El grupo emblemático del Teatro la Candelaria, celebró hace un par de años su cincuenta aniversario con la obra teatral Soma Mnemosine, que la semana pasada se presentó en el Teatro Orientación del Centro Cultural del Bosque.
Caracterizado por su compromiso político y los procesos de creación colectiva, la Candelaria incorpora a su espectáculo recursos de video, música, instalación y espacios múltiples. El eje de Soma Mnemosine es la lucha contra el olvido. Trayendo a la memoria a los muertos y desaparecidos de su país –igual que sucede en el nuestro–, los que no están tienen nombre, a los que intentaron borrarlos de la historia se hacen presentes a través de objetos, escenas dramáticas y visuales, testimonios y autobiografías.
El espectáculo se representaba en diferentes espacios de la casa que tienen en el barrio de la Candelaria de Bogotá hasta instalarse en el Foro. En el Teatro Orientación el inicio ocurre en el lobby, con una Parca que nos conduce y nos llama; ronda a un muerto cubierto con una sábana, que se levanta y hacer sonar su acordeón. Una mujer señala y describe cada uno de los objetos que existían en el momento en que mataron a un luchador social: El libro que estaba leyendo, sus utensilios de trabajo, la lámpara con la que intentó ver al asesino. Porque Soma Mnemosine es la diosa de la memoria, y los cuerpos de los actores encarnan a los ausentes y crean sus personajes, siendo ellos mismos un espejo del otro pero una revelación de su propia historia.
El trabajo de creación colectiva, dirigido por Patria Ariza, surge desde las entrañas de un país dolorido por la guerra silenciosa que grita con fuerza y se hace presente. El cuerpo de la memoria que habita historias de cuerpos aventados a los ríos y rescatados por mujeres para hacerles un funeral digno y darles nombre. Cuerpos de sombra que penden de un helicóptero y sobrevuelan montañas y bosques hasta ser acribillados. Cuerpos que ya no están pero que el teatro ha traído de vuelta.
La propuesta escénica es discontinua, construida a cachos, con los que el espectador va introyectando una experiencia individual y fragmentada; como fractales que adquieren forma en nuestro interior: Una sensación, un dolor que se incrusta en nuestra vivencia y nuestra visión del entorno en el que vivimos. No podemos ser ajenos a lo que está sucediendo, a las atrocidades que se pretenden normalizar y de las que cobramos conciencia indignados. Las imágenes se nos quedan impregnadas en la memoria, como aquella de los cuerpos colgantes o el juego de blanco y negro entre la muerte y la vida o el acordeón nostálgico.
Pero Soma Mnemosine también es un homenaje a Santiago García, fundador de Teatro la Candelaria que, a sus 88 años de edad, ya no puede estar en el escenario, pero se rescata su presencia a través de un video que es canto y baile, donde da fe de sus convicciones teatrales, los principios del grupo, su posición política ante la vida y en el que concluye con un contundente: “No, yo no los perdono”.
El Teatro de la Candelaria no tiene sólo como objetivo crear espectáculos; su énfasis está en el proceso creativo, en la experimentación, en los ensayos y la investigación tanto escénica como social. Santiago García ha sido un teórico para dar fe de los movimientos teatrales de su momento, el surgimiento de la creación colectiva y el teatro independiente.








