Dentro del Tour de Cine Francés que arranca esta semana, El encuentro’ (Sage femme; Francia, 2016) presenta un dúo inimaginable de actrices, Catherine Deneuve y Catherine Frot, para contar una historia banal en la que, sin embargo, caben temas tan serios como la vida, la muerte y sus redes inextricables.
El cineasta Martin Provost, consagrado a explorar el universo femenino, escribe y dirige esta historia de mujeres sabias.
Dedicada por completo a su profesión de partera, Claire (Frot), reservada y solitaria, acaba de renunciar a su trabajo porque no está dispuesta a entrar al sistema de modernización y lucro; la llamada telefónica de Beatrice (Deneuve), la fogosa e impredecible examante de su padre, agita su sistema de orden y remueve las heridas del pasado. La fábula es la de la cigarra y la hormiga, pero Provost traspasa la moraleja cruel de La Fontaine y propone que la cigarra, que cantó todo el verano, guarde también lecciones para darle a la hormiga trabajadora.
Sage-femme significa comadrona, pero también es una mujer sabia y bien portada; Claire resulta ambas cosas y Beatrice ninguna; el director se divierte todo el tiempo con el título de la película dentro de un juego de espejos, esquema más fácil para enfrentar a dos personalidades antitéticas, pero sin caer en el lugar común del combate de divas. Y cuando afloran temas de rencores y traiciones, muerte y culpa, el espectro de Bergman (Persona), que aleteaba sobre sus cabezas, se exorciza con el vino, el buen filete y las papas fritas que Beatrice, desobedeciendo salud y reproches de su hijastra, empaca con gusto.
Cuando Beatrice comenta sobre el mal vestir o la rigidez de Claire, es sin mala fe, espontáneamente, desbordada como todo lo que hace, ya sea desaparecer por treinta años y regresar pensando que todo sigue igual; vive el momento, la apuesta es inmediata, por eso se mantiene del juego y de pedir prestado, si bien paga sus deudas porque le gusta estar en paz con la vida, ya que de ella extrae el jugo posible. No así Claire, quien trabaja responsablemente y anda sola. A fin de cuentas, ¿quién es la más sabia?
En El encuentro, la metáfora de la partera nunca se siente gratuita, la vida es eso que está naciendo a cada instante y requiere una entrega completa, no puede posponerse; aunque provoca emociones intensas, el parto no se muestra con sentimentalismo ni como mera estampita de felicidad, pues también el bebé puede nacer muerto; y no hay oportunismo en la obviedad del tema de emergencia y vida, porque en la realidad Martin Provost estuvo a punto de morir en su nacimiento y una partera lo salvó.
Después de la tristísima desaparición de Jeanne Moreau, Catherine Deneuve ocupa el pedestal de la gran actriz europea. El encuentro le permite a esta bella de día y de noche parodiarse a sí misma como artista y mujer, sin dejar de inventarse en un personaje decadente que, con gestos y sacudida de melena, cita a varios de los papeles de su larga trayectoria.








