Es una gran fiesta la Feria Internacional del Libro de Guadalajara donde, además de toda la oferta editorial que se ofrece, hay un sin fin de actividades: presentaciones de libros, conversaciones con autores y obras de teatro, entre muchas más. La afluencia de público es espectacular y nos devuelve la esperanza de que los libros continúan en el imaginario de nuestro país, reunido ahora en Guadalajara.
Siendo Madrid el país invitado este año, se organizó un Torneo de dramaturgia en el Teatro Vivian Blumenthal y la presentación de unas cuantas obras de teatro: dos obras de autores españoles: El cartógrafo, dirigida por Juan Mayorga, y El diccionario, por Enrique Singer; además de dos monólogos: Destilado de luna, ideado e interpretado por Ofelia Medina, y 50 de cien escrito por Fernando León e interpretado por Rodrigo Murray.
El Torneo de dramaturgia México VS España, fue un evento extraordinario en el que durante tres días compitieron autores mexicanos y españoles, con una obra de teatro no mayor de cuarenta minutos y donde el público era el que elegía a los ganadores. Fue una experiencia emocionante y divertida; diferente y propositiva.
La idea provenía de Jordi Casanovas, que la había desarrollado en el Festival de Girona y llevada por Lazona a Madrid. Ahí, los cuatro finalistas fueron los elegidos para presentarse en el Torneo de Guadalajara y enfrentarse a cuatro dramaturgos jaliscienses, reconocidos por sus trabajos en la escena mexicana: Teófilo Guerero, Viridiana Gómez, Andrea Belén y Jorge Fábregas.
El escenario, un ring de lucha libre, ambientado con música de cumbia, matracas, bebida, papitas con salsa y mucha algarabía. Un árbitro hacía la presentación de los dos dramaturgos enmascarados, exponiendo las reglas del juego e iniciando la competencia. En la final, los actores fueron Carolina Ramos y Abraham González, en la obra de Teófilo Guerrero Mañana vemos, y Azucena Evans y Gerardo Hernández en la obra de Yolanda G. Serrano Parapeto. Muy buenas las actuaciones, porque, a pesar de ser una lectura dramatizada casi montaje, eran de una gran verosimilitud. Los textos sólidos y de excelente factura.
Parapeto trataba del encuentro de una periodista y un joven que afirmaba haber tenido relaciones sexuales con Donald Trump y llevaba a la reportera a publicar en redes lo que en realidad era una venganza. Era difícil sostener la verosimilitud del planteamiento, que caía a momentos, aunque ingenioso y hábil en los giros dramáticos.
La obra Mañana vemos, de Teófilo Guerrero, fue la ganadora y con mucha razón. Sus personajes, al irlos conociendo, se volvían entrañables; era emotiva y crítica, con humor y vueltas de tuerca sorprendentes. Dos personajes se encontraban en el alambrado, triple, de la línea; lugar donde se veían desde hacía veinte años. Él radicaba en los Estados Unidos y ella lo mantenía al tanto del acontecer en su pueblo. Con la vigilancia y amenaza de un policía fronterizo, develaban secretos y vivían su amor distante; el equívoco del final resignificaba la historia e impresionaba a los espectadores.
El Torneo de dramaturgia fue un gran evento, convocado por la Coordinación de Artes Escénicas de Cultura UDG, encontrando formas para vivir el hecho teatral y acercar al público a él.








