El huracán Willa dejó innumerables secuelas en Nayarit: dos ríos desbordados, poblaciones desaparecidas –como Los Sandovales–, 189 mil damnificados, ayuda tardía… El desastre natural más severo en los últimos 50 años, como lo definen los nayaritas, también sacó a flote la corrupción en la entidad. “Falló todo el aparato gubernamental”, sostiene Alberto Casillas Amaral, voluntario de agrupaciones de rescate y protección civil… Peor todavía: dos semanas después del vendaval, los afectados siguen esperando la ayuda de las autoridades.
TUXPAN, NAY.– A más de dos semanas de las graves inundaciones en esta cabecera municipal provocadas por el huracán Willa, muchas de las calles continúan inservibles, cubiertas por capas de lodo y malolientes como consecuencia de la descomposición de animales muertos y del colapso en amplios tramos de la red de drenaje.
Pero los peores olores no son los que provienen de las vialidades destrozadas, sino de los presuntos actos de negligencia o corrupción que destapó el fenómeno hidrometeorológico tras el desbordamiento del río San Pedro, precisamente en una zona donde hace más de tres años se anunció la construcción de la segunda etapa de un bordo para evitar inundaciones… aunque esa parte de la obra nunca se realizó.
La mañana del 24 de octubre pasado esa situación provocó la ruptura de un viejo muro incapaz de contener la fuerza de la corriente, que anegó la mayor parte de la superficie de esta localidad, donde el agua alcanzó en algunas zonas niveles de más de dos metros de altura, murió una persona y 90% de los habitantes resultaron damnificados.
Los anteriores, sin embargo, no fueron los únicos daños registrados en la entidad. Además del San Pedro se desbordó el río Acaponeta, por lo que en suma sufrieron afectaciones ocho municipios del norte de la entidad: Tuxpan, Acaponeta, Tecuala, Huajicori, Ruiz, Rosamorada, Santiago Ixcuintla y Del Nayar –declarados zona de desastre por la Coordinación Nacional de Protección Civil de la Secretaría de Gobernación–, donde según el gobierno estatal hubo cuatro muertos y 180 mil personas afectadas, de las que 100 mil perdieron todos sus muebles y enseres domésticos.
Hubo grandes daños en viviendas, escuelas, centros de salud, infraestructura carretera y en los sectores agrícola y ganadero. Según el presidente de la Comisión de Gobierno del Congreso del estado, Leopoldo Domínguez González, las afectaciones ascienden a 10 mil millones de pesos.
Días después del siniestro, en una visita realizada a Tuxpan, el gobernador Antonio Echevarría García se pronunció por la realización de una auditoría en el caso de la obra inconclusa del bordo del río y planteó que si se detectan actos ilegales se encarcele a constructores y servidores públicos que hayan incurrido en responsabilidad.
Al respecto, la Auditoría Superior del Estado de Nayarit (ASEN) emitió un comunicado en el que informó del inicio de una investigación de oficio sobre ese asunto, para “determinar mediante los datos de prueba suficientes, la existencia o inexistencia de responsabilidades en la construcción de la obra pública de referencia”.
La obra inconclusa
En febrero de 2015, el director de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) en la entidad, Hugo Villagrán Bernal, informó que “gracias al respaldo” del gobierno federal y a las “gestiones incansables” del entonces gobernador, Roberto Sandoval Castañeda, se continuaría la construcción del bordo iniciado en 2010 para proteger a más de 23 mil habitantes de la cabecera municipal de Tuxpan.
Y remató: “La preocupación del presidente Enrique Peña Nieto es la protección integral de las familias de Nayarit, donde se busca prevenir cualquier acontecimiento, cuidando que los bordos se encuentren en buenas condiciones para garantizar la seguridad de los ciudadanos, principal objetivo de la administración federal”.
Casi cuatro años después, cuando Sandoval ya dejó de ser gobernador y Peña está por irse de la Presidencia de la República, la realización de los trabajos aún se encuentra pendiente.
Entrevistado por Proceso, el titular de la ASEN, Héctor Benítez Pineda, dice que a pesar de haber sido una obra anunciada en varias ocasiones “en realidad no se hizo nada”, pues sólo se construyó un bulevar a lo largo de la rivera con una inversión anunciada de 20 millones de pesos, muy similar al costo considerado para la segunda etapa del bordo, que sería de 19 millones.
Dentro de la investigación iniciada por la ASEN, explica el funcionario, ya se solicitaron informes a dependencias estatales y federales con el fin de determinar si existió el proyecto y el presupuesto para el bordo y alguien prefirió hacer otra obra, o bien “otra hipótesis que se maneja es que probablemente hubo desviación de los recursos”.
Benítez aclara que existen mecanismos para “desetiquetar” un presupuesto, pero “aun cuando se hubiese cumplido ese procedimiento, me parece que hay una responsabilidad ética, pues lo criticable moralmente es haber dejado de ejecutar una obra tan vital, trascendente e incluso por muchos años esperada”.
Aunque desde antes se sabía que la tarde del 23 de octubre tocaría tierra el huracán Willa, el desastre, considerado el más grande en los últimos 50 años en Nayarit, prácticamente tomó por sorpresa a las autoridades de todos los niveles.
Después de informar la evacuación de alrededor de 13 mil personas de los municipios costeros y su traslado a albergues, el gobernador Echevarría comentó cerca de las 14:00 horas a un grupo de periodistas que se quedaría a dormir en un hotel de Tecuala, punto donde se esperaba el impacto del huracán, para supervisar desde ahí las labores de apoyo.
No obstante, esa misma noche difundió a través de sus cuentas en redes sociales un video en el que adelantó que había “saldo blanco” en todos los municipios impactados por el huracán y comentó que saldría a evaluar los daños. Aunque dijo que el peligro persistía y recomendó a la población no acercarse a los ríos San Pedro y Acaponeta, concluyó con una frase que daba a entender que lo peor ya había pasado: “Nuestras oraciones dieron muchos resultados”.
Las mentiras del gobernador
Pocas horas después, durante la madrugada del día 24, crecieron las afluentes de ambos ríos y se generó el caos. Primero se desbordó el Acaponeta y sorprendió dormidos a los habitantes de decenas de comunidades que apenas lograron ponerse a salvo en las partes altas o en los techos de sus casas. Cerca del mediodía ocurrió lo mismo con el río San Pedro, en Tuxpan.
Una reportera que pernoctó en Tecuala durante la inundación comentó que no hay evidencias de que Echevarría haya pasado la noche en ese lugar, pues a pesar de que la población quedó temporalmente incomunicada por tierra, no hubo ruidos de helicóptero y en la mañana siguiente el gobernador apareció en un evento público en Tepic.
Un reporte de la Conagua al que tuvo acceso este reportero revela que de las 3:00 a las 4:00 de la madrugada del 24 de octubre el nivel de agua del río Acaponeta se elevó de 2 mil 265 a 17 mil 576 metros cúbicos por segundo (m3/seg). El río San Pedro, por su parte, vio crecer su caudal de mil 920 m3/seg. a las 7:00 horas a 9 mil 401 m3/seg. a las 13:00 horas.
El ingeniero Alberto Casillas Amaral, voluntario de agrupaciones de rescate y protección civil, considera que frente al desbordamiento de los ríos “falló todo el aparato gubernamental”, porque “no se previó que venía un crecimiento desmesurado de los afluentes de los ríos, luego de que el huracán pasó por Nayarit prácticamente sin generar lluvias intensas y fue en la sierra de Durango donde descargó la mayor parte del agua”.
Expone: “Tal vez creían que las crecidas de los ríos iban a ser pequeñas, pero nunca tomaron en cuenta la cantidad de precipitación pluvial que traía el fenómeno, por lo que sólo recomendaron estar atentos en las márgenes de los ríos, pero no se dio un alertamiento general con tiempo suficiente de anticipación”.
Casillas añade que todos los elementos se conjugaron para el “desastre perfecto”, porque a la par que “se tomaron malas decisiones” por parte de las autoridades, los ríos se estaban recargando y no podían desaguar en condiciones de normalidad porque había marea alta en el mar.
El presidente municipal de Tuxpan, José Antonio Olague Avena, reconoce: “Esto nos rebasó, el municipio se vio rebasado; el estado también. Yo he visto muchas crecientes de ríos, pero en mi vida no había visto una como ésta. Fue una avenida muy grande, una lluvia muy fuerte y lo más grave es que no fue muy arriba, fue cerca de aquí y llegó más pronto de lo esperado”.
Refiere que “a lo mejor Conagua no nos informó adecuadamente en tiempo, y si al señor gobernador se lo dijeron como me lo dijeron a mí, de último momento, ya no pudimos hacer las cosas realmente como quisiéramos. Nosotros inmediatamente perifoneamos y advertimos a la gente, pero muchos no creyeron; cuando vi que el río seguía creciendo dije: ‘Dios mío, esto es una catástrofe’, y qué hicimos: encomendarnos a Dios y pedir que esto no pasara a mayores”.
El alcalde asegura que desde dos días antes de la llegada del huracán su administración tomó medidas preventivas, como la colocación de costales de arena en las orillas del río y el acondicionamiento de albergues, pero se queja de que en los momentos de la mayor emergencia no contó con el apoyo de algunas autoridades estatales y federales.
“Vi con tristeza que el Ejército, Protección Civil del Estado y los bomberos en cuanto vieron que esto estaba desbordándose se fueron, se desaparecieron, me dejaron solo con los policías, a quienes les pedí que me echaran la mano, y ellos se la partieron toda la tarde y noche sacando gente. Empecé a pedir a civiles pangas y canoas para rescatar gente del interior de sus casas y sus azoteas”.
Y los víveres se perdieron
No obstante, Olague Avena reconoce el apoyo posterior del gobernador en la resolución de algunas necesidades y del Ejército en preparación de alimentos para los damnificados.
Criticado por la pérdida de un cargamento de víveres para damnificados, dice que el día anterior al siniestro recibió 200 despensas y no tuvo oportunidad de repartirlas, por lo que mientras se entregaban o se utilizaban para preparar alimentos fueron almacenadas en instalaciones del DIF municipal que nunca se habían inundado, pero esta vez los niveles de agua y lodo llegaron hasta allá y echaron a perder los víveres.
Desde el inicio de la tragedia, la sociedad civil se ha movilizado para apoyar con alimentos, ropa, medicinas y enseres domésticos a los damnificados. En un recorrido por diversas zonas afectadas, el reportero constató que existen colonias y comunidades a las que no ha llegado ayuda gubernamental, entre ellas la colonia El Beis, de Tuxpan, donde las familias han sobrevivido gracias a la ayuda de ciudadanos y organizaciones sociales de otros municipios y otros estados.
Damnificados de la cabecera municipal de Acaponeta y de comunidades aledañas dieron su testimonio en el sentido de que el mayor apoyo recibido ha llegado por parte de la ciudadanía.
Como consecuencia del desbordamiento del río Acaponeta, Los Sandovales, un poblado de cerca de 50 viviendas, quedó prácticamente sepultado por el agua y algunas familias quedaron atrapadas más de 12 horas en las azoteas.
El juez auxiliar de la comunidad, Abel Gurrola Mancinas, dice que estuvo solicitando apoyo a elementos de la Secretaría de Marina para el rescate. Ellos le dijeron que habían pedido un helicóptero, pero la aeronave nunca llegó. Finalmente fueron pescadores de la comunidad Pancho Villa quienes llegaron en lanchas a salvar a las personas. En otras poblaciones los pescadores de San Blas y otros pueblos costeros protagonizaron historias similares.
José Antonio Bautista Crespo, secretario general del Sindicato de Trabajadores al Servicio del Estado y Municipios de Nayarit, señala que frente a este desastre las autoridades de todos los niveles tardaron mucho en reaccionar y mostraron desorganización y falta de preparación, en tanto que la sociedad civil ha destacado en labores de rescate y ayuda humanitaria.
Cuenta que inicialmente el sindicato que él encabeza empezó a reunir víveres y los entregó al DIF estatal, pero sus compañeros se enteraron de que había tardanza en la entrega, por lo que prefirieron realizar caravanas hacia las zonas afectadas para entregar la ayuda de manera directa.
Un desastre “inoportuno”
Bautista Crespo considera que este desastre llegó en el momento político “más inoportuno”, porque debido a la transición del gobierno federal “la administración que se va dice que ya cerró, y la nueva todavía no ha entrado”, por lo que en ese nivel nadie se hace cargo del apoyo a los damnificados.
Si bien el 30 de octubre fue realizada la declaratoria de desastre mediante la cual se podrían acceder a los recursos del Fondo de Desastres Naturales, seis días después el secretario general de Gobierno de Nayarit, Antonio Serrano Guzmán, denunció públicamente que algunos delegados federales han entorpecido el acceso a los recursos de este fondo.
Expuso que los funcionarios se han negado a firmar pidiendo requisitos imposibles de cumplir, como los documentos personales de los afectados, pero “todo se lo llevó el río o quedaron bajo el lodo”.
Serrano Guzmán estimó que esas resistencias pueden tener explicación en el hecho de que está por concluir el sexenio de Peña Nieto y ya realizaron el corte administrativo, pero advirtió la necesidad de que se hagan llegar los recursos para atender a la población afectada.
En tanto, representantes de varias organizaciones, encabezados por el exdiputado federal Rodrigo González Barrios, realizaron una manifestación para exigir al gobierno federal la canalización de recursos para atender el desastre.
Portando una manta con la consigna “Peña Nieto, voltea a ver a Nayarit”, los activistas exigieron que se declare contingencia sanitaria en la zona afectada por el huracán Willa, pues de acuerdo con González Barrios “ya hay enfermedades en la piel, de los bronquios y gastrointestinales, y pudiera generarse una situación de dengue o de cólera, que ojalá no se dé porque habría un problema mayor que impactaría a todo el estado de Nayarit”.
Estimó que los municipios no tienen la capacidad económica para hacerlo, “ese es el problema, quien tiene recursos es el gobierno federal, y si se da una epidemia será su responsabilidad; en el tiempo que le queda como presidente Peña Nieto tiene que actuar”.
El martes 6, el presidente electo Andrés Manuel López Obrador anunció que visitará la zona afectada de Nayarit en la primera semana de diciembre, una vez que tome posesión. Mientras tanto, designó a Román Meyer Falcón, quien será el titular de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano en la próxima administración, como encargado para atender la reconstrucción en los municipios afectados.








