La actriz rememora la batalla que dio entero el medio cinematográfico ante la afrenta que significó abandonar la industria nacional en el Tratado de Libre Comercio. Hizo entonces un simposio histórico, “Los que no somos Hollywood”. Como diputada federal, denunció la injerencia de las majors estadunidenses, y finalmente renunció al Comité Bilateral de México y Estados Unidos. Hoy el gobierno no habla de la cultura en el TLC, dice, y exige al secretario Videgaray que se manifieste.
Tal como lo hizo en 1998 siendo presidenta de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados, cuando retomó el clamor de los partidos políticos y de la comunidad cinematográfica durante el simposio internacional “Los que no somos Hollywood”, la actriz María Rojo insta ahora a los negociadores del gobierno nacional para no seguir poniendo oídos sordos y enfrentar la reformulación del Tratado de Libre Comercio (TLC), con la divisa:
“¡Saquen del Tratado de Libre Comercio al cine mexicano! ¡Saquen del TLC a las industrias culturales de México!”
En la misma casa que habita desde antes de llegar por votación popular a jefa delegacional de Coyoacán, María luce jovial. Dice sonriendo:
“Mi petición hoy es la misma que hace todo mundo que tenga un centímetro de inteligencia, ¡saquen a la cultura de los tratados internacionales! Eso no se vende, es lo que somos los mexicanos, lo que sentimos, pensamos, olemos, lo que comemos. Está acá –señala su frente con las palmas–, en nuestra cabeza, es nuestro patrimonio intangible. La cultura es México.”
En abril de 1998 presentó el anteproyecto de reformas y adiciones a la Ley Federal de Cinematografía de 1992 (Proceso, 1154), que publicó el Diario Oficial el 5 de enero de 1999; no sería sino hasta marzo de 2001 cuando el entonces presidente Vicente Fox lo firmó, recuerda. Un año antes, las gigantescas empresas majors 20th Century Fox, Buena Vista Columbia Tristar Films y United Pictures ganaron un amparo en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), pretextando que el artículo octavo les impedía doblar sus películas. Los filmes estadunidenses, además, crecieron arrasando hasta en casi un 90% del tiempo global de sus proyecciones por salas mexicanas (Proceso, 1274).
Decepcionada, el 18 de marzo de 2000 María Rojo renunció al Comité Bilateral de México y Estados Unidos para el Fomento de la Industria Fílmica (Proceso, 2019). Sin embargo, se siente orgullosa de aquella lucha:
“No sólo luché yo, sino todo el cine mexicano. ¿Cómo es posible que el TLC esté por encima de la Constitución? Te hablo de la parte de tu intuición, de tu creatividad, de tu inteligencia, del hecho de ser mexicano, ¿por qué la vas a vender? Tiene un capítulo aparte, y se reserva, como el presidente francés Mitterrand reservó a la cultura francesa en aquellos años…
“Mira, el cine representa para los Estados Unidos de Norteamérica la cuarta industria generadora de divisas, abajito del armamento (que es su primer interés), la farmacéutica y la aviación. Ya en 1994 era bastante bien conocido que Jack Valenti, quien manejaba la cuestión de todas las productoras grandes como la MGM y demás majors, tenía su oficina en la Casa Blanca.”
Valenti, alias Boom-boom, murió en 2007.
“Tú oyes hablar aquí al canciller Luis Videgaray de todo en el TLC, pero menos de las industrias culturales, cuando la cultura, el arte, la educación y el cine son nuestra identidad. ¡Hay que protegerlas! Oímos hablar a Videgaray –y eso si informan un poco del TLC, porque nunca nos meten a los mexicanos en las discusiones ni en las negociaciones de estos tratados pues cuando los firman, ya nos dieron el palo y punto–, y el señor omite mencionar lo que van a hacer con la cultura en la renegociación del TLC. Si de algo nos enteramos es por artistas que protestan, aunque ya sin tanta fuerza como ayer.” –De aquella lucha a esta parte, ¿qué ha sucedido?
–Todo va peor, fíjate. Fue una lucha muy importante la que dimos para el cine. Jorge Sánchez fue muy solidario, incluso Susana Cato le puso el nombre de ‘Los que no somos Hollywood’ al simposio, porque se trataba de: “¡Oigan, déjenos nuestras pantallas!”, ¿no? Pero entonces en el gobierno nos decían: “Pero si ni existe la industria, México sólo hace películas malas”.
No obstante, la industria del cine mexicano ha crecido y goza de fama:
“Trasciende, se consolida. Ha sido importante para México ganar muy merecidamente Óscares y Palmas de Oro en Cannes, ¡imagínate! ¿En qué otra cosa nos sacamos premios internacionales? Somos una industria donde se hace cine de alta calidad y da trabajo a todos los que les interesa la cultura.”
Pero el avasallamiento de las pantallas por las películas gringas domina nuestras salas “en un ochenta y pico por ciento; luego queda un tantitito para el cine latinoamericano y del Caribe, más otro tantitito para el cine hindú, y más tantitito al resto de los países europeos. A los mexicanos, por lo tanto, nos toca también nuestro tantitito, ¡sólo tantito es la palabra exacta!”.
De muestra basta un botón, añade exultante:
“Yo tengo una película que hizo nada menos que Pepe Buil, y produjo Maryse Sistach, Los crímenes del Mar del Norte, acerca de los asesinatos de Goyo Cárdenas, en Tacuba (Proceso, 18/3/2017). No te miento, apenas estrenó, ¡cuando hace tres años que la filmé! Y mientras tanto, pagas impuestos… En Estados Unidos las leyes son muy padres: Haces una película, ganas lana, y todavía te dan más dinero prestado pa’ que hagas otra peliculota. Pero, ¿quiénes las consumimos como si fueran refrescos? ¡Pues nosotros, los mexicanos! Ellos se llevan una millonada y nosotros pagamos, ¡todo por no proteger nuestro cine, que es parte de nuestra vidita, de nuestro cómo somos!”
A la pregunta de si hay un secreto para María Rojo de lucir ágil y en forma, responde con aspaviento indolente: “Hago dos funciones diarias”.
–¿Por último, ¿piensa regresar a la política?
–Yo renuncié al PRD y no admití la plurinominal que me ofrecieron, porque sabía a final de cuentas que para el 2018 iba a estar con Andrés Manuel López Obrador, simple y sencillamente porque quiero a mi país.
“Si verdaderamente amas a México, no hay de otra. Yo me esperaría al 2018, pues tengo la seguridad de que los mexicanos ya lo visualizaron: saben que Andrés Manuel va a ganar. Mientras Morena más tarde en ensuciarse, su frescura de partido joven en el poder será una opción muy favorable y positiva para este México al borde de la barbarie. Si no es que ya casi tocamos fondo.”








