En la televisión pública hay varias pautas repetidas de un canal a otro, parecen seguir las modas o bien los imperativos de la política del momento. Una de éstas atañe a las mujeres. Ante un panorama adverso para el género: feminicidios y recrudecimiento en publicidad de una imagen de objeto sexual, se están realizando programas de dos tipos:
Por un lado, aquellos de denuncia de abuso por parte de la pareja: Historias de mujeres, y por otro la exaltación de algunos personajes emblemáticos del arte como Rosario Castellanos, Tina Modotti, Elena Garro, cuya vida es analizada a la luz de las condiciones de su momento. La obra de estas intelectuales resulta así mucho más meritoria que la de creadores masculinos exentos de enfrentar los obstáculos machistas de la sociedad.
Se difunde en Canal 22 la serie Voz de mujer, en la misma línea de sacar a la luz el trabajo, la personalidad, los logros de nuestras contemporáneas. Mediante treinta minutos de entrevista a una mujer de reconocida trayectoria: entre otras Carmen Boullosa en las letras, Marta Romo en la radio, se nos revela el camino recorrido y las decisiones tomadas para ser lo que son. Sin complacencias se describen a sí mismas como trabajadoras de la cultura, mencionan los apoyos recibidos, las cargas de doble y triple jornada, las confusiones y dudas de los primeros tiempos. La conversación se desarrolla en su casa, con fluidez. Casi no se notan los cortes de la edición.
El contenido, las anécdotas, relatos, la voz de la entrevistada son la parte fundamental que sostiene cada capítulo. No se ornamenta de más, las tomas excepcionalmente se alejan de las protagonistas en conversatorio, sólo para agregar alguna nota de color del ambiente en el cual se desenvuelven.
Sin embargo, algo falta. Es adecuado darle paridad a la parte femenina en los medios, pero los productores se han centrado en descubrir el mundo de las mujeres comunes de diversos ámbitos o en aquellas dedicadas a la creación cultural. Ausentes de la pantalla las científicas, investigadoras del área de las humanidades y de las ciencias sociales. Existen, laboran en universidades, institutos, empresas, laboratorios. Su trabajo está escondido, es casi invisible. Quizá con un perfil distinto, pero también se encuentran sujetas a los obstáculos planteados por una colectividad llena de desigualdades, de exigencias de resultados probados en números.
En ese mismo tenor, los programas sobre ciencias sociales son casi inexistentes. Se divulga la ciencia dura, un poco los descubrimientos antropológicos, se habla de condiciones de la economía, de urbanismo, de política, de historia. Reflexiones críticas sobre el modelo de sociedad, de comunicación que vivimos, elaboradas por mujeres, están ausentes de la televisión.








