la as escuelas normales rurales son un legado del general Lázaro Cárdenas para el pueblo mexicano, sobre todo para los campesinos que lucharon durante la Revolución.
Cárdenas, con su visión política revolucionaria y queriendo saldar una deuda histórica, política, social y moral con los trabajadores y campesinos, y dentro de su política educativa con enfoque socialista, fundó el Instituto Politécnico Nacional y las Escuelas Normales Rurales para los hijos de los campesinos.
Estas escuelas normales fueron creadas con dos propósitos fundamentales: para que los hijos de los campesinos tuvieran una opción real de estudiar una carrera profesional que les abriera la puerta a la movilidad social; y para que los egresados de las mismas, ya formados como maestros, fueran a las comunidades rurales y colonias marginales de las ciudades, a enseñar a leer y escribir a niños y adultos para atacar de frente al exasperante rezago educativo de nuestro país.
Pero ahora los gobernantes priistas y panistas quieren borrar de un plumazo el último reducto que queda de la obra patriótica del general Cárdenas, las normales rurales, que de suyo han constituido el semillero de maestros que han pasado a formar parte del ejército de educadores de México.
Teniendo como telón de fondo este marco histórico, la generación 1965-1971 de egresados de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, de Ayotzinapa, reunidos los pasados 21, 22 y 23 de julio en Acapulco, acordamos:
Exigir enérgicamente al gobierno de Enrique Peña Nieto y a los gobiernos estatales y municipales que cesen de inmediato la represión, el hostigamiento, la persecución y acoso a las normales rurales del país, particularmente a las de Cañada Honda, Aguascalientes; Tiripetío, Michoacán; Panotla, Tlaxcala; Amilcingo, Morelos; y Ayotzinapa, Guerrero, que han sido reprimidas brutalmente por las policías de los diferentes niveles de gobierno, por el único delito de defender la matrícula de inscripción de sus instituciones.
El hecho de querer cerrar las normales rurales es una muestra más del desprecio que siente la clase política –especialmente del PRI y del PAN– por los campesinos, a quienes sólo buscan cuando quieren su voto en tiempos electorales. El gobierno debe entender que la educación no se mejora cerrando escuelas sino abriendo nuevas y mejorando las que ya existen.
De igual manera exigimos a los gobiernos de Enrique Peña Nieto y de Héctor Astudillo Flores, gobernador de Guerrero, la presentación inmediata de los 43 normalistas desaparecidos en Iguala el 27 de septiembre de 2014. Asimismo conminamos al gobierno federal a que, en un ejercicio de sensibilidad y empatía, resuelva cuanto antes este monstruoso problema que no sólo ha consternado a los padres de los muchachos desaparecidos sino a la sociedad mexicana y al mundo entero.
Atentamente,
Profesor Martín Suárez Ramos, responsable de la publicación, y 26 firmas adicionales








