Personal de Banamex maltrató a un profesor discapacitado

Señor director:

Deseo exponer en este medio el maltrato que sufrí de parte de Banamex en Chihuahua. Soy profesor jubilado, originario de la capital del estado y padezco trastorno bipolar crónico tipo II, el más grave.

El 29 de septiembre ingresé a una sucursal de Banamex en esta ciudad. El lugar estaba lleno y la gerente Blanca Sánchez me asignó el turno número 667. Eso me extrañó. Me acerqué a la mujer, preguntando por qué me asignaba ese turno. Le cuestioné el porqué no había una ventanilla asignada para atender a discapacitados, embarazadas o ancianos.

No me dio ninguna explicación que yo percibiera razonable.

Cuando me tocó pasar a la ventanilla bancaria me alteré y grité sobre la situación. Apenas habían pasado cinco minutos cuando me abordaron cinco policías municipales. Me sometieron, me esposaron y me sacaron del banco.

Los funcionarios del banco y los policías municipales sobrerreaccionaron, porque la gerente y otros seis empleados saben perfectamente que sufro una enfermedad.

Quiero decir que nunca había tenido un problema de este tipo, mucho menos un lío legal. Tengo un historial como persona honesta e intachable. Por eso pregunto: ¿Quién va a responder por mis daños físicos y psicológicos?

Ya afuera del banco también sufrí abuso policial.

Los agentes me subieron a un vehículo y me llevaron a los separos. Durante el traslado se burlaron de mí: “Profe, de perdida se va a quedar 24 horas en barandillas, además de una multa administrativa”. A un enfermo no se le hace eso. ¡No se vale!

Me quitaron las esposas después de permanecer tres horas y media en los separos. Cuando me ingresaron para valoración médica le informé a la doctora sobre mi trastorno y los medicamentos que tomo.

En serio, suplico a las autoridades mexicanas que atiendan a las personas con discapacidad. Les pido que revisen cómo este tipo de situaciones se manejan en Estados Unidos.

En México parece que es necesario que te vean sin brazos o sin piernas para recibir la atención adecuada.

Para concluir, explico que cuando la doctora terminó mi valoración reconoció que realmente sufrí abuso policial y exigió mi liberación. Al policía nefasto que me hostigaba le puedo decir de frente que no logró su cometido. Ese tipo de gente tiene una mente muy chiquita y poquito criterio. No razonan.

Atentamente: 

Ingeniero y profesor Gilberto García H.