Al término de la feroz dictadura militar en Argentina comenzaron a salir a la luz las historias de los muertos, desaparecidos, bebés nacidos en la cárcel que luego fueron dados en adopción a familias de militares. Una historia similar a la de Chile. Los perseguidos que volvieron del exilio se dieron a la tarea de reconstruir ese pasado, buscar a familiares y desentrañar los misterios. Mientras tanto las madres de la Plaza de Mayo eran la cara visible de una resistencia permanente. A ellas está dedicada la serie Volver a nacer.
La zaga de 13 episodios se produjo en 2012 por Atuel Producciones S.R.L y Astro Films, por encargo de la televisión pública de Argentina que la difundió en aquel país. Hoy Canal 22 la programa en horario nocturno.
Dos hermanas gemelas son separadas al nacer y dadas en adopción a familias distintas. Una de éstas es la de un militar que se recicla en empresario, antiguo funcionario del régimen dictatorial, y cuya debilidad es justamente esa hija. Para que ella no sepa la verdad lleva a cabo, a manos de sicarios, robo de documentos, secuestros e incluso asesinatos. Las primeras víctimas son los defensores de derechos humanos y los periodistas, cuyas indagatorias llevarán a develar lo oculto.
La otra chica vive con su madre y sabe que es adoptada, pero no le interesa enterarse de si es hija de desaparecidos; “así estoy bien”, responde a quienes la orillan a rebuscar en sus orígenes. La verdad resulta, en estos casos, demasiado dolorosa.
La serie fue producida en tiempos de Cristina Kirchner, quien impulsó a los medios públicos para hacer contrapeso a los privados, mismos que actualmente prevalecen pues el siguiente gobierno ha hecho todo lo posible por destruir lo que se construyó en el pasado, empezando por las leyes que democratizaron el reparto de las frecuencias, y siguiendo con las televisoras públicas. Ni el excelente canal para niños se salvó de la debacle.
Volver a vivir cursa una anécdota, elabora personajes pero no se desentiende del contexto; por el contrario, trata de resaltarlo, pues es éste el que da sentido al relato de las vidas de las protagonistas. Grabado con técnica de cine, cada episodio incorpora locaciones nuevas, las acciones se producen en exteriores con lo cual el agobio de las cuatro paredes se evapora.
El drama está presente, no es posible deshacer o desandar el pasado, cambiar la historia, darle la vuelta ni borrarla. Ni los protagonistas podrán olvidar lo que se les ha revelado. La actuación es sobria, carece de llantos histéricos, de gritos desaforados. Las atrocidades cometidas, la tortura, son apenas sugeridas en el trasfondo, se evitan las escenas amarillistas. El estilo y el contenido la vuelven interesante.








