Señor director:
A cerca del artículo titulado La Fiscalía General, “envenenada” de origen, firmado por Jenaro Villamil en el número 2132 del semanario que usted dirige, quiero expresar que en México el régimen capitalista que padecemos, y que hoy está en franca decadencia, está compuesto de dos clases fundamentales: explotadores y explotados.
Mientras los mexicanos no cambiemos ese régimen por un nuevo modo de producción sin explotación, por más esfuerzos que se hagan no podrá haber un fiscal general que sea independiente de la clase política en el poder.
La propuesta hecha por las organizaciones sociales y empresariales está dejando en manos del Presidente de la República el nombramiento del fiscal, lo que no representa ningún cambio, pues dicha figura carecerá de autonomía para ejercer su función.
Desde que comenzó a gobernar, la clase explotadora estableció en la Constitución un gobierno integrado por tres poderes: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. Sin embargo, esa división es engañosa porque, por ejemplo, el nombramiento del presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación es hecho por el Presidente del país mediante una terna de “notables” que es de su agrado, dejando al Legislativo la tarea de legalizar el nombramiento. Dicha práctica es comparable con la fórmula trinitaria del clero: “Tres personas distintas y un solo Dios verdadero”.
Quiero señalar que en Coahuila, siguiendo esa misma táctica amañada, se pretende imponer a Gerardo Márquez Guevara como fiscal general del estado. Se trata de un personaje que fue cesado por corrupto cuando se desempeñaba como delegado de la Procuraduría General del estado, hecho que fue ampliamente difundido por medios locales.
En estos momentos en que está rebasada la clase política oficial, los mexicanos debemos exigir que la designación del Fiscal General de la República se realice mediante una elección, porque esa es la única manera de tener una autoridad que sea independiente para impartir justicia.
Atentamente:
José Asunción Luna Ortiz








