismo responsablemente ejercido De allí que, con la otra mano, aunque con el mismo propósito, haya ideado los premios nacionales de periodismo, como fórmula perfecta de simular un respeto por la actividad informativa y analítica que estaba lejos de sentir Al mismo tiempo, un premio de esta naturaleza sirve no sólo para significar obras en verdad distinguidas, sino para favorecer a favoritos del régimen, mostrándolos como si fuesen profesionales de la información merecedores de recompensas públicas
Siendo los lectores, y no el gobierno, los destinatarios últimos del servicio periodístico, cumple a ellos, y no a los representantes gubernamentales, discernir los premios que el periodismo merezca La solidaridad que los usuarios de un medio muestren hacia éste es la más alta recompensa a la que pueden aspirar los profesionales de la prensa








