Comedia ligera

Romain Gary (1914-1980) fue un escritor francés de origen ruso muy apreciado en Europa. Además de que participó en la resistencia ante los nazis, fungió como diplomático, dirigió películas, escribió guiones para Hollywood, destacó como intelectual a partir de los años cincuenta y tuvo una estrecha relación de amistad con André Malraux y Albert Camus. Escribió más de 40 obras, la mayoría de ellas en librerías.

Después de su muerte se descubrió que además de firmar sus obras con su propio nombre, lo hacía con varios pseudónimos, como Romain Kacew, Fosco Sinibaldi, Shatan Bogat o Émile Ajar. Por esta chanza ganó dos veces el prestigiado Premio Goncourt, que de acuerdo con su estricta reglamentación sólo puede ser recibido una sola vez. A Romain Gary lo galardonó en 1956 por Las raíces del cielo, y con el pseudónimo de Émile Ajar en 1975 por la novela La vida por delante.

Ahora se edita en español su novela Lady L (Ed. Galaxia Gutemberg. Col. Narrativa; Barcelona, 2018. pp. 176). La historia trata sobre las confesiones que decide hacer Lady L, el día de su octagésimo cumpleaños, a su amigo, un viejo y respetado poeta. Las hace hablando de ella en tercera persona con el nombre de Anette. Así nos enteramos de su procedencia francesa, la dolorosa muerte de la madre trabajadora, la formación anarquista del padre, el trabajo como prostituta, la relación con uno de los ácratas más famosos y su participación con los rebeldes en actos terroristas.

Pero la vida de Anette cambia al ser convertida en una aristócrata distinguida por los libertarios, para robar y conocer los movimientos políticos y económicos de los nobles y burgueses. Después de una serie de avatares se casa con un caballero y paulatinamente se convierte en una venerable anciana. Sin embargo, el amor imposible con el principal rebelde la llevará a realizar un acto sorpresivo de consecuencias insospechadas.

En Lady L Romain Gary hace una reflexión crítica sobre los rebeldes radicales, quienes se insubordinan por ser explotados y buscan demoler el orden establecido. Para hacerlo recurren a la destrucción: devastan las fuentes de trabajo y asesinan a algunos de los principales aristócratas. Las consecuencias son negativas para los trabajadores, pues se quedan sin trabajo, ante lo cual venden su fuerza más barata por la necesidad. Asimismo los crímenes cometidos llevan a un mayor control de la policía, que aumenta la vigilancia sobre los subordinados.

Por otro lado, esos contestatarios creen que sus posiciones son verdaderas y universales. De tal modo, cualquier disidencia o cuestionamiento es una equivocación que se sanciona, por lo que terminan asumiendo posiciones autoritarias y excluyentes. Así, endurecen las condiciones económicas y políticas y forman grupos de incondicionales que niegan su libertad.

Lady L es una comedia ligera y amena que vale por la dinámica narrativa, pero el cuestionamiento que realiza Romain Gary sobre los libertarios y la rebeldía es parcial y simple.