¿Un musical sobre un personaje histórico femenino y mexicano? ¡Qué atrevimiento! Y más si es sobre Josefa Ortiz de Domínguez, personaje femenino tan inexplorado.
El queretano José Dolores González es el autor y productor de Josefa. El musical de México que viene hacerle un poco de justicia a este personaje y que estrena, con bombo y platillo en el Teatro Hidalgo, Ignacio Retes. Es una propuesta arriesgada y atractiva en un México colonizado por las grandes producciones norteamericanas en el ámbito de teatro musical, donde estamos acostumbrados a ver remakes de Broadway y ocasionalmente una que otra propuesta nacional, como aguja en un pajar.
En medio de esta avalancha de consumir lo ajeno y dejar de producir lo propio, toca a Josefa. El musical de México revitalizar el género y hacerlo de una manera novedosa. La obra habla del acto libertario de independizarse de la Corona española y ella misma representa un acto que va a contracorriente de la tendencia extranjerizante de la política mexicana y del mundo del espectáculo. Porque José Dolores habla de la conspiración encabezada por doña Josefa planeando el levantamiento insurgente y el proceso de lucha hasta 1829. No son clases de historia, ni el lugar común de la historia que se conoce. La obra es, y con éxito, un espectáculo lleno de música, baile, historia, humor y contenido, donde a través del entretenimiento reflexionamos y somos partícipes de un fragmento de nuestra historia, despertándonos sentimientos ancestrales de lo que significa compartir un pasado, una cultura y toda una idiosincrasia.
En Josefa. El musical de México, dirigida por Edgar Cañas, el autor enfatiza la clandestinidad de la conspiración, la traición de Joaquín Arias, los intereses de la Inquisición y el ímpetu de una Josefa, interpretada con entereza por Jimena Parés, que no se retira frente al peligro sino que lucha a pesar de la persecución que sufre y las diferentes prisiones/conventos en las que la encierran tanto el virrey Venegas como Calleja. Nos cuenta, además, pasajes menos conocidos como cuando organiza la participación de los ciudadanos para la elección de los diputados que asistirían a las Cortes de Cádiz y en la que vencen los criollos por encima de los españoles. Y nos muestra, de una manera divertida, los intentos de corrupción en la elección que desde ese tiempo ya era el modus operandi de los que están en el poder. Tal y como sucedió en Coahuila y en el Estado de México, sin ir más lejos.
El reparto de Josefa. El musical de México está encabezado por actores de la talla de Manuel Landeta como el inquisidor, José Antonio López Tercero, como Hidalgo que desgraciadamente no quiso verse viejo y se convierte en un miscast de su personaje, y Hugo Serrano como Ignacio Allende. Resalta también la música y la letra del autor y de Riccardo Robledo, que es también el director musical. La escenografía de Daniel Ramírez, padre e hijo, es funcional y cumple con los movimientos que requieren para transformarse en distintos espacios. El diseño de iluminación de Óscar Acosta es lo más deficiente de la propuesta, ya que predomina la semioscuridad, se usa en exceso la luz azul, morada y roja y poco la luz cálida con diferentes matices, que permitiría una mejor apreciación del trabajo actoral, de los números musicales coreografiados por Gerry Pérez y el vestuario de Jessa Núñez.
Josefa. El musical de México es una propuesta escénica que amerita ser vista por jóvenes y adultos que quieran divertirse, asistir a una obra con música y baile y que también quieran vibrar con lo que es nuestro; con esa llamada de nuestros antepasados que lucharon por tener un mejor país, más justo e independiente; ejemplo a seguir en estos tiempos de la esclavitud impulsada por tratados como el de libre comercio. Conocer lo propio desde el escenario, dando su verdadero valor a las mujeres que lucharon en pos de la libertad y que fueron borradas de la historia. ¡Qué bien que un musical pueda hablar de estos temas!








