Miscelánea de repeticiones

Los canales culturales-públicos que operan desde la Ciudad de México parecen entrar en un declive respecto de su programación y del perfil de cada uno de ellos. A partir de que se estableció el Sistema de Radiodifusión Pública del Estado Mexicano (SRP), dependiente de la Secretaría de Gobernación, hay títulos insertados indistintamente en uno u otro canal de manera rotatoria.

Aparecen en el 22 con logo sobrepuesto del 14, en ocasiones en TVUNAM con logo del 22, en el Canal del Congreso o en la estación del Instituto Politécnico Nacional, en el 21 del gobierno de la capital del país, etc.  Tal proceder crea confusión entre los televidentes, que ya no saben en cuál emisora están.

Tampoco se alcanza a distinguir al productor original. Este es el resultado en pantalla de un antiguo proyecto del PRI: agrupar bajo una misma dirección general a las emisoras públicas, con el fin de evitar demasiada autonomía en contenidos. A eso se ha abocado el SPR, tanto que hemos visto un par de anuncios a cargo de conductores de los canales para asegurar la mejoría en la unidad.

Lo anterior ha logrado reducir la diversidad de contenidos, agréguese además la unificación en mensajes del gobierno. Resulta lamentable interrumpir un programa, sea del canal de los universitarios o de los politécnicos, con el fin de aleccionarnos sobre lo bien que lo hacen las dependencias públicas, lo boyante de nuestra economía, el claro y decidido combate al tráfico de drogas, las excelentes instalaciones médicas o de infraestructura carretera inauguradas por el presidente de la República.

Igualmente distractor es el procedimiento de no diferenciar entre emisores orientados claramente a públicos distintos. El que sea legal –todos se deben plegar a difundir las pautas del gobierno federal y del INE– no lo vuelve socialmente aceptable. Es un despropósito igualar a los desiguales.

Un reflejo más del deterioro consiste en las continuas repeticiones de series, algunas de las cuales iniciaron su difusión hace 8 y 10 años, por ejemplo Cuéntame cómo pasó en Canal 22, que hoy vuelve a los primeros capítulos. En ese mismo canal vemos tercera pasada de Bandolera y segunda de El Capitán Alatriste.

Por lo que respecta a los programas producidos por dicho canal, se reiteran en la táctica de las nuevas temporadas. Así el resto de las emisoras, empecinadas en recortar gastos al sacar de la morgue obras antiguas, caducas que dejan un sabor a “deja vu” (ya visto) como TVUNAM, cuyas novedades del día a día se limitan a una barra del Observatorio Cotidiano, tan lento como aburrido; a series de ciencia o arte que provienen del 2003 y antes. A Canal 11 se le pueden reconocer nuevas series, tal vez por un presupuesto mayor, aunque no se salva de insistir varias pasadas de series estelares, entre éstas Los vikingos. Esto por lo que hace a los tres canales de mayor antigüedad. El resto recicla también de lo corto de su producción que se remonta a los tiempos del milenio.

Por este sendero los canales públicos van hacia su extinción. ¿Para qué tantas señales si en todas veremos versiones similares? Igual que en los medios comerciales, se multiplican a la manera del clón, idénticos a sí, replicando defectos.