Un concierto totalmente alejado de lo que comúnmente escuchamos en nuestras salas, fue el que ofreció en la Sala Ponce de Bellas Artes el Centro de Experimentación y Producción de Música Contemporánea (Cepromusic).
Cuatro compositores estadunidenses del siglo XX fueron los escogidos para el programa, con una obra por cada uno de ellos. Steve Reich con Clapping Music, Earle Brown con Novara, David Lang y su Cheating, Lying, Stealing, y John Adams con Shaker Loops, presentados en ese orden. Como puede verse, cuatro muy distinguidos creadores de los EUA, tres de ellos vivos y componiendo pese a que ninguno puede acusarse de joven, ya que el de menor edad es Lang, quien naciera en 1947. El ausente es Earle Brown, 1926-2002.
Nada común el programa ya que, integrar una audición con exclusivamente obras a partir de la segunda mitad del siglo XX, y que sus creadores sean todos de una misma nacionalidad, nada tiene de habitual. Sucede así porque en México se cuentan con los dedos los conjuntos que cultiven la música contemporánea y, desde luego, ninguno tiene la solidez que posee el Cepromusic. Lograda, hay que agregar, muy rápidamente puesto que se formó en el 2012. Se podrá argumentar que eso se consiguió dados los recursos oficiales que se le proporcionan, y eso es cierto pero no razón única. Entre las no económicas o extra económicas que hacen de este conjunto algo especial se encuentran –en primer lugar– talento, conocimiento, estudios, experiencia, disciplina y, por qué no decirlo, entrega y gusto por lo que hace de su director desde su fundación, José Luis Castillo.
Brevemente la historia es ésta: Ese año en que cobró cuerpo la idea de formar un buen conjunto que se dedicara exclusivamente a la música contemporánea, tanto en su estudio como en su difusión, búsqueda, experimentación y creación, se buscó quien encabezara el, en nuestro país, novedoso experimento. Para encontrar al idóneo las autoridades culturales de ese tiempo convocaron a un concurso al que acudieron varios maestros que consideraron, con razón, poseer los méritos suficientes. El ganador fue el ya citado José Luis Castillo, quien continúa a su frente.
Ya para ese entonces Castillo tenía un par de años de dirigir, por escogencia de sus músicos, a la Orquesta de Cámara de Bellas Artes (OCBA), titularidad que sigue manteniendo. En su momento escribí que la llegada del maestro Castillo a la OCBA era lo mejor que le había ocurrido a esa orquesta en muchos años. Los buenos resultados en ambos cargos son plenamente palpables: La OCBA tiene un mejor sonido y toca con alegría, y el Cepromusic no sólo presenta programas distintos en sus temporadas regulares, sino que cuenta ya con siete giras internacionales y tres producciones discográficas.
Pese a estos logros, y que en ambos casos el director cobra por honorarios, es decir, no tiene plaza ni las prestaciones inherentes, empieza a surgir el rumor de que quieren quitarle, por razones de “percepción”, cualquier cosa que esto signifique, uno de los dos trabajos. Ojalá esto no suceda porque sería una verdadera pérdida tanto para el Cepromusic como para la orquesta de cámara








