Sobre Freddie Mercury se han destacado mucho sus atributos de voz, frontman (líder de banda) y composición. Es decir, su dimensión musical, sobre todo. Pero ahora es idóneo referirse a la corporal, a propósito del estreno de Bohemian Rhapsody, película biográfica que la destaca.
Las posturas, gestos, movimientos, interacciones con el público y con los otros músicos de Queen, coreografía, indumentaria y objeto conformaron la gama amplia de dimensión corporal del autor de Don’t stop me now.
Lo caracterizó un ancho compás de las piernas, con el que definía la forma de un triángulo en su propio espacio. Arraigado en el escenario, esta postura fuerte y magnética la adoptaba en todos los conciertos y la combinaba con un puño levantado, gesto universal de triunfo y unión.
La usó, por ejemplo, mientras cantaba We are the champions y Radio Ga Ga en el Live Aid, en el estadio de Wembley de Londres (1985), a beneficio de la salud en África. En la cinta, este concierto es recreado, fielmente, con los detalles de su particular manera de moverse.
Recurría también al desplante de una pierna hacia enfrente, en tanto que la otra le quedaba atrás junto con el resto del cuerpo. A esta postura, identificada con la figura simbólica de un guerrero, él le inyectaba más energía cuando daba golpes en el piso con uno de los pies, para marcar el latido de cada canción.
Ambas posturas se deben a su cuerpo épico, dentro de un contexto de represión del cuerpo y del pensamiento de las décadas sesenta a ochenta en todo el orbe.
El sentido coreográfico de Freddie Mercury estaba determinado por varias fuerzas: su interacción con el público
–que lo situaba en el centro del escenario–, la comunicación íntima con Brian May, Roger Taylor y John Deacon –en sus posiciones de instrumentación respectivas–, y la relación con su propio cuerpo de dinamismo (kinético) –por el espacio escénico.
El juego de interactuar con las multitudes lo establecía a partir de sonidos de sílabas, que él proponía para que fueran repetidas. Este juego (prelingüístico) primario, sensitivo y remoto, orientaba su comunión con la gente. De las ocasiones más poderosas fue en aquel Live Aid con el estadio lleno.
Su recurso corporal más auténtico fue la traducción del sonido al movimiento, que lo mantenía en relación (sensorial) con los otros músicos del grupo. Sin embargo, en el filme no es aprovechado.
Reaccionar a la electricidad de la guitarra, a los golpes de la batería o a la pulsación del bajo, era su base para improvisar en vivo. Sucedió, por ejemplo, al cantar Now I’m here en el concierto para Kampuchea (hoy Camboya), en el ex Hammersmith Odeon, en Londres (1979), por la reconstrucción de ese país. O en la interpretación de Another one bites the dust en el estadio José Amalfitani, en Buenos Aires (1981), durante la dictadura de Jorge Rafael Videla.
El micrófono es un elemento muy característico en él desde su debut como frontman, como se marcó en la película. Este fetiche modelaba sus posturas. El micrófono en la pelvis o sobre la línea horizontal de los hombros eran muy recurrentes.
Y su indumentaria, generalmente mallas o pantalones ajustados y algún accesorio como el brazalete de estoperoles, le permitían sus movimientos amplios y elásticos; también sus marchas sexys, además del culto a su personalidad.
Tejió múltiples recursos del cuerpo para constituir su discurso de liberación dentro de Queen. Como un acierto de la cinta, hoy se le redimensiona como un performer (actuante), más allá del músico frontman de espectáculo que le distinguió durante el siglo XX.








