A ocho décadas de su nacimiento, el TGP recibe el homenaje en la Galería del Paseo de la Reforma en el Bosque de Chapultepec. Para el especialista Alberto Híjar, quien evalúa su historia e incluso su vigencia, la muestra abre a la reflexión una trayectoria inconmensurable, equiparable incluso al muralismo. Se ofrecen 58 reproducciones, mientras que en noviembre se abrirá en el Museo de la Revolución otra que contendrá piezas originales.
El Taller de la Gráfica Popular (TGP) cumple 80 años de existencia con una muestra que no celebra sólo sus días de gloria:
Abre una reflexión sobre su trayectoria, sus orígenes durante el ascenso del nazismo y el fascismo, el inicio de su crisis con la desbandada de sus artistas más reconocidos, su resurgimiento durante el movimiento estudiantil de 1968, y sus años recientes en los cuales sobrevive por la persistencia de un grupo de creadores.
Resume así la exhibición –montada en la Galería Abierta de las Rejas del Bosque de Chapultepec– su curador el historiador Alberto Híjar. Presenta un conjunto de 58 reproducciones en gran formato de artistas como Raúl Anguiano, Luis Arenal, Alberto Beltrán, Ángel Bracho, Arturo García Bustos, Leopoldo Méndez, Adolfo Mexiac, José Chávez Morado, Isidoro Ocampo y Fanny Rabel, entre otros.
Los temas de sus obras, aun de los primeros años, no parecen distantes en el tiempo cuando se ve a los obreros que construyen una megatorre, en la esquina de Paseo de la Reforma y Melchor Ocampo, reunirse en grupos para almorzar bajo los rayos del sol en las jardineras, y luego se observa el grabado Almuerzo obrero, de Pablo O’Higgins.
Sorprende también por su vigencia México se transforma en una gran ciudad, de Alfredo Zalce, que registra el crecimiento de la urbe con los rascacielos elevándose por doquier y al frente se ven pepenadores hurgando en la basura, la miseria extrema, el raquitismo de la población desprotegida.
El artista michoacano la realizó en 1947, cuando nadie imaginaba en lo que se convertiría Paseo de la Reforma. Comenta Híjar al respecto:
“¡Claro! Ese realismo crítico tiene también ese sentido de actualidad. Como la Miss México, de Alberto Beltrán, una flaca retorcida danzándole a calaveras con las marcas transnacionales que nos invaden; o las proclamas por los presos políticos en español e inglés de nuestra maravillosa compañera Rini Templeton, quien pasó por el TGP.”
Híjar recuerda –en el contexto de la crisis causada por el nazismo y el fascismo, la amenaza al primer socialismo de la historia en la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), la guerra cristera en México con el “desorejamiento de los maestros” y las dictaduras en América Latina– el nacimiento de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR):
“Un gran ejemplo de respuesta al llamado de la Internacional Comunista para formar un frente amplio con todas las ‘gentes de buena voluntad’ –decían ellos– que quieran la paz y enfrenten al nazismo y al fascismo”.
De la LEAR se desprendió el TGP, al cual considera también ejemplo histórico de un taller, con una organización colectiva y propósitos claros y concretos, expuestos en su declaración de principios. El documento se incluye en la muestra, tomado del Libro negro, de Hannes Meyer, segundo director de la Bauhaus, perseguido en Europa, arraigado en México, quien funda la editorial Estampa Mexicana y destaca “la dimensión internacionalista y solidaria del Taller que todos los viernes por la tarde se reunía en sesiones para reflexionar con disciplina, crítica y autocrítica”.
Se realizaron obras tan importantes como el “célebre cartel de la marcha en apoyo de los familiares de los huelguistas de Nueva Rosita y Cloete (Coahuila), que atravesaron el país para que la residencia de Los Pinos les diera con la puerta en las narices. Fue dibujado por Mexiac con Jesús Escobedo de modelo y grabado en una noche por Leopoldo Méndez, con una impresión de 5 mil ejemplares para beneficio de la movilización”.
Realismo crítico
Híjar cuenta que el gobierno de Lázaro Cárdenas facilitaba las movilizaciones, y había entonces un movimiento obrero poderoso y uno campesino, así como la discusión de intelectuales y artistas de alto nivel técnico y político que fue desapareciendo pues su sucesor no fue Francisco J. Múgica, sino “el presidente caballero y católico Manuel Ávila Camacho”, por lo cual el Partido Comunista no halla qué hacer y la alternativa es Vicente Lombardo Toledano y el Partido Popular.
En ese momento, el TGP se divide y sale “la plana mayor” con Leopoldo Méndez, Mexiac, Zalce… Hay una crisis hasta llegar a la actualidad, donde un grupo de unos quince grabadores “no logra levantar ni la producción gráfica, ni la reflexión política”, lamenta el historiador.
–Desde el punto de vista estético y por sus aportaciones a la lucha social, ¿el TGP tuvo tanta importancia como el muralismo?
–¡Sí, claro! Construye un realismo crítico en nada semejante al realismo socialista soviético.
Evoca que en 1940 fue a la URSS una exposición del TGP y no les gustó a los académicos soviéticos porque no idealizaba a los obreros y campesinos “con cuerpos atléticos y actitudes teatrales épicas y triunfales”, sino que es un realismo crítico:
“Y no sólo está asociado al muralismo sino a un movimiento que alcanza al cine, hay no menos de seis películas del Indio Fernández y Gabriel Figueroa, con grabados de Leopoldo Méndez, como Pueblerina o Un día de vida; alcanza a la música con esa enorme figura de Silvestre Revueltas; por supuesto a los escritores solidarios, desde Pablo Neruda, quien a raíz de la edición masiva de su poema Que despierte el leñador, con ilustraciones de Alberto Beltrán, decidió escribir Canto general, cuya primera edición se hizo y se presentó en México.”
Enlista también al poeta Juan de la Cabada como una presencia fundamental en el TGP con su libro Incidentes melódicos del mundo irracional, con ilustraciones de Leopoldo Méndez:
“De modo que no es sólo el muralismo sino es todo un movimiento ejemplar para la construcción de un realismo crítico, reflexivo, con discusión política de fondo. Ésa es la importancia de lo que ocurría hace 80 años y habría que preguntarse por qué ahora no ocurre igual a pesar de que hay –por fortuna– decenas de talleres gráficos especialmente ahí donde ha habido conflicto, como en Oaxaca”.
–¿Y por qué en las exposiciones internacionales organizadas por las instituciones oficiales se destaca más la trayectoria de los muralistas, sobre todo de los tres llamados grandes, y no la gráfica?
–Porque se le reduce a un humanismo vacuo, se le quita todo el filo crítico y queda como una pura exaltación más o menos nacionalista que no contradice las políticas de Estado. Como éste, que está empeñado en asociar las artes y el patrimonio nacional con el turismo, los tratados de libre comercio y los convenios que firma la presidencia con los países de grandes consorcios, que se apropian del territorio que ya no es nacional y van destruyendo la nación.
“Eso hace que las exposiciones faraónicas que se organizan aquí y fuera procuren restarle toda la crítica, y por supuesto lo político a epopeyas estéticas como las del TGP originario. Y por supuesto evitar toda discusión de por qué decayó después de los sesenta y por qué la emergencia del 68 implicó una especie de adopción de transformación de toda esta tradición crítica y reflexiva.”
En cambio, se puede observar esa crítica en la “esplendida exposición del grupo Mira nada menos que en el Museo Amparo de Puebla: mejor los museos privados se ocupan de estas exposiciones que las instituciones oficiales”.
Indignación vigente
En la cédula de presentación, el curador destaca obras como Madre contra la guerra, de Andrea Gómez; Tú que has hecho, de García Bustos; así como el famoso Homenaje a José Guadalupe Posada, de Méndez, en el cual se ve al famoso grabador que mira a través de la ventana una represión, plasmada en un grabado, mientras Ricardo Flores Magón espera la placa para su impresión en el periódico anarquista Regeneración, aunque “en realidad no se conocieron, pero el Taller de Gráfica Popular los relaciona por su crítica histórica y social”.
Pone también en relieve el grabado Libertad de expresión, de Adolfo Mexiac, que cuenta con una breve explicación, por tratarse de “una de las obras más reproducidas de toda la historia”. Considera que es plenamente vigente y menciona que hace unas semanas, en una movilización en la ciudad de Los Ángeles por la libertad de expresión y en contra de asesinatos de periodistas, un muro entero fue llenado con la imagen.
En otra manifestación, también en aquella ciudad estadunidense, los participantes llevaban como única pancarta la reproducción de la obra de Mexiac. Híjar cuenta su historia:
La hizo en 1954 “para protestar por el golpe de Estado en Guatemala (contra Jacobo Árbenz) desde la base militar yanqui de Panamá, con la complicidad de un capitán traidor del ejército guatemalteco que se llamaba Carlos Castillo Armas, que después sería asesinado. Y para protestar también por la cacería de brujas desatada a raíz de que Arturo García Bustos cubrió con la bandera roja de la hoz y el martillo, el féretro de Frida Kahlo (en el Palacio de Bellas Artes), lo cual desató una cacería de comunistas, y al primero que corrieron fue al pobre director del INBA que no tenía nada qué ver, era un respetable profesor de universidades gringas que se llamaba Andrés Iduarte”.
Alberto Híjar anticipa que esta exposición en las Rejas de Chapultepec es una muestra de la que el próximo mes de noviembre se abrirá en el Museo de la Revolución –ubicado en la parte baja del Monumento a la Revolución, en el Centro Histórico–, con el patrocinio de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México. A diferencia de ésta en Paseo de la Reforma, con reproducciones de gran formato en soportes aptos para la intemperie, la del museo tendrá originales.
Se incluirá, por ejemplo, un libro italiano de gran formato, llamado Il linguaggio della grafica política (El lenguaje de la gráfica política) en donde se compilan grabados emblemáticos de siglos pasados. Y señala el historiador:
“Y para significar al siglo XX, se elige el grabado de Mexiac, que aparece como grabado anónimo. Este es un homenaje para superar la exaltación del individualismo de los creadores egregios, y todo esto –dice con ironía–, que los llenan de medallas y homenajes. Es gran homenaje que una obra se convierta en anónima por los usos populares que tiene todo el tiempo.”
Es muy común ver reproducciones del emblemático grabado con el logo de México 68, creado por el equipo encabezado por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez para la Olimpiada realizada en nuestro país ese año, desprendido de su título original.
–¿Trascendió a su autor?
–Así es –puntualiza Híjar.








