La matanza de cuatro niños palestinos en la franja de Gaza el 16 de julio de 2014 fue un error o un exceso de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), según una investigación interna mantenida oculta tres años, sin que se iniciaran procesos para sancionar a los responsables.
Aunque ese ejército ha intentado convencer a la opinión pública de que es “el más moral del mundo” –con campañas de propaganda que, entre otras cosas, muestran a operadores de drones absteniéndose de atacar objetivos al notar la presencia de niños y civiles–, testimonios de soldados israelíes que sirvieron durante ese conflicto revelan que, en el terreno, los procedimientos militares establecidos para proteger a la población no combatiente fueron anulados por órdenes oficiales, y la práctica fue considerar blanco legítimo a toda persona cercana a las operaciones, realizadas en áreas densamente pobladas, sin atender a su condición o edad.
Además el miércoles 15 el ejército israelí se declaró libre de haber cometido faltas durante los ataques que realizó del 1 al 4 de agosto de 2014 contra la ciudad gazatí de Rafah. Un informe previo de Amnistía Internacional, en cambio, acusa a Israel de haber cometido crímenes de guerra al aplicar la “directiva Aníbal” –que ordena “lanzar poder de fuego masivo” para impedir el secuestro de un soldado vivo, en este caso el teniente Haidar Goldin– y matar a 135 personas al bombardear “zonas civiles densamente habitadas”.
La matanza
Todo ocurrió frente a los periodistas que comían en la terraza del hotel Al Deira, uno de los pocos sitios considerados seguros en Gaza durante la guerra de 2014. “Puedes pasar semanas viendo sucesos horribles cada día, pero hay uno que realmente se queda contigo”, escribió Tyler Hicks, fotógrafo de The New York Times.
Ayman Mohyeldin, de la cadena NBC, había estado jugando con ocho primos –de entre nueve y 11 años– de la familia Baker, bien conocida en esa zona. Después los niños fueron hacia los embarcaderos del puerto.
En Gaza la gente vive consciente de que desde arriba es constantemente vigilada por drones artillados israelíes. A veces no los ve, pero siempre los escucha y puede imaginar que un muchacho que hace el servicio militar, de 18 o 19 años, está lejos de allí, en la base área de Palmachim, en el sur de Tel Aviv, observando la pantalla, sujetando el joystick, con el pulgar sobre el gatillo, decidiendo si va a disparar o no.
A las 15:30 horas de ese 16 de julio, un dron Hermes 450 transmitió imágenes de gente que se aproximaba a un contenedor que había sido destruido un día antes, bajo sospecha de que servía para ocultar bombas, aunque no hubo explosiones secundarias que lo confirmaran. Eran los ocho niños. Ismail Baker, de nueve años, se metió en lo que quedaba del supuesto depósito. Ahí murió cuando un oficial ordenó que dispararan un misil.
Los demás corrieron para escapar. Alertados por la explosión, los periodistas gritaban “¡son niños, son niños!” Los operadores del dron, según el informe militar, pidieron instrucciones a sus superiores, esperaron medio minuto sin recibirlas y dispararon. Los primos Aed y Zacaria, de 10 años, y Mohamed, de 11, murieron alcanzados por un segundo misil.
Los reporteros corrieron a socorrer a los cuatro sobrevivientes heridos. En The Guardian, Peter Beaumont escribió: “En apenas 40 segundos, cuatro niños que jugaban a las escondidas entre las cabañas de los pescadores estaban muertos”.
“Hoy desde temprano les pedimos a los civiles que se alejaran de los objetivos militares en Gaza”, respondió el vocero del ejército en su cuenta @IDFspokeperson. “De nuevo Hamas les dijo que ignoraran nuestras advertencias”.
El gobierno israelí se esforzó por desacreditar el trabajo de los periodistas en Gaza e incluso el primer ministro, Benjamín Netanyahu, denunció que presentaban “palestinos telegénicamente muertos”.
Pero el ejército de Israel sí supo lo que pasó. El sábado 11, el portal difundió un informe militar concluido en 2015, obtenido por la ONG Adalah, dedicada a defender legalmente a los ciudadanos israelíes de origen árabe.
El 11 de junio de ese año, el mayor general inspector Danny Efroni decidió enviar el reporte al archivo y cerrar la investigación, sin identificar a los involucrados ni presentar cargos contra ellos, porque “no les hubiera sido posible identificar a estas figuras como niños”.
Sin embargo, esa misma mañana del 16 de julio el ejército subió a YouTube un video titulado Aviación de las FDI cancela ataques para proteger a civiles de Gaza (youtu.be/PuL-OA84p54), en el que presenta varios clips de operadores de drones que informan a sus superiores de la presencia de niños y civiles cerca de objetivos, y que reciben la orden de pasar a otro blanco.
En las imágenes, no obstante, sólo se ven puntos que no permiten distinguir a un infante de un civil adulto o de un combatiente.
Según The Intercept, la razón de ocultar el informe podría haber sido que reconocer que mataron niños hubiera bloqueado un contrato por 600 millones de dólares, para venderle drones a Alemania, donde algunos políticos habían expresado su preocupación por el peligro para los civiles.
El reporte creó inquietud en Israel, donde se discutieron sus implicaciones. El diario publicó 10 preguntas, entre las que destacan las siguientes:
“¿Por qué la investigación militar se limitó a interrogar soldados y no a otros testigos, como los periodistas?
“¿Por qué se asumió que si alguien se acercaba al contenedor destruido debería ser un militante de Hamas y no un civil, si no había evidencia de que efectivamente era usado como depósito de armas?
“¿No debieron los operadores del dron esperar órdenes?
“Si se justifica el ataque con que la información de inteligencia sobre el contenedor era errónea, ¿cómo se concluye que no hubo fallas en el procedimiento?
“Si no se podía distinguir si eran combatientes, civiles o niños, ¿no era eso razón suficiente para no disparar, de acuerdo a las leyes internacionales?
“¿Puede el uso de drones artillados nublar la sensibilidad humana?
“¿Qué diríamos si ésos hubieran sido nuestros niños y el enemigo hubiera cometido el ataque?”
Contra lo que se mueva
En su informe Cómo peleamos en Gaza, la organización de veteranos israelíes de guerra Shovrim Shtika (Rompiendo el Silencio) presenta los testimonios de 111 soldados que pelearon en esa conflagración, y a partir de los cuales pudo concluir que las reglas oficiales de combate (que permiten abrir fuego sólo después de identificar un arma, y la intención y la capacidad de usarla) fueron alteradas en el curso del conflicto por mandos altos y medios.
A los soldados les aseguraban que las zonas a atacar habían sido evacuadas y no había civiles, pese a que eran urbanas y densamente pobladas, por lo que actuaron bajo la suposición de que cualquier persona que vieran era un enemigo armado que debía ser eliminado. Les ordenaban disparar contra “puntos sospechosos”, sin aclarar lo que se debía entender por tales, por lo que era común atacar edificios habitacionales a cientos de metros de distancia, sólo porque algo se había movido en una ventana; la indicación era destruir amenazas detectadas, sospechadas o teóricas.
Según la comisión investigadora de la ONU, de las 2 mil 251 personas que murieron en la guerra de 2014 en Gaza bajo fuego israelí, 65% fueron civiles.








