Alfaro se interesa más por el futbol

Los ocho centros culturales se Guadalajara apenas sobreviven. Sus instalaciones son precarias, lo mismo que su presupuesto. Sin embargo, Enrique Alfaro Ramírez no se inmuta ante los reclamos ciudadanos. Eso sí, a finales de marzo, cuando acudió a la Colonia Santa Cecilia, el alcalde anunció una inversión de 765 mil pesos para la rehabilitación de gradería y malla ciclónica de la cancha de futbol.

La cultura no está entre las prioridades del alcalde tapatío Enrique Alfaro Ramírez. Aun cuando cuenta con ocho centros que deben atender al millón y medio de los habitantes de las 453 colonias de la comuna, la mayoría están descuidados y su oferta es poco atractiva.

Casa Colomos y los centros San Andrés, San Diego, Atlas, Hacienda de Oblatos, Luis Páez Brotchíe, Santa Cecilia y La Ferro manejan un presupuesto precario.

Al igual que en 2016, este año el área de Centros Culturales recibió sólo 1 millón 332 mil 272 pesos para la impartición de talleres de teatro, pintura, escultura, música, teatro para niños, dibujo artístico, danza, baile folclórico, entre otros, y eventos especiales –días festivos y presentación de obras o invitados–, la mayoría de los cuales son gratuitos, según la Secretaría Municipal de Cultura.

Cada centro recibe el dinero según los proyectos que presente. El Centro Cultural de Santa Cecilia, ubicado en el oriente de la ciudad, manejará 300 mil pesos, mientras que Casa Colomos sólo 86 mil. El problema es que casi nadie los conoce, según el sondeo realizado por el reportero entre los vecinos aledaños a las zonas donde estos se ubican.

Adarel Armendáriz Vallarta, quien coordina los centros culturales tapatíos desde 2013, habla con el reportero de las carencias con las que trabaja, por lo que, dice, se da prioridad a los proyectos más urgentes y los más atractivos para el público.

En algunos “cuesta trabajo que la comunidad participe”, sobre todo en los centros de las zonas marginadas. “En los de Oblatos y Santa Cecilia –dice– funciona bien la parte de niños y de mujeres, pero en la de los hombres hay poca participación; a ello debe sumarse la existencia de pandillas, un fenómeno que nos rebasa”.

Comenta que con el emecista Alfaro Ramírez se ha privilegiado el desarrollo de actividades, como el Festival Cultural Permanente Sucede y los talleres de honorarios, aunque admite que se ha descuidado el mantenimiento de los centros culturales.

Contrario a lo que sucede en Guadalajara, otros municipios con menos población manejan recursos similares para el rubro cultura, según la información obtenida vía solicitud de transparencia (folio 01344317).

El Salto, por ejemplo, recibió 1 millón 930 mil pesos en 2016; este año el monto se elevó a 2 millones 30 mil; Zapopan obtuvo poco más de medio millón el año pasado para sus siete centros culturales, que reivindicó este 2017; Mascota, cuya población es de 104 mil habitantes, consiguió 1 millón 150 mil pesos para gestión de la casa cultural municipal en 2016, ahora obtuvo 48 mil pesos menos.

En otros municipios, como Talpa de Allende, las autoridades respondieron a la solicitud que no tiene una partida destinada a los centros culturales. En Tlaquepaque y Tlajomulco, los ayuntamientos engloban el presupuesto de las áreas del Instituto de Cultura, Recreación y Deporte y de la Coordinación de Construcción de Comunidad, respectivamente.

También hay localidades pequeñas, como Mixtlán, enclavado en la sierra occidental de Jalisco, que carece de un centro cultural y espacios dedicados al esparcimiento.

En Lagos de Moreno, las autoridades locales luchan por incrementar su oferta cultural, pues apenas el año pasado fue inaugurado el Centro Manuel González Serrano. Este año se le asignaron 250 mil pesos para comenzar sus actividades.

Instalaciones descuidadas

En la partida presupuestal destinada a los centros culturales tapatíos, no hay cantidad etiquetada para dar mantenimiento a las instalaciones.

Hace seis meses, cuando Hugo Torres Nieto llegó al Centro cultural Luis Páez Brotchíe –cuya construcción es de mil metros cuadrados y se localiza en la colonia Independencia, a espaldas del Centro Médico– las instalaciones literalmente se estaban cayendo. El lugar estaba inmerso en la maleza, dice.

Las fisuras en los techos eran notorias; las vigas estaban podridas, los baños inservibles, lo mismo que el mobiliario –sillas, sillones, anaqueles y el sistema de iluminación que data de los años 70, cuando se fundó el centro–; una bodega incluso estaba infestada de ratas.

Torres Nieto acudió al ayuntamiento para solicitar recursos para la remodelación de las instalaciones, que finalmente aceptó librar una partida. Confía en que durante Semana Santa los avances de las obras sean de 60%. Reconoce el apoyo solidario de los jóvenes inscritos al centro (más de un centenar), algunos de los cuales son estudiantes de la prepa 11 y del Centro Universitario de Ciencias de la Salud.

En el Centro Cultural Atlas, fundado en 1962, lo que lo convierte en el más antiguo de todos, el abandono es evidente. En una visita a sus instalaciones de Río Mascota y Río Ameca, en la zona Olímpica, se observa que la pintura de las paredes se cae a pedazos y la humedad en los baños, que despiden olores desagradables y prácticamente son inoperantes, es notoria; la cancha de futbol ha sido vandalizada.

Gahadiel Andrade Torres, coordinador del Centro Cultural Creativo La Ferro, comenta a Proceso Jalisco que ante la falta de material, en ocasiones los talleristas intercambian sus herramientas para optimizar los recursos, lo mismo que sus familias, sobre todo cuando hay convivios.

Cuenta que, aun cuando en La Ferro no confían mucho en la iniciativa privada, agradece al Colectivo Ecologista Jalisco la donación de nueve guitarras para el taller de música.

Al igual que La Ferro, los centros de Oblatos y Santa Cecilia están en zonas consideradas de “alto riesgo” por la gran presencia de pandillas, drogadicción y donde los problemas intrafamiliares son frecuentes.

En Santa Cecilia, algunos grupos se han aislado a causa de los conflictos territoriales, pues las bandas no permiten la entrada de la gente de los barrios aledaños a la zona en que se ubica el centro cultural, inaugurado en 2011 por Aristóteles Sandoval cuando estaba al frente del ayuntamiento tapatío.

En esa ocasión, Sandoval declaró a los medios de comunicación: “Este espacio que estaba en el pleno olvido y abandono se ha convertido en una zona donde nuestros hijos saldrán a divertirse, a recrearse, a formarse. A partir de hoy este lugar tiene el centro cultural más importante de Guadalajara”.

El 5 de octubre de 2015, El Informador publicó una nota sobre el poder de las pandillas de la colonia donde se ubica el centro:

“A falta de atención de las autoridades, el espacio ha sido tomado de vuelta por los pandilleros al grado que a las 10 de la noche ya la gente no lo cruza”, contó Esther Zepeda, una de las vecinas frente al espacio público.

El pasado 28 de marzo, el alcalde Alfaro Ramírez se interesó más por el campo de futbol que por el centro cultural. Ese día anunció ante los vecinos una inversión de 765 mil pesos para la rehabilitación de gradería y malla ciclónica, incluso se cambió el pasto y se pintaron las bancas de la cancha.

El alcalde se comprometió también a dar mantenimiento y seguridad al entorno donde se encuentra el campo de futbol.

Según la coordinadora de los centros culturales tapatíos, las autoridades tomaron ya el control del centro cultural y la participación ciudadana ha mejorado.

Hoy, dice, el Santa Cecilia cuenta con un proyecto de radio comunitaria que puede ser escuchado en línea en el sitio www.santaceciliaradio.com.mx de las 10:00 a las 24:00 horas de lunes a domingo. La programación incluye información especializada en teatro, música –sobre todo jazz y pop–, así como noticias de la comunidad.

Los centros de San Andrés y San Diego han encontrado mayor participación de la sociedad. El primero, por estar ubicado en un barrio donde la comunidad está muy organizada en temas sociales (seguridad, cooperación ciudadana y festividades religiosas, entre otros); el segundo, porque es utilizado con frecuencia por el ayuntamiento para sus actividades.