Desde hace diez años, las redes digitales se han insertado en la esfera informativa para pretender sustituir al periodismo profesional. Sin más restricciones que el ancho de banda, los mensajes circulan a la velocidad de la luz, en cantidades millonarias. Se crean así, en minutos, escenarios catastróficos o maravillosos. Los datos no son verificados, hay mentiras, medias verdades, distorsiones. Desde los cuatro puntos cardinales los usuarios alimentan con sus fotos, videos, comentarios en un ciberespacio plagado de tensión, de violencia, de catástrofes sin remedio, también sin origen histórico. Surgen de la nada y en la nada se extinguen.
También las redes digitales sirven como armas políticas para el ataque o la defensa, para construir o destruir. Son artefactos usados en la lucha simbólica por imponer visiones detrás de las cuales se ocultan poderes legítimos o ilegítimos. Twitter ha sido el instrumento disparador favorito de Trump y sus asesores. Tal uso se manifestó el 30 de abril en Venezuela. Gran parte del intento de golpe de Estado se fundó en un artificio mediático para crear la sensación de que la asonada se concretaría y el presidente Maduro sería depuesto.
Las falsedades mayores provinieron del consejero militar estadunidense John Bolton, quien se atrevió a inventar que Maduro no salió del país porque los rusos se lo impidieron. Esta afirmación fue reproducida por El País, CNN en español, El Comercio, foxnews, bbc.com/mundo noticias, entre otros medios influyentes. Así mismo Bolton instó al alto mando leal a Maduro a que lo traicionara, enviando de paso una amenaza: “sáquenlo del poder o húndanse con el barco”, al referirse que Estados Unidos endurecerá las sanciones.
En el interior Juan Guaidó y Leopoldo López atizaron el fuego desde sus cuentas, enviando mensajes falsos, enmascarando la verdad.
Muchos medios digitales reprodujeron los dichos de Bolton y los opositores, sin verificarlos, ni citar la fuente, con ello se contribuyó a aumentar la confusión. Aram Aharonian señaló que se reprodujeron imágenes de 2014 en las inmediaciones de La Carlota cuando “guarimberos” crearon terror callejero como si fueran de abril 30. Tras la polvareda quedaron los hechos crudos: la asonada se controló rápidamente, el pueblo no se levantó contra sus autoridades y los opositores perdieron una más.
Sin embargo la andanada continuó en redes y en medios. Por ejemplo, al día siguiente, la página de inicio de Yahoo insertó notas, todas favorables a los golpistas venezolanos, a la intervención de Estados Unidos, fotos de un autobús quemándose con el pie “jornada esquizofrénica”. Publicó la “dura carta del depuesto jefe de la policía a Maduro”.
Por la tarde del día 30, cuando aún no había suficiente información para hacerse una idea clara de lo sucedido, los medios noticiosos en televisión reproducían cables, tuits, fotos. Se aventuraban a dar su opinión, en mesas redondas, comentaristas y expertos. Ninguna claridad surgió de ahí. El noticiario de la noche en Canal Once ofreció una crónica más equilibrada que la de sus colegas.
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En el número anterior, la cabeza de esta columna apareció equivocada, y debió titularse “Tijuana”.








