Un mensaje en Twitter desató la ira de Arabia Saudita

No era nada fuera de lo normal: un mensaje en Twitter expresaba la preocupación del gobierno de Canadá por el arresto en Arabia Saudita de dos mujeres conocidas por su activismo en pro de los derechos femeninos. Pero el gobierno árabe reaccionó con medidas que se antojan excesivas: expulsó al embajador canadiense y retiró al propio de Ottawa y alentó la salida de sus súbditos del país norteamericano. El colmo fue una amenaza nada sutil: la imagen de un avión de Air Canada en ruta de colisión contra la emblemática torre CN de Toronto. Analistas ven las acciones de Riad como baladronadas del príncipe heredero destinadas a fortalecer su autoridad frente a los sectores más conservadores de su país.

No fue una amenaza sutil: la imagen muestra un avión de Air Canada en curso de colisión contra la torre CN, un alto edificio que es la referencia más destacada de Toronto, tal como lo eran las Torres Gemelas de Nueva York.

Difundida y viralizada en Twitter e Instagram, la composición acompañaba una abrumadora serie de medidas anunciadas en un solo día, el lunes 6, por el Reino de Arabia Saudita contra Canadá: la expulsión del embajador canadiense y el retiro del propio; la suspensión de las becas a 16 mil jóvenes sauditas que estudian en universidades y hospitales canadienses, hasta que hallen nuevos países que los acojan; y forzar a los pacientes sauditas que estén tomando tratamiento médico en Canadá a buscar alternativas.

En el ámbito comercial: la suspensión de todos los vuelos entre ambas naciones, la venta –sin importar los costos– de los bonos de deuda gubernamental y de las acciones de empresas canadienses en manos sauditas, y la cancelación de inversiones y de transacciones comerciales con el país norteamericano.

El miércoles 15, mientras ambos gobiernos expresaban su decisión de no echarse para atrás en el conflicto, los analistas seguían tratando de explicarse las razones y objetivos de la súbita y virulenta ofensiva saudita, que comenzó a partir de un hecho menor:

El viernes 3 el Ministerio de Asuntos Exteriores de Canadá hizo algo considerado de rutina para el gobierno del primer ministro Justin Trudeau, que suele hacer señalamientos en defensa de los derechos humanos en distintas partes del mundo: emitió un tuit que decía que Canadá está “gravemente preocupada” por los nuevos “arrestos de activistas de la sociedad civil y los derechos de las mujeres en #ArabiaSaudí”, y pidió a las autoridades sauditas que los liberaran.

Eso desató la airada reacción en su contra pero no la solidaridad de sus aliados tradicionales: Estados Unidos y Gran Bretaña decidieron tratar a Canadá al parejo que Arabia Saudita, deseándoles a ambos por igual que sean capaces de resolver sus diferencias. Amistosamente, precisaron.

Campaña en redes

En la imagen de la polémica, debajo de la aeronave, fueron colocados dos textos: “¡Metiendo la nariz donde no se debe!” y “Como va el dicho árabe, ‘aquél que interfiere en lo que no le importa, encuentra lo que no le agrada’”.

No había duda a qué se refería. El 11 de septiembre de 2001, 15 de los 19 terroristas que se apoderaron de cuatro aviones para lanzarlos contra Nueva York y Washington, y que mataron a casi 3 mil personas, eran sauditas, lo mismo que el autor intelectual de esos ataques, Osama bin Laden, y que muchos de sus financiadores.

Aunque el Ministerio de Comunicación del Reino ordenó el borrado del tuit y la suspensión o cierre de la cuenta @Infographics_KSA (KSA son las siglas inglesas del Reino de Arabia Saudita), la imagen fue reproducida miles de veces y los usuarios de Twitter debatieron sobre ella. 

Infographics KSA explicó que no tenía más intención que ilustrar la forma en que el embajador de Canadá había retornado a su país a rendirles cuentas a sus superiores, a pesar de que Toronto no es la capital de Canadá ni la torre CN tiene algún parecido con Capitol Hill, sede del gobierno.

Quienes refutaron el argumento señalaron que esta mentira desenmascara que había preparativos reales de un atentado; otros aprovecharon la oportunidad de desprestigiar al enemigo (Hamad al Thani –@hamadalthani77–, miembro de la realeza de Catar, que también está en conflicto con Arabia Saudita, posteó fragmentos de mesas de debate en canales sauditas en los que, según él, se asegura que “la mayor parte de los miembros de Estado Islámico son sauditas, por lo tanto tienen las herramientas. Sólo están esperando órdenes”.).

Algunos más cuestionaron la sinceridad del gobierno saudita, pues aunque el grupo Infographics KSA es descrito como independiente de las autoridades, varios diplomáticos y ministros pertenecen a sus 350 mil seguidores en Twitter, como el consejero de la Corte Real Saud al Qahtani (@saudq1978), que en julio tuiteó que Infographics KSA “es un gran esfuerzo educativo nacional de la juventud del país” y llamó a sus 1.2 millones de contactos a seguir la cuenta. Los diarios oficialistas sauditas la solían citar como fuente próxima a la monarquía.

Si bien fue eliminado, el tuit de la aeronave fue el primero de una serie de golpes propinados desde cuentas sauditas en redes sociales, que incluyó giros más bien sorprendentes: insistieron en presentar a Canadá como “uno de los países donde más se oprime a la mujer” e iniciaron una campaña de apoyo a la independencia de Quebec, aunque ya ha pasado mucho tiempo desde el referéndum celebrado para decidir sobre el tema. En 1995 lo perdieron los separatistas.

El tuit canadiense sobre Arabia Saudita fue seguido de otros dos, también en el tema de derechos humanos: una condena contra la represión que llevan a cabo las fuerzas de seguridad contra opositores en Zimbabue y el reconocimiento oficial del genocidio llevado a cabo por los nazis contra los gitanos.

Lo de siempre… pero no para los príncipes sauditas: “Injerencia flagrante en los asuntos internos del reino”, denunció la oficina de prensa; “no aceptaremos órdenes de nadie”. En Ottawa no se amilanaron: “Permítanme ser muy clara”, respondió Chrystia Freeland, ministra de Asuntos Exteriores, “Canadá siempre defenderá los derechos humanos en Canadá y en todo el mundo, y los derechos de las mujeres son derechos humanos”.

Su dependencia había reaccionado por Twitter a los arrestos de las feministas Nassima al Sadah y Samar Badawi, que tuvieron lugar el miércoles 1. Canadá tiene un interés particular en esta última, hermana de Raif Badawi, un bloguero disidente condenado en 2012 a recibir mil latigazos y 10 años de prisión, acusado de “insultar al Islam” en internet, y quien a su vez está casado con una mujer recientemente naturalizada canadiense, Ensaf Haidar.

Estas activistas se suman a una creciente lista de víctimas de una oleada de represión política: desde defensores de derechos humanos hasta prominentes figuras del gobierno y de la realeza, pasando por periodistas y clérigos.

Detrás de todo esto se encuentra el príncipe Mohamed bin Salmán (conocido como MBS), heredero de su padre, el rey Salmán, quien ascendió al trono en 2015. 

En ese momento MBS tenía 29 años y carecía de toda experiencia diplomática o administrativa, pese a lo cual inició movimientos para someter a todos sus rivales internos, asumir el poder de una forma no vista antes en esta monarquía, y proyectar a Arabia Saudita como la gran potencia regional y global que, a su juicio, debería ser.

Por un lado inició reformas para liberalizar la vida social del reino, como permitir por primera vez que las mujeres conduzcan automóviles. Pero como esto sigue resultando insuficiente para muchos, ha querido dejar claro que nadie le va a decir cómo y a qué ritmo realizar estos cambios y ha metido a la cárcel a quienes han levantado la voz al respecto… incluidas las primeras mujeres que, desafiando las leyes, se atrevieron a ponerse al volante antes de que les fuera permitido.

Yemen, la víctima

A escala internacional, los resultados de las iniciativas de MBS han creado o agudizado conflictos graves en una región ya caracterizada por los conflictos graves. 

Ya cumple un año el bloqueo de Catar, un antiguo aliado sobre el que ha impuesto restricciones comerciales y de transportación terrestre, aérea y marítima, en represalia por la decisión del pequeño emirato de sostener una política exterior autónoma. También continúan los problemas de estabilidad en Líbano, a cuyo primer ministro, Saad Hariri, mantuvo retenido en Riad hasta obligarlo a renunciar al cargo en noviembre –aunque después Hariri se desdijo–; en Irak y Siria combaten milicias extremistas sunitas financiadas desde Arabia Saudita.

Lo más grave, por su impacto humano, sin embargo, es la guerra que ha lanzado en Yemen con su ejército, tropas de los Emiratos Árabes y apoyo militar de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, para derrotar a los rebeldes hutíes que controlan la capital yemení, Saná, y que ya ha provocado lo que el secretario general de la ONU, António Guterres, califica como “la peor crisis humanitaria del mundo hoy”.

En ese país, 22 millones de personas dependen de la ayuda internacional, incluyendo a 11 millones 300 mil niños. De estos pequeños, 130 mueren cada día.

El jueves 9 fueron muchos más, sin embargo. La fuerza aérea saudita atacó a un grupo de alumnos de primaria que habían ido de excursión a un cementerio, uno de los pocos lugares que quedan en “seguros” para jugar en Saná. Las bombas mataron a 39 de ellos y 11 adultos.

El gobierno saudita aseguró de inmediato que la operación había sido “legítima” y que los infantes estaban siendo entrenados para la guerra. Pero un video, grabado por uno de los chicos muertos, demuestra que eran niños normales con muchas ganas de jugar.

En el Consejo de Seguridad de la ONU, que discutió la tragedia el viernes 10, Wa­shington, Londres y París “expresaron su preocupación sobre el elevado número de víctimas civiles” pero se negaron a condenar a Riad.

Las verdaderas razones de la ofensiva de MBS contra Canadá son discutidas por los analistas. Algunos señalan la necesidad que tiene de fortalecer su autoridad internamente, frente a los sectores conservadores que están molestos con sus reformas y que aprecian una actitud dura frente a los occidentales.

Otros destacan que tal postura es verdadera, no fingida, pero con el propósito de blindar al propio príncipe heredero. “Nadie debe interpretar esto como un berrinche de Riad”, tuiteó Hisham Al-Zoubeir Hellyer, especialista en Arabia Saudita del Atlantic Council. “Es bastante más probable que sea una jugada calculada, destinada a imponerles (a los aliados del país) una prueba de fuego para mantener las relaciones”.

No desea que nadie –dentro o fuera de Arabia Saudita– meta las manos en sus reformas y proyectos, y para dejarlo claro, decidió enfrentar no a las potencias más grandes, sino a un rival relativamente débil: Canadá, a cuyo auxilio no se ha visto salir a sus aliados, que siguen apoyando la intervención saudita en Yemen, pese a todas las alarmas encendidas.

Trudeau no ha hecho acuse de recibo de ese abandono, sin embargo. Como a su antagonista saudita, mostrar una sólida postura de firmeza le ayuda a enfrentar retos internos: desde marzo está bajo fuego porque decidió refrendar un acuerdo, preparado por el gobierno anterior, para vender más de 900 vehículos blindados –artillados, muchos de ellos–, por un total de 11 mil millones de dólares, a un gobierno acusado de provocar un desastre humanitario.

El comprador es Arabia Saudita. Y los críticos advierten que el destino de este armamento es ser usado precisamente en Yemen.